Intimidad de un oficio (Ediciones Godot, 2025), de Liliana Heker.
Intimidad de un oficio (Ediciones Godot, 2024) es un ensayo brevísimo de Liliana Heker (Buenos Aires, 1943). La autora argentina habla sobre la escritura entendida como un ejercicio solitario e íntimo y como una expresión de lo profundo y privado, de los deseos y miedos, que se transforman en una fuerza indomable impresa en papel. También habla acerca de la escritura desde su experiencia y su proceso creativo, no exento de sismos. Por tanto, se trata de una invitación a la observación y el aprendizaje, a conocer la ficción y la imaginación desde dentro.
Heker sitúa su primer interés por la escritura entre los cuatro y los seis años, cuando empezó a desarrollar el pensamiento y la imaginación, puesto que su vida se le hacía monótona, y también comenzó a leer, lo que amplió su mundo. A los trece o catorce años escribió poemas, o más bien los pensó en su imaginación y nunca llegó a ponerlos por escrito. A diferencia de otras asignaturas o tareas, para ella, las de la escritura y la invención no eran meritorias, sino actividades de mero placer. Y tampoco eran impuestas ni obligatorias, sino que ocurrían a destiempo.
Durante su adolescencia, la escritura de poemas era, en realidad, un retrato de su situación en esa época, solo que con un lenguaje bello: «A veces la ficción permite revelar capas de una misma y de la realidad que en la vida cotidiana permanecen ocultas», escribe. Habla sobre su intento, también adolescente, de escribir novelas, o de la creación de un género literario que llamó «túnguele». Cuando ella leía, no se interesaba por la biografía de los escritores, y ella misma no se consideró escritora ni imaginó que sería tal aunque le apasionara escribir.
Quizás su primer contacto con la escritura fue su adhesión a la revista El Grillo de Papel a partir de la reunión con el por entonces jovencísimo y desconocido Abelardo Castillo, que vio talento en ella. En el número cuatro de dicha revista, Heker publicó un cuento que recibió halagos incluso de Ernesto Sabato. Tal vez esto fuera el germen de su escritura de cuentos, que desarrolló en los años siguientes, aunque desde joven se encontró con un gran obstáculo: encontrar un tema narrable. «La escritura sigue siendo para mí pura incertidumbre y pura búsqueda. Me gusta que sea así: indica que estoy viva», concluye.
En estas páginas, Heker no solo habla sobre la inspiración para escribir sus cuentos, sino también de cómo les da forma y en qué género los encaja, como cuando escribe el titulado «Ortodoxamente fantástico», pues ella no considera que sea del género fantástico. Resulta interesante conocer también cómo se gestaron otros cuentos, como el del boxeador, que resultó todo un reto y en el que desarrolló recursos formales, u otros donde trató temas como la realidad desplazada de los personajes.
Heker reconoce que no tiene rutinas de escritura ni horarios concretos, pues piensa que eso sería una tortura para ella. Pese a esto, luego, al sentarse a escribir, sigue algunos pasos, como prepararse un mate o acomodar páginas en el atril. En relación a si quiere más a mamá o a papá, es decir, a si se considera más cuentista o novelista, afirma que en cuanto al trabajo de construcción se considera más cuentista, pero en cuanto al placer de escritura, ambas por igual. «De alguna manera, más allá de la experiencia y del oficio, siento que la acción de escribir sigue conteniendo mucho de ese acto primitivo de desborde, de pura necesidad de expresarme, que me llevó a la escritura», escribe.
Intimidad de un oficio es un libro interesante para conocer el proceso creativo de la autora, aunque es inevitable para mí compararlo con otro ensayo brevísimo de la misma editorial, Literatura o muerte de Agustina Bazterrica, también argentina; es decir, con muchos paralelismos. El de Bazterrica me gustó más porque en el de Heker no he encontrado la conexión que esperaba con la autora ni con lo que narra, quizás porque no la conocía y no tenía una imagen previa de ella ni de su escritura. Me ha parecido que habla demasiado de los temas y la inspiración y no explora más allá o generalidades de la escritura desde su experiencia. En cuanto a la escritura, pienso que abusa de los dos puntos, y hay frases donde estos aparecen incluso tres veces.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Como decía en la reseña, quizás su primer contacto con la escritura fue su adhesión a la revista El Grillo de Papel a partir de la reunión con el por entonces jovencísimo y desconocido Abelardo Castillo, que vio talento en ella, y esto me ha recordado a la película Un poeta (Simón Mesa Soto, 2026), cuyo protagonista, también en Sudamérica, también ve talento en una alumna y la insta a escribir, aunque con un final diferente.

