Autor/a español/a·Narrativa

“El héroe de las mansardas de Mansard”, de Álvaro Pombo

Héroes anónimos olvidados bajo el fuego enemigo.

El héroe de las mansardas de Mansard (Anagrama, 1990), de Álvaro Pombo, es un libro que vi recomendado en alguna parte y que me lancé a comprar rápidamente. Lo describían como un libro extraño, sobre todo extraño, y es lo primero que leo de Pombo, así que me esperaba cualquier cosa.

Ganadora del I Premio Herralde, esta novela es una obra de esas que gusta leer junto al chispeante fuego de una chimenea. Su protagonista, el prepúber Nicolás, más conocido como Kus-kús, vive en una gran casa del norte de España. Junto a él, sus padres, en constante viaje por razones de trabajo, y otros personajes igualmente singulares y pintorescos, como Julián, el mayordomo, tía Eugenia, la abuela Mercedes o su vecina María del Carmen Villacantero.

Con algunos sutiles toques de humor, Pombo nos va llevando de la mano de Kus-kús para que le acompañemos en el descubrimiento progresivo del mundo adulto, para que lo convirtamos en un hombre a ojos de su recia y rígida abuela y a ojos de su adorable tía Eugenia, quien mantiene una relación con un joven tendero. Pombo mezcla un lenguaje culto y a veces extravagante con expresiones coloquiales, lo que es digno de admiración en esta historia tan curiosa. Puede resultar difícil cogerle el hilo, sobre todo al principio, pero después todo va como la seda, aunque no podemos dejarnos llevar tan fácilmente. Es una novela para tener puestos en ella los cinco sentidos.

Kus-kús, con su astucia y malicia, llegará a enfrentarse a su tía Eugenia, a la que chantajeará con contarle a todos su relación con el tendero a cambio de que oculte en su casa a Julián, que se verá en un lío tremendo tras robar dinero a los padres de Kus-kús. En plena posguerra española y con suerte de no ser de los más desgraciados, Kus-kús intenta situarse en un país que todavía se está reconstruyendo con pedazos de pan y lágrimas que caen de aquí y allá. Y mientras recuerda su infancia, abre los ojos ante un futuro que se le avecina muy cerca, quizá demasiado cerca.

La novela termina con un final trágico y trepidante, pero está claro que en esta novela el recorrido, el desarrollo de la trama, es más importante que el final. Me gustaría destacar que Kus-kús y Julián me han recordado muchísimo al submayordomo y al mayordomo respectivamente de El submayordomo Minor, de Patrick deWitt.

En definitiva, es este un libro muy curioso que suena como una balada de fondo, casi imperceptiblemente, y que hace pensar al lector que la historia pasará de largo ante sus ojos y luego caerá en el olvido. Sin embargo, tiene un encanto especial esta novela, y su propia sutiliza va acompañada de una garantía de eternidad etérea que es imposible alejar de ti tras leerla. Es una novela digna de mención y de lectura, recomendable por tanto. Pero, mientras la lees, mantén los ojos bien abiertos. Y no mires atrás, a tu infancia, que puedes enfermar de nostalgia.

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