Autor/a español/a·Narrativa

La memoria del árbol, de Tina Vallès

La memoria del árbol (Anagrama, 2017), de Tina Vallès y traducido por Carlos Mayor.

No encontré prácticamente ninguna sinopsis sobre esta novela ganadora del Premio Llibres Anagrama de Novela 2017, pero sí muchas descripciones de su calidad y sus numerosas características habilidosas propias de las buenas novelas.

La compré y, al hojearla, vi que La memoria del árbol (Anagrama, 2017), de Tina Vallès, era una novela de apenas 222 páginas dividida en numerosísimos capítulos. Al principio pensé que se trataba de un conjunto de pequeños relatos, quizá interrelacionados, pero luego deseché la idea porque en la contraportada deberían haber indicado que eran relatos, y la anunciaban como una novela.

Había un capítulo nuevo cada una página y media más o menos, y mis ganas por devorarla hicieron que me la leyera en un solo día: comencé a leerla un poco antes de comer y, aun habiendo pasado la tarde entera fuera de casa, logré terminarla de madrugada.

No confié demasiado que fuera a gustarme. Conforme avanzaba la novela, fui adentrándome en la novela, en sus personajes, en sus ‘problemas’, y ya supe por dónde iban los tiros de la novela. Me sobrecogieron algunos de sus ínfimos capítulos, por la dulzura con que lo describe la autora, pues el protagonista es un niño de diez años y ella retrata la vida en torno a él de la forma en que la vería un niño. Lo hace, eso hay que reconocerlo, de maravilla.

Sin embargo, el final me decepcionó. Desde la primera página hasta la penúltima me maravillaron los acontecimientos, cómo los trataba y describía, con qué manejo de los distintos formatos, con qué facilidad para que llegase al lector como desde la boca de un niño de diez años.

Mas el final fue, en mi opinión, demasiado simple. Dejó, digámoslo así (¡ALERTA SPOILER!) un final abierto. Los finales abiertos suelen gustar a mucha gente, y muchos entendidos de libros suelen recomendar que se hagan finales abiertos para que el lector se imagine por sí mismo el final.

En este caso, el final no podía ser más que uno, ¿por qué dejarlo abierto? Ya se sabía cuál iba a ser, así que podía haberlo rematado con la calidad literaria que posee la autora, y nos habría emocionado leerlo de su propia pluma. A mí me habría gustado más así.

Sea como fuere, es una bonita novela, muy amena, pues yo soy lento leyendo y la terminé en las horas que tenía libre en un día. Te remueve el corazón, es como un cortometraje de esos mudos en los que sobran las palabras para hacer que te emociones.

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