La canción de NOF4 (Jekyll&Jill, 2021), de Raúl Quinto.

Raúl Quinto (Cartagena, 1978) asegura que la palabra clave de La canción de NOF4 (Jekyll&Jill, 2021) es «pareidolia», porque todo se resume en ella: la literatura y el arte, que es lo que encontramos principalmente en este libro. En 2012, Quinto asistió a la exposición de una galería de París. Allí conoció la obra de Fernando Oreste Nannetti, un pintor italiano que padecía esquizofrenia y fue ingresado en un manicomio. En su celda, Nannetti, o NOF4, escribió un «libro» de más de setenta metros de largo con la hebilla del chaleco del uniforme en la pared del manicomio.

A partir de su descubrimiento, Quinto emprendió un viaje a Volterra, pueblo italiano donde está localizado el manicomio, ya abandonado, donde estuvo ingresado Nannetti. Este libro explora su vida de reclusión y ahonda en su psicología y su biografía, así como en otros temas: el ser humano, la escritura (de dónde nace y en qué circunstancias puede desarrollarse), la locura, la cordura, la soledad y la creación artística. Al final, el libro incluye un cuadernillo con imágenes y notas. El único pero que podría ponerle es ese, que las notas están agrupadas al final en lugar de al pie de las páginas donde corresponda.

Al principio, Quinto habla sobre qué significa escribir y dice que escribir nació quizás de la necesidad de estar callado y al mismo tiempo no parar de hablar, de ser Dios, de estar fuera del cuerpo para hablar con los muertos, con los espíritus, para dejar huella, como símbolo de la eternidad y contra el tiempo. «Escribir es decir: aquí estuvo alguien y te está mirando a los ojos ahora», añade. Escribimos porque no sabemos nada.

Frente a esa necesidad de escritura se describe al protagonista de estas páginas. La escritura nace de la necesidad de expresar su soledad, sus preocupaciones y su enfermedad en una época poco amable con el diferente. Cuando lo ingresaron en el manicomio, Nannetti tenía treinta y un años, fue en 1958. Todos los días, desde su ingreso, escribió en una pared cosas aparentemente absurdas o sin sentido, a veces cartas a familiares, y todas terminaban con la misma frase: «La luz y el sonido tienen la misma longitud de onda».

Quinto dice que Nannetti creía en Dios aunque Dios no creyera ni en él ni en ninguno de los ingresados en el manicomio, y que al igual que el muro de las lamentaciones de Jerusalén, él escribía allí esperando que ese mensaje llegara a Dios. Nannetti tenía siete años cuando lo ingresaron en un orfanato, ya para siempre, solo, sin familia, llorando y escuchando voces. Era 1934, la época del auge de Mussolini y el fascismo. Nannetti siempre anheló la Roma de su infancia, a la que nunca volvió.

Aldo Trafeli fue un celador del manicomio que conoció a Nannetti y que permitió que este hiciera incisiones en la piedra con su escritura. De ahí nació el documental I graffiti della mente (El grafiti de la mente), dirigido por Manoni, un fotógrafo que se encargó de registrar en negativos el muro para que al menos quedara ese recuerdo.

Mientras Nanetti escribe en el muro, Yuri Gagarin viaja al espacio, se desarrolla la Guerra Fría y se hacen pruebas atómicas. En sus inscripciones, Nannetti parece buscar también respuestas a su propio origen. Las inscripciones coincidieron con los años de mayor violencia y desprecio hacia los internos hasta que llegó la ley Basaglia en 1979, con la que clausuraron los manicomios en Italia. Es paradójico que algunos de estos locos trabajaran excavando el muro de la ciudad y a partir de ahí se descubriera el teatro romano donde años más tarde se representaría alguna obra sobre Nannetti.

En 1979, cerraron el manicomio. En ese tipo de instituciones psiquiátricas no se contemplaba la curación, solo controlar a los enfermos, que no hubiera alboroto, que se cumpliera la disciplina e ir tachando los días del calendario, ya está. En la escritura de Nannetti, no hay sutileza ni belleza porque lo hace a veces muy cargado de medicación. Su escritura, con una hebilla y en una pared, se convierte en vandalismo, en destrucción del barbarismo. Su escritura es como una autopsia, una estrategia para alejar la soledad y el aislamiento, porque mientras estuvo allí no recibió ninguna visita.

Pese a la sumisión química a la que fue sometido, escribe, no sabemos si como resultado de dicha sumisión o de su propia cabeza. También habla de otros internos, por ejemplo, Agnes Richter, que cosía palabras con hilo en el uniforme. El autor aprovecha para recordar que en aquella época las mujeres podían ser recluidas en un manicomio por razones de viudedad, prostitución o por ser madres solteras. Desde Volterra, en Italia, donde ha estado físicamente visitando el manicomio, viaja mentalmente hasta Grecia, donde dice que la locura era una enfermedad sagrada y que los locos pertenecían al mismo grupo que los artistas.

El arte funciona en estos casos como refugio donde esconderse y sobrevivir ante un mundo exterior que es hostil. Por eso, Quinto dedica algunas páginas a citar a artistas reconocidos oficialmente como locos o enfermos, lo que permite al lector adentrarse en la relación entre la locura y el arte, y concretamente en la corriente del arte marginal o Art Brut. Quinto alterna la historia de Nannetti y lo que escribía con breves episodios de la historia de la locura y con anécdotas de otros locos célebres como Jeannot le Béarnais, que hizo escritos en el suelo del parqué de su casa. Aunque también hay páginas donde solo se leen nombres de medicamentos o técnicas quirúrgicas y otras donde solo hay sinónimos de «loco».

La canción de NOF4, al igual que su protagonista, también tiene algo de delirio y de Art Brut. Nannetti era muy poco conocido incluso en su propio país hasta que en 1986 Antonio Tabucchi, autor entre otras novelas de Sostiene Pereira, escribió un artículo sobre él y su historia alcanzó la fama. De hecho, en la actualidad se organizan visitas al muro, o a lo que queda de él.

Quinto dice que toda escritura es un palimpsesto. Nannetti escribió sobre las palabras etruscas o de los antepasados, Quinto escribe sobre las palabras de Nannetti y yo escribo sobre las palabras de Quinto. Escribir sobre lo escrito para que la escritura prevalezca siempre por encima de locuras, de prohibiciones y de condiciones infrahumanas.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Este libro me ha recordado en cierto modo a todos los que ya he leído sobre centros psiquiátricos, ya sean testimoniales o ficticios, aunque más a los primeros, como Todos los perros son azules, de Rodrigo de Souza Leão; La otra verdad, de Alda Merini, y Notas desde un manicomio, de Christine Lavant. Además, Quinto habla de Wölfli como el primer loco recluido en un manicomio al mismo tiempo que era artista, y esto me ha recordado a la película La crónica francesa (Wes Anderson, 2021), donde un preso está poco cuerdo y es artista porque pinta paredes.


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