Autor/a extranjero/a·Ensayo

“No leer”, de Alejandro Zambra

Y a propósito de responsabilidades, hay que cuidar las páginas de cultura. Hay que quererlas. Es verdad que al final alguien embalará las copas o envolverá el pescado con nuestras reflexiones. Pero hay que cuidar estos espacios, porque son escasos y hacemos verdaderos malabares para convivir dignamente con los avisos comerciales. Somos los encargados de darle un poco de brillo al asunto.

No leer, de Alejandro Zambra

No leer. Crónicas y ensayos sobre literatura (Anagrama, 2018), de Alejandro Zambra y con una edición límpida de Andrés Braithwaite, es un conjunto de texto sobre crítica literaria que elaboró el autor chileno entre 2007 y 2015 mayoritariamente y que se publicaron en diversos periódicos y revistas internacionales.

Desde sus lecturas de infancia y juventud como Flaubert y Cortázar hasta la publicación de su novela Bonsái, Zambra divide sus textos en tres partes no ordenadas cronológicamente, donde habla del dolor de ciertas obras, de biografías, poesía, correspondencia entre autores y diarios.

Zambra anima a desechar la idea de bendecir las novedades literarias y esas listas de lecturas obligatorias que aparecen con cada reentrada (o rentrée, como ahora gusta decir) que llega en septiembre. Estas listas deben leerse, pero no deben ser tomadas al pie de la letra.

Asimismo, el autor critica lo caro que son los libros, concretamente en su país. En una época en la que se lee poco y en la que las ediciones son trabajadas, detallistas y muchas veces elegantísimas, el precio de los libros se desborda y hace aún más inalcanzable la lectura a la gente de a pie, cuando debería ser al contrario, un elemento de ocio al alcance de todos. Aunque también hemos de reconocer el gran trabajo de muchas personas que hay detrás.

El libro es una oda a la lectura en forma de puzzle de textos, donde el título es paradójico, porque Zambra lo que anima precisamente es a leer. Entre citas de poemas o novelas de autores conocidos (y otros no tanto), sobre todo latinoamericanos, Zambra no se centra en la defensa de la lectura, sino que a partir de la crítica de libros o de breves capítulos consigue despertar el amor por la lectura en aquel que se adentra en estas páginas, no explícitamente, pero sí atrayéndole a través de lo que escribe.

El autor confiesa la curiosa manía de viajar con libros, aunque al final durante el mismo no consigue leer más de un párrafo, pero es una seguridad que lleva consigo el lector. O ir a la playa con libros, otra ardua tarea que no siempre termina bien. Yo recuerdo haber ido en el verano de 2015 a la playa con El guardián entre el centeno, que acabó gravemente herido por la humedad y el contacto con la arena. Como todos los libros, No leer es uno que empuja a intimar e identificarse con cada cosa que dice.

Zambra no puede evitar, asimismo, loar a ciertos autores cuya obra considera él majestuosa, y en su derecho está al tratarse de sus textos. Así, alaba a ciertos escritores como Manuel Puig o Pedro Lemebel, pero se nota a la legua que profesa adoración a Jorge Luis Borges, Roberto Bolaño y Julio Ramón Ribeyro.

A partir de un parecido innegable en ciertos aspectos a Como una novela, de Daniel Pennac, el lector termina cogiendo numerosas referencias literarias y se adentra en un mundo a veces tan desconocido para el lector español como es el de la literatura latinoamericana actual, cómo otros países hispanohablantes conviven con los libros, cuál es su relación con escritores galardonados con el Nobel como Gabo o Asturias o no pero con igual maestría como Borges.

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