Autor/a español/a·Narrativa

“Señora de rojo sobre fondo gris”, de Miguel Delibes

Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida. En el fondo, no ignoraba que morir a los treinta años o a los setenta importa poco, pues, naturalmente, en ambos casos, otros hombres y otras mujeres vivían y así durante miles de años. En suma, nada podría ser más claro. Era siempre yo quien moriría, ahora o dentro de veinte años.

Miguel Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris

Señora de rojo sobre fondo gris (Planeta DeAgostini, 2002), de Miguel Delibes, es un libro que me recomendó un amigo lector sabedor de mi predilección por Delibes, del que ya he leído al menos cuatro libros, de los cuales Cinco horas con Mario es mi favorito.

En esta novela nos encontramos con un monólogo del protagonista, un señor ya mayor que había sido pintor de brocha fina, cansado y desvalido, que parece hablarle a su hija. Es curioso el interés de Delibes por hacer de sus libros monólogos, como si a través de sus personajes intentara deshacerse de sus propios pensamientos.

El protagonista ha pasado por una mala época (no le viene inspiración para pintar, su esposa ha muerto con 48 años, la dictadura franquista ha detenido a dos de sus hijos…) y se nos planta enfrente para que le ayudemos o para que, simplemente, le escuchemos. En las palabras del protagonista apreciamos su amor hacia su esposa, parece adorarla, y utilizo el verbo adorar porque creo que la adoración es el grado de aprecio más alto que se le puede profesar a alguien. Pero también calibramos cierto arrepentimiento en su monólogo por haberla tratado un poco mal en ciertos momentos, o los celos que le acecharon durante su matrimonio.

El libro no está dividido en capítulos, sino que es todo seguido, enmarcado por ese precioso y adecuado título propio de un cuadro del protagonista. De hecho, hay un cuadro en la novela que se llama así. Con algún sutil toque de humor, esta novela es el retrato de la enfermedad de la mujer del protagonista y de su incapacidad para pintar mientras se desvive en amor hacia su nieta, cuya madre está en la cárcel. Los pasajes difusos y brevísimos donde el protagonista habla de su nieta me han recordado inevitablemente a La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro.

Es un libro por el que se pasea rápidamente y sin hacer ruido. La verdad es que la recomendación de mi amigo me hizo ilusión, pero no ha resultado ser de mis libros favoritos de Delibes ahora que lo he terminado (además de que la edición es bastante fea, lo siento). Aun así, como todo Delibes, muy recomendable.

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