La mujer desnuda (Editorial Trampa, 2020), de Armonía Somers.
El día de su treinta cumpleaños, Rebeca Linke, protagonista de La mujer desnuda (Editorial Trampa, 2020), se arranca la cabeza, se la vuelve a poner y se interna en el bosque. En su viaje sin rumbo se encuentra con hombres, pueblos, violencia y deseo. Esta novela de Armonía Somers (1914-1994) se publicó originalmente en 1950 y es un delirio fantástico, feminista y filosófico. Cuando se publicó, muchos la juzgaron obscena, y es cierto que incluye escenas de sexualidad, pero que ensalzan la libertad y están orientadas a la crítica social.
Cuando Linke se corta la cabeza, dice que atraviesa arterias, venas, huesos, sangre… todo menos dolor, «que ya no existía». Luego recapacita y decide volver a ponérsela y dice que es difícil volver a mirar el mundo con los ojos en la cabeza, porque van unidos a los prejuicios, a las costumbres, a lo preestablecido.
El narrador también participa del delirio de la protagonista. Y claro, ante tanta extrañeza, el lector se pregunta cómo era la vida de ella antes de llegar a arrancarse la cabeza. En una escena, se dice que dejó «su vida personal atrás, sobre una rara frontera sin memoria». Quizás Linke huyera de su vida anterior y de alguna manera estuviera buscando sus orígenes limpios, sin estereotipos; la especie humana y la naturaleza en comunión con ella. Para Linke, cada ser humano cuenta con una trilogía que lo esclaviza: el nombre, la procedencia y las explicaciones.
En su transitar, Linke llega a una casa donde se encuentra a un hombre que la llama Antonia; ella dice llamarse Eva. El hombre se niega a llamarla así, porque asegura que una mujer no puede tener un nombre que cambiándole una letra se convierta en masculino. Este primer encuentro parece reconstruir el mito de Adán y Eva: son un hombre y una mujer, la mujer va desnuda y dice llamarse Eva, se menciona a una serpiente y al final yacen juntos.
Linke no cesa de llamar a un hombre, Nataniel, e intenta reconducirlo hacia la cordura de su cabeza, buscando respuestas y enfrentándose a los juicios del resto de la humanidad, que sigue anclada a ellos. Luego, llega a un poblado, cuyos habitantes hablan de la mujer desnuda. Entonces, la narración se introduce por la rutina de esos pueblerinos. Su aparición allí provoca que esa noche los hombres del poblado se transformen. La mujer seduce, exenta de cualquier prohibición o cohibición, y arrasa con la de los demás.
El cura del poblado interpreta su aparición como la reconstrucción del mito de Adán y Eva, que yo ya anticipé en el primer encuentro. De hecho, buena parte de la novela transcurre durante la arenga del cura. En este lugar, se desarrollan escenas de violencia por parte de los hombres, de voracidad sexual e incluso una historia de lesbianismo, algo lejana y donde Linke no está implicada, todo hay que decirlo. La desnudez de la protagonista provoca que los demás se fijen en ella, que cometan pecado, pero también que se planteen la suya propia. Como dice el personaje de Miguelito en la obra de teatro Ya no es como antes, de la compañía de Manolo Supertramp, «que tú seas diferente hace que la gente se cuestione, y eso no les gusta». Los habitantes del poblado se cuestionan aquello que ven diferente y se preguntan si ellos podrían ser iguales.
Entonces, la mujer desnuda se encuentra con un hombre llamado Juan y establece una conversación con él. Ella representa la libertad y la desinhibición, mientras que él la cohibición. Ella es un símbolo de libertad que se encuentra con la condena y la crítica de la sociedad, que intenta acabar con ella. No solo buscan criticarla, sino desterrarla, liquidarla.
Al principio de la novela, Linke parece un ente fantástico e insensible, pero al final se muestra muy humana. Además, nos hace preguntarnos: cuando amamos a alguien y no es correspondido, ¿dónde ponemos ese amor? Porque si se queda dentro de nosotros se pudre, amenaza con intoxicarnos. ¿Qué hacemos con él? ¿A quién lo entregamos? ¿Cómo? El narrador dice que la vida duele porque sí, pero que eso no nos da más derecho que a aquellos a los que no les duele o que no tienen problemas.
En el prólogo, Marina Sanmartín dice que los tres pilares de la novela son la cabeza, el cuerpo y el bosque. La cabeza, que al ser decapitada deja escapar todas las ideas y prejuicios. La protagonista, tras arrancársela, se la vuelve a colocar, pero después de haber extraído esa película, como si deseara una reinterpretación de lo conocido. El cuerpo funciona como instrumento que rompe las reglas y se muestra con libertad y sin pudor, así como reivindicación de la identidad de la mujer y de su cuerpo y belleza. Finalmente, el bosque representa nuestro mundo, la oscuridad, allí donde habitamos: nuestra conciencia.
La mujer desnuda es una novela donde la historia importa poco, pues es una mera representación del simbolismo que la autora quiso imprimirle. Es una novela de terror, según he leído, pero de miedo no tiene nada. A pesar de que es un canto de feminismo también es una denuncia por lo atacados que se sienten tanto mujeres como hombres; una denuncia universal en favor de la libertad de pensamiento.
En cuanto a Armonía Somers, es el seudónimo de Armonía Etchepare. Su padre fue anarquista y anticlerical, mientras que su madre era católica. Quizás de ahí nació un posible conflicto interior en torno a la religión y a las prohibiciones y limitaciones que esta establece. En 1969 se le detectó una enfermedad grave llamada quilotórax, a partir de la cual escribió una novela llamada Solo los elefantes encuentran mandrágora.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): El cura del poblado al que llega la mujer desnuda dice una frase que me ha recordado a La conjura de los necios, porque es lo que viene a decir John Kennedy Toole con la novela y Jonathan Swift con la cita incluida al principio de la misma: «Stultorum infinitus est numerus».

