Autor/a extranjero/a·Narrativa

"El sentido de un final", de Julian Barnes

El sentido de un final (Anagrama, 2014), de Julian Barnes y traducido por Jaime Zulaika.

En las fiestas navideñas de 2019, mi madre cogió la costumbre de poner una lista de canciones aleatorias de Spotify en unos altavoces que le había traído Papá Noel. En ella había una canción recurrente que escuchaba contra mi voluntad mientras leía este libro. Tanto fue así, que cada vez que recuerdo este libro me acuerdo de esa canción, y viceversa.

Se trata de No renunciaré, de Lolita Flores. Su letra no tiene nada que ver con la historia de este libro, pero de algún modo se han unido en mi mente y ya son inseparables. El ritmo lastimero de la canción y la voz casi rota de Lolita se mezclan con ese tono cuasi-lastimero de Barnes en esta novela y con la ruptura de relaciones, creencias y recuerdos que en ella se nos presentan.

Premio Man Booker, El sentido de un final es un libro, en resumen, precioso. Con esta línea podría terminar mi reseña, pero querría profundizar más. Este libro ha sido muy leído y aclamado por la crítica. Tuve dudas a la hora de comprarlo, porque lo que leía en su contraportada no me atraía. Sin embargo, me decidí y me propuse leerlo pronto. Ahora puedo afirmar que las contraportadas muchas veces son contraproducentes, engañosas, timadoras. Y que este libro tan triste ha encendido una luz dentro de mí. Así, tal cual.

Esta novela está protagonizada por Tony, un hombre retirado de la vida, divorciado y que lleva una vida tranquila. Un día, sin embargo, recibe una carta. En ella, una herencia de 500 libras —una cantidad más bien simbólica— y un manuscrito que la madre de su primera novia, Veronica, le lega. Ese manuscrito es, en realidad, los diarios de Adrian, un compañero de colegio de Tony que se suicidó años atrás. En este círculo espeso de personajes y relaciones, cabe aclarar que Tony y Verónica fueron novios en la juventud, y cuando cortaron Veronica sustituyó a Tony por Adrian.

Tony siempre guardó cierto resquemor a Veronica por haber salido con Adrian, ese chico tan listo, atento y, por desgracia, sensible que se quiso marchar de repente. Pero realmente es Veronica la que demuestra más rencor hacia Tony, por su comportamiento en el pasado para con ella y por su ineptitud para comprender las situaciones de mayor delicadeza, siempre según ella.

La narración de la novela se sucede tranquila, amena, sosegada, ordenada, relatada de manera parsimoniosa. Dividida en dos partes, la primera narra la juventud de Tony, el momento en que conoció a Adrian y a Veronica, cuando salió con ella, cuando lo dejaron. Y en la segunda, Tony ya es un hombre mayor que recibe esa carta misteriosa y que se ve obligado a verse con Veronica para hablar sobre ese diario que su madre le ha dejado, pero que Veronica se niega a darle.

En esos encuentros hablarán sobre Adrian, sobre la culpabilidad, la responsabilidad, la evolución de sus vidas, lo que pasó, lo que pudo haber pasado, y lo que está pasando. Parece no pasar nada, pero la narración es dinámica y muy cercana al lector, lo inmiscuye en los temas de Tony y en su psicología, lo hace suyo con gran agilidad narrativa. La madre de Veronica fue la única de su familia, incluida la propia Veronica, que mostró un poco de deferencia hacia Tony cuando estaba saliendo con su hija, frente a la frivolidad con que lo trataba Veronica y la condescendencia de su hermano y su padre para con Tony —y este dato lo incluyo porque quiero resaltar el buen hacer de la madre y la mala conducta del resto de la familia con él—.

El amor juvenil se mezclará con la Inglaterra de los años 60. Qué es verdad en nuestra historia y qué no. Cómo podemos asegurarlo nosotros sin engañar a los demás, sin engañarnos a nosotros mismos. Y los que vivieron nuestra vida se irán yendo, y no quedarán testigos. Como Adrian, que se fue por su propia voluntad antes de lo debido. O Veronica que, aunque sigue viva quiere permanecer alejada de él. Qué es todo esto a lo que llamamos mundo y qué queda de él y de nosotros un día.

Como única tara de la historia, creo que Barnes se olvida de que el protagonista debería ir a por el diario de Adrian, debería centrarse en ello, más que en mantener conversaciones ineficaces con la propia Veronica en pro de recordar acontecimientos pasados. Lucha con ella verbalmente, aunque en realidad se mantiene al margen y se deja golpear por ella, nunca dispuesto a responder, a defenderse, a mantener su dignidad.

Hace poco tiempo, Barnes publicó una novela llamada La única historia, también esperada y posteriormente aclamada que ya espera en mi mesita de próximas lecturas a ser devorada, aunque tendrá que esperar le turno de aquellos volúmenes que le preceden. Espero tener la misma buena experiencia con ella que con El sentido de un final.

El final de la novela es una avalancha de emociones, es una de las conclusiones literarias más demoledoras que he leído, no por ser un final brusco o caer con peso sobre la historia, sino por la sutileza con que Barnes maneja las últimas líneas para que lleguen al lector. Podría afirmar que, al menos para mí, el final compensa el resto de la novela, en la que echo de menos por momentos brillantez. Creo que Barnes podía haberlo hecho mejor y convertir esta novela en algo más grande de lo que ya es. Aun así, cinco estrellas a este libro sublime y a esta historia tan emotiva y conmovedora.

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