Autor/a extranjero/a·Narrativa

La destrucción de Kreshev, de Isaac Bashevis Singer

La destrucción de Kreshev (Acantilado, 2007), de Isaac Bashevis Singer y traducido por Rhoda Henelde y Jacob Abecassis.

La destrucción de la moral judía.

La destrucción de Kreshev (Acantilado, 2007), de Isaac Bashevis Singer y traducido por Rhoda Henelde y Jacob Abecassis, es un libro que me atrajo muchísimo por su portada y por su título (además de que esta editorial es una de mis favoritas). De su autor nunca había leído nada, y me lancé a la aventura de descubrir si me gustaría o no.

La sinopsis del libro me recordó mucho a Tango satánico, libro de László Krasznahorkai y de la misma editorial. Ese libro me desencantó un poco, porque me esperaba más. Suele ocurrirme, y con este libro de Singer también me ha pasado. Me esperaba un libro más afilado, con una historia pulida y más misterio. Sin embargo, al leer este libro nos encontramos con Satanás, que resulta ser el narrador, con lo cual empieza pintando bien, pero poco más allá de eso.

Con una mezcla de fe, tentación, inocencia y perversión se nos van dibujando sus diferentes personajes del pueblecito Kreshev: un rico negociante, su esposa enferma, su hija, su cochero Mendl, etcétera. En este pueblecito se van a desencadenar hechos malignos regidos por la mano de Satanás, como no podía de ser de otro modo. Satanás, para ser el narrador, se comporta de un modo muy objetivo o moderado, a mi parecer.

La hija de este rico negociante es una muchacha muy estudiosa, y se casa con otro muchacho muy estudioso. Ambos son el colmo de la felicidad, la envidia de todos. Pero un día, él le pide a ella que cometa adulterio. Ella se altera al escuchar esto, pero decide obedecer a su marido, y se acuesta con el cochero de su padre, que además de mujeriego era analfabeto.

Tras este adulterio incitado por el marido de la muchacha, es él mismo quien se lo cuenta a todo el pueblo, diciendo que toda la culpa del adulterio caiga solo sobre él, porque él lo incitó, y mostrándose como un traidor de Israel y terriblemente arrepentido por haber pedido a su mujer tamaño acto. Sin embargo, el pueblo, regido por sus costumbres judías, decide castigar apenas al marido y, por el contrario, castigar hasta el extremo a la mujer.

Como puede verse, en esta obra encontramos muchísima carga religiosa y, concretamente, judía, donde el pecado cae sobre este sosegado pueblecito, que intenta sacudírselo condenando a los adúlteros. Es un libro entretenido, pero creo que está saturado de moral judía, de elementos y conceptos religiosos que la hacen casi más un cuento de esos que se narran para instruir a los niños en la moral religiosa que una novela.

Por tanto, aunque pueda resultar interesante a algunos (hay quien objeta que precisamente ese toque de religiosidad es lo que le “da la gracia” a la novela), a mí me ha desencantado bastante y me ha resultado, si no pesado, al menos sí tedioso. No lo recomendaría y, casi seguro (porque nunca se está seguro al 100%), no lo volveré a leer en un futuro.

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