Autor/a extranjero/a·Narrativa

“El hombre que fue jueves”, de G. K. Chesterton

Ya ni el fuego público ni el privado se miran brillar.

Ya ni humana luz ni resplandores divinos.

¡Mirad! Tu negro imperio, oh Caos, es restaurado.

Muere toda luz ante tu verbo aniquilador.

Tu mando, grande Anarca, deja caer la cortina.

¡Y todo lo envuelve la noche universal!

G. K. Chesterton, El hombre que fue jueves

El hombre que fue jueves (Espasa, 1998), de G. K. Chesterton, es un libro que cogí sin demasiada esperanza de que me gustara. La edición, antigua y tan clásica, las tipografía tediosa y la expectativa de enfrentarme a una novela de la literatura británica, que tantas veces me ha decepcionado, me hicieron empezar a leerlo con cierta reticencia.

Primero quiero decir que no he puesto quién es el traductor o la traductora porque no he conseguido encontrarlo en el interior del libro. Un libro que, por cierto, tiene un prólogo de Alfonso Reyes, lo que inevitablemente le da cierto caché, aunque luego se plantea una historia de lo más extraña en la que es difícil discernir qué está ocurriendo realmente y qué no (quien haya leído esta novela hasta el final sabrá de qué hablo).

En esta novela, el protagonista es un poeta apellidado Syme que un día llega a un barrio londinense, donde parece enfrentarse verbalmente a otro poeta llamado Gregory que, hasta entonces, había tenido la hegemonía en ese barrio. Una vez zanjada la discusión de la que Syme parece salir victorioso, la historia coge extraños caminos por donde discurrirá nuestro personajes: caminos anarquistas, sobre todo. Y es que el anarquismo es el aura que rodea a toda la novela, pues Syme asistirá a una reunión de anarquistas donde se elegirá al miembro que haga de Jueves en el Consejo Central Anarquista donde todos los demás tienen nombres de días de la semana y donde Domingo es el jefe supremo.

Y sí, Syme será elegido Jueves sin tener ideas anarquistas. Al igual que el anarquismo, el otro elemento que abraza a la historia es la filosofía que aquí se desarrolla en los diálogos de los personajes, donde tratan cuál es la función de las fuerzas de seguridad o del mismísimo Estado en la vida de la gente…

…Y hasta aquí puedo contar. Porque el siguiente paso sería suficiente para desvelar lo que ocurrirá el resto de la novela, y no es esa mi intención. Sí puedo adelantar que se vendrá una aventura a gran velocidad en la que uno deberá pisar el freno para no liarse. Hay algún que otro toque de humor inglés en la historia, aunque me esperaba que esta fuera novela cuasi-cómica, tal y como leí en alguna reseña en internet antes de abordarlo.

Al principio, esta historia se me hizo pesada. Y, aunque luego cogió velocidad y se me hizo, el final me desencantó bastante. Eso, sumado a la rareza en sí de la historia, deriva en que me haya decepcionado un poco. Una historia británica como cualquiera que se precie, muy a tener cuenta desde el punto de vista técnico si se quiere, pero desde luego no es una novela con la que despertar sentimientos o que te coja un nudo en la garganta como otras que sí me han marcado para bien.

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