Enero (Malas Tierras, 2021), de Sara Gallardo.
En la mesa, durante la comida, las mujeres ríen y los hombres hablan sobre la cosecha, que está próxima. Mientras, la joven Nefer, protagonista de Enero (Malas Tierras, 2021) y apenas una adolescente, da vueltas al plato y más aún a la cabeza. Está embarazada porque la han violado, y cuando se descubra el secreto su mundo estallará en mil pedazos. Vive con su familia en una casa en el campo argentino y tiene una vida rutinaria y aburrida, pero su embarazo altera la vida apacible.
Esta novela de Sara Gallardo (1931-1988) comienza con la desesperación de Nefer mientras la alegría inunda la mesa. Ella está desentendida de todo el ambiente que la rodea y solo puede pensar en que para cuando llegue la cosecha su embarazo ya se sabrá. Está preocupada porque no sabe si volverá a comer en esa mesa o incluso si estará muerta para entonces. La angustia, el miedo y la incertidumbre por la responsabilidad de la maternidad y la prohibición de la libre elección provocan desesperación en Nefer.
Ella cree que el padre del niño es El Negro, al que ve bailando con otra mujer. Solo piensa en él, solo anhela que él la desee y la quiera. De hecho, cuando su madrina le regala un vestido solo piensa en que él la vea con él puesto. Ella piensa que un día se ha vivido para nada cuando no consigue ver a la persona a la que ama. Está enamorada de él, y reconoce que antes era alegre y veía las cosas y sus detalles. Ahora, sin embargo, no ve nada.
En un arranque de enajenación, coge su caballo y va al rancho de su tía y a otros. Durante el camino se encuentra con otros personajes y la narración de estos encuentros obliga al lector a poner los cincos sentidos porque tiene la impresión de que algo está a punto de ocurrir. En realidad, es solo producto de la mente de Nefer, que no para de dar vueltas, de crear situaciones y de pensar en el futuro. Ella dice que desearía estar muerta, que es desgraciada y que en su interior crece la desdicha. Piensa que puede ser un castigo de Dios, porque no reza lo suficiente, pero hay otros que tampoco rezan y no les sucede eso. Por tanto, ¿por qué a ella?
Gallardo expresa los sentimientos de desazón de Nefer y los mezcla con preguntas existenciales. Narra a la perfección la tristeza y soledad que puede sentir una adolescente por el miedo a transmitir sus preocupaciones, por si hacerlo es peor. Pero la situación que vive Nefer es a contrarreloj, un caldo de cultivo propio para la frustración, la ansiedad y las ideas de huida, ya sea hacia adelante o hacia abajo. Quiere enterrarse en la tierra y no vivir más días, pero no por ello quiere dejar de vivir y de ser ella. Pero irremediablemente si escoge una la otra también ocurre.
Nefer siente una profunda soledad. Habla con su perro y le cuenta que ha pensado en abortar y que quizás galopando largo rato podría conseguirlo. Pese a pensar tanto, cuando imagina lo peor que pueda ocurrir siente pena. Define el miedo como algo que come su comida y duerme su sueño, y me parece muy efectivo.
Un día, se van a confesar, lo que para mucha gente es una fiesta. Nefer tiene miedo, de nuevo, a confesar que está embarazada al cura. Además, el pavor se mezcla con la imposición de la religión, que fomenta la limpieza de la comunión, porque si no vendrán el infierno, el pecado y el diablo. En referencia a las palabras del cura, Nefer dice que tanto ella como su familia «naufragan como en todos los sermones entre palabras inauditas o cotidianas, creyendo comprender algo hasta distraerse definitivamente en los propios asuntos». Al final se descubre el embarazo y la vida de Nefer toma un camino que no es el que ella habría querido. Esto hace pensar al lector cómo un acto que no se desea puede marcar la vida en contra para la eternidad.
Enero es un relato rural que reivindica la figura de las mujeres y de su precariedad en Argentina y rechaza el romanticismo del campo y su visión utópica. Asimismo, condena la figura del patrón, el patriarcado y la Iglesia. En ella se tratan temas como el amor, la desazón o el desengaño producido por la poca experiencia. También el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, la maternidad y el aborto, y que este sea seguro y libre. Esta novela se publicó originalmente en 1958, pero ahora tiene nueva vida gracias a este rescate. La autora tiene otra que también se ha reeditado recientemente llamada Los galgos, los galgos.
En la solapa de la contracubierta, Patricio Pron dice que algo en la escritura de esta autora recuerda a otros como Juan Rulfo, y que no es menos talentosa que él o que otros. Quizás por las expectativas creadas al leer estas palabras o a que en realidad no lo es, siento decir que a mí me gusta mucho más Rulfo. Gallardo no es poco talentosa, pero Rulfo son palabras mayores, aunque allá cada uno con sus opiniones. Esta novela tiene una prosa bellísima y la narración tiene tal veracidad que parece una experiencia de la autora.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): En esta novela aparece un personaje apodado El Negro, que debe de ser un mote común en Argentina, porque también aparece en No es un río, de Selva Almada. También me ha recordado a Como si existiese el perdón, de Mariana Travacio, porque en esta novela, al estar localizada en un ambiente rural argentino, también puede apreciarse un ambiente como de gauchos.

