Autor/a extranjero/a·Narrativa

“La casa y el cerebro”, de Edward Bulwer-Lytton

Un libro para echarse a temblar… o quizás no tanto.

La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas (Impedimenta, 2013), de Edward Bulwer-Lytton y traducido por Arturo Agüero Herranz, es un libro cuya sinopsis me fascinó. Me encanta lo sobrenatural, y este libro es una historia de fantasmas inevitablemente con ese olor victoriano que se te coge al cuello y te oprime.

La historia trata sobre un aventurero que decide pasar una noche en una casa encantada de Londres junto a su criado más fiel y su perro más leal. Me encantaría desgranar esta novela poco a poco como hago algunas veces, pero realmente es menester que quien desee disfrutarlo lo compre y lo lea por sí mismo.

Solo adelantaré que el protagonista va a pasar la noche a esa casa con cierto escepticismo y acaba formando una teoría porque ve cosas extraordinarias. No me ha dado tanto miedo como creía, lo que sigue situando a mi admirable Sé quién eres, de Yrsa Sigurdardóttir, en la primera posición de libros que más miedo me han dado.

Este libro no para de presentarse como una novela de fantasmas que te dejará helado. Pero la realidad es otra, pues a mí me ha parecido más un manual de primeros auxilios ante experiencias sobrenaturales o un estudio analítico sobre el poder de la mente en la concepción del miedo y del peligro que un libro de miedo propiamente dicho.

Claro, esto es inevitable teniendo en cuenta la época en que fue escrito (siglo XIX), donde este libro resultaría una maravilla, pero que, en nuestros días, apenas puede resultar entretenido y en cierto modo burlesco (he echado en falta que el autor desarrollara más la intrahistoria sobre la casa encantada y la historia de las cartas que el protagonista encuentra).

No quiero quitarle mérito a Bulwer-Lytton, cuya existencia desconocía y de la que el traductor habla al principio del libro como un gran maestro de la novela de misterio y lo sobrenatural, al mismo nivel de Charles Dickens, del que al parecer fue un gran amigo.

Poco más que añadir a este bocado selecto pero breve. Si alguien quiere lanzarse a la aventura, adelante. Puede leerlo de noche, porque más que miedo puede que le dé incluso sueño, así que es totalmente recomendable leerlo y enfrentarse así a este relato o novela corta.

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