Autor/a extranjero/a·Narrativa

Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline

Viaje al fin de la noche (Pocket Edhasa, 2017), de Louis-Ferdinand Céline y traducido por Carlos Manzano.

Pero el campo, debo decirlo en seguida, yo nunca he podido apreciarlo, siempre me ha parecido triste, con sus lodazales interminables, sus casas donde la gente nunca está y sus caminos que no van a ninguna parte. Pero, si se le añade la guerra, además, ya es que no hay quien lo soporte.

Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline

Viaje al fin de la noche (Pocket Edhasa, 2017), de Louis-Ferdinand Céline y traducido por Carlos Manzano, es un libro que tenía que leer. Es un libro especial con un gran poder de atracción en el que me vi inmerso desde la primera página hasta la última, algo que agradezco. Es un libro que no se enmarca dentro de una época ni escenario concretos, pues viaja desde los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial hasta varios años terminada esta. Hay que destacar antes de continuar que Céline es un autor muy criticado por sus presuntas ideas de filonazismo y antisemitismo.

En este libro nos encontramos a un protagonista llamado Ferdinand (como el autor, mira por dónde) que se alista al ejército francés para luchar contra los alemanes, contra los que dice no tener nada. Al final, en la guerra se encuentra un paisaje desolador y se arrepiente de haberse alistado y de contemplar la locura que provoca la guerra en los hombres.

Tras su fracasada intentona de luchar en la guerra como buen patriota, lo destinan a un pueblo perdido en mitad de África, donde lo pasa realmente mal por el odio de la gente, las malas condiciones de vida y la multitud de enfermedades que sufre y que le ayudan a decidir abandonar su aventura africana y huir en un barco hacia donde el destino le lleve.

El barco termina llevándolo a Nueva York, donde piensa que tendrá una maravillosa vida donde podrá empezar de cero. Allí, pese a no sufrir penurias como en la guerra o en África, sí siente un vacío mayor que en esos lugares y finalmente, abrumado por las deudas y el desamparo de la sociedad estadounidense, opta por volver a su país natal, Francia, y trabajar como médico allí, después de que en páginas anteriores ya demostrara su atracción por los hospitales.

Entre tanto viaje y aventura, masas de personajes hacen presencia en la historia de Ferdinand, que sabe retratar con precisión la sociedad occidental de la época, los trabajos precarios, la gente fatigada y ahogada económicamente… El lector, a través de estas páginas, ve pasar muertes de personajes y las siente con tristeza. Presencia como si estuviera allí el rostro largo e inmóvil de una mujer que pierde al que consideraba su hijo de siete años, mientras está sentada en un sofá siendo consciente de que ella también morirá pronto y no quedará nada de ellos dos.

Es un libro espléndido con mucha introspección, una crítica feroz a la guerra, a la inutilidad y el sufrimiento que esta supone, sin olvidar la crítica a la sociedad y el pensamiento de la época. Habla también sobre el placer y el dolor, sobre la vergüenza que supone la exposición del primero y la exhibición constante que presenciamos del segundo.

Me ha sorprendido encontrarme con un estilo narrativo similar al de la generación beat estadounidense, con retazos de John Kennedy Toole y Jack Kerouac. Es este un libro, por tanto, con mucha miga, con mucho jugo, casi seiscientas páginas que he leído deleitándome con cada línea. No me esperaba que fuera tan maravilloso este libro, y ha sido una grata sorpresa, así que más que recomendable internarse en esta historia.

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