Autor/a extranjero/a·Narrativa

Un hombre que duerme, de Georges Perec

Un hombre que duerme (Impedimenta, 2013), de Georges Perec y traducido por Mercedes Cebrián.

Ahora vives en el terror del silencio, pero ¿no eres tú el más silencioso de todos?

Georges Perec, Un hombre que duerme

Un hombre que duerme (Impedimenta, 2013), de Georges Perec y traducido por Mercedes Cebrián, es un libro que supuso un reto de alto nivel para mí. No por su extensión (no llega a las 150 páginas) ni por su complejidad (justo antes que este he dejado Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, porque me ha resultado intragable, y todo lo que me echen después de ese libro me parece pan comido). Supuso un reto porque no es la primera vez que intento leerlo.

No sé por qué me lo compré en su momento, pues la sinopsis no me atrae nada ahora. De todos modos, lo compré e intenté leerlo hace unos años, pero me rendí pronto y desde entonces lo he tenido como el libro más difícil de comprender. Después de varios años y de dejar abandonados algunos libros por resultar ilegibles en cualquiera de sus interpretaciones, he decidido retormarlo y me lo he zampado en un solo día.

He de reconocer que tuve la tentación hace unos años de regalarlo o venderlo. En definitiva, de deshacerme de él. Pero me enorgullezco de haberlo mantenido conmigo, porque ahora he sabido apreciar un poco más que la última vez su valor. Me esperaba algo más fuerte, más amargo para el estómago. Sin embargo, es una novela con la que se hace buena digestión y sin sobresaltos, sin acción ninguna.

En ella, todo parece un cuadro: desde el título del libro, que parece el nombre de un cuadro, hasta la vida del protagonista que Perec describe, que parecen pinceladas de un cuadro salpicado de acuarelas. He de reconocer que tiene cierto toque pesimista, lo que me hizo recordar al libro Del inconveniente de haber nacido, de E.M. Cioran, pero claro, Perec no es tan extremadamente pesimista como Cioran.

El libro, en definitiva, trata sobre un joven que decide abandonar sus estudios repentinamente para dedicarse a dormitar y vagabundear por un París gris y apestoso. El mismo París por donde pasea una sociedad miserable, derrotada, resignada y cabizbaja que se refugia del frío con más frío, que se esconde entre los escombros de las que fueron sus ilusiones y sus sueños.

La vida sigue igual (como la canción) en la ciudad mientras el protagonista pasea por sus calles. Mientras callejeaba y Perec me lo narraba, pensé que, en cierto modo, el protagonista es una mezcla entre un Holden Caulfield con los humos bajados y mi yo interior. ¿En quién se basaría Perec para retratar a un ser tan estepariamente hessiano? ¿En sí mismo? No me extrañaría.

En fin, no se encuentra en este libro ni un ápice de acción ni de misterio. Es un libro plano donde lo que importa es el sobrevenir de los acontecimientos más anodinos del protagonista y, por supuesto, sus pensamientos. Con una de sus reflexiones termino:

Eres un holgazán, un sonámbulo, una ostra. Las definiciones varían según las horas, según los días, pero el sentido permanece más o menos claro: te sientes poco hecho para vivir, para actuar, para hacer cosas; no quieres más que durar, no quieres más que la espera y el olvido.

P.D.: Puedo decir que ya soy colaborador de la revista cultural Nostromo, para la que estoy escribiendo sobre literatura, sobre todo reseñas. Te recomiendo por tanto que te pases por ahí y eches un vistazo a su contenido, que es para no perdérselo. Pinchado aquí puedes ver mi primera crítica literaria en Nostromo. Pasa a verla y espero que te guste.

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