Los días perfectos (Libros del Asteroide, 2021), de Jacobo Bergareche.
William Faulkner decía en su novela Las palmeras salvajes que si le dieran a elegir entre la pena y la nada elegiría la pena. Hace unos años (por 2022) le pregunté a Isabel Bono eso mismo a colación de la entrevista que le hice por su novela Los secundarios y me dijo que antes habría escogido la pena, pero a esas alturas de la vida elegía la nada. Yo también.
Luis, el protagonista de Los días perfectos (Libros del Asteroide, 2021), es un periodista cansado de su trabajo y de su matrimonio. Va a asistir a un congreso en Austin, Texas, donde va a encontrarse con Camila, una amante. Sin embargo, cuando vuelve recibe un mensaje de ella en el que le dice que quiere dejarlo. Todavía en Austin, Luis, desesperado por esta ruptura, va a la universidad de la ciudad y se encuentra con una obra de Faulkner que lee, devora y estudia, sobre todo las cartas que este enviaba a su amada.
El libro está formado por cartas de Luis a Camila y a su esposa. Comienza con una a Camila en julio de 2019 donde escribe, y ya es determinante, que sus momentos de felicidad en el último año han sido pequeñas batallitas de juego con su hija, y tiene miedo de que esa guerra se acabe, que ella se haga mayor, que ya no le guste y que no le pueda dar el beso de buenas noches. Luis tiene miedo de que lo que suele hacer acabe un día, y no sepa reconocerlo, y sea para siempre.
Esta novela de Jacobo Bergareche (Londres, 1976) es una reflexión sobre el amor, la rutina, la convivencia y las relaciones personales. También sobre cómo vivir, cómo aprovechar los días, cómo ser más feliz. Una novela sobre cómo el tedio puede acabar con una relación y cómo la felicidad llega de forma inesperada. A través de un personaje atormentado, el autor invita a pensar cómo es la vida que llevamos, si realmente es lo que queremos, si es lo que siempre había anhelado.
Luis reconoce que se puede tener más de una vida, pero que no se puede estar en más de una a la vez. Por eso a su relación con Camila la llama «lo nuestro», como algo volátil o indeterminado. Opina que debemos ocultar muy pocas cosas a la gente porque si no nos convertiríamos en completos desconocidos, y al final son los extraños a los que solemos confesar los deseos sin temor a asustarles. En un momento determinado, el protagonista reconoce que se está poniendo demasiado poético y cita La voz a ti debida, de Pedro Salinas. Él siempre creyó que no creía en la nostalgia, pero se ha dado cuenta de que sí. Porque, reconoce, a su vuelta a Madrid y tras despedirse de ella le quedaría «dejar de ser, estar solamente».
Luis habla de kairós, una palabra griega referida al momento oportuno para actuar y para hacer algo. Los griegos pensaban que esos días perfectos duraban un instante de felicidad. Luego, los cristianos ampliaron el rango y pensaron que esa felicidad duraba toda la eternidad, más allá de la vida. Y a partir de la Ilustración se pensaba que duraba lo que dura una vida humana. Igual que del kairós, habla del minuto de oro y cuál ha sido su minuto de oro del día.
En una de las cartas incluye viñetas dibujadas por Faulkner sobre un domingo que el escritor pasó con su amada en el que desayunan, van a la playa, juegan al ping-pong y quedan con amigos. Lo que se diría un día perfecto sin necesidad de ningún lujo ni realizar ninguna actividad extraordinaria. Esto da pie a que Luis se pregunte cuántos días perfectos ha tenido en su vida, y lleva a su vez a la cita inicial de la obra, de Abderramán III, que viene a decir que después de todo su reinado, en el que ha hecho cosas majestuosas y vivido en el mayor de los lujos, días perfectos y felices cuenta catorce.
Luis dice que no hay que hacer comparaciones, porque cuando se compara es para elegir y para establecer la superioridad de una cosa sobre la otra. Critica la cenas románticas y las desmitifica, y dice que pasión y patología comparten raíz del griego, pathos, por lo que pasión también supone su sufrimiento. Hay que vivir con pasión y no esperando a que las cosas ocurran. Ver la vida, lo que conocemos y lo que no, desde los ojos del otro, desde los de la persona que amamos. Decía Pessoa: «Para ser feliz es preciso no saberlo».
Si el sentido de la vida del ser humano es la búsqueda y consecución de la felicidad, ¿cómo se logra esta? ¿Qué se entiende por «felicidad», si cada uno tiene una idea diferente de ella? Además, el paso del tiempo y el hastío pueden amenazarla y convertir el amor en desamor y dañar las relaciones con los otros y con uno mismo, así como la progresión personal.
Luis reconoce que tenía una vida que era suya pero que no lo era al mismo tiempo. En realidad, lo que separa a las parejas, dice, por contra de lo que se suele decir en las bodas, no es la muerte. De hecho, este suceso las une más. Lo que separa a las parejas, y esto es el elemento más fundamental y verdadero de toda la obra, es el tedio. El que la otra persona no tenga nada nuevo que ofrecerte y los días se repitan y esa persona siga igual. Y lo que esa persona hacía al principio y te daba igual ahora te molesta, y lo que al principio te gustaba de ella ahora te da igual. Todo eso hace insoportable cualquier relación. El tedio como gota que colma el vaso o como chispa que enciende y explosiona.
Hay parejas que intentan evitar el tedio con actividades manidas con las que intentan emular que se sigue siendo una pareja que no se ha aburrido de serlo. Luis vive el tedio del matrimonio con el tedio de una aventura. Hay que darse cuenta de que esas actividades rutinarias en realidad son una cortina de humo para tapar el aburrimiento de la vida en convivencia. Quizás el camino sea abandonarlo todo y dedicarse exclusivamente a una cosa dejando atrás las rutinas, las actividades que nos llenan y que tan solo son un velo.
Luis dice que la historia «ha de ser contada para que haya algo que uno pueda quedarse», por eso se dedica a narrar la que ha sido su historia con Camila y también la historia con su mujer. Porque si no se camina hacia el olvido, y eso es entregar la vida a la nada. Aunque al final solo queda el dolor. Pero mejor el dolor antes que después, confiesa.
Además de las cartas a ambas mujeres, el estudio de las cartas de Faulkner y las reflexiones sobre las relaciones humanas y el amor, el protagonista también incluye referencias musicales. Los días perfectos es, en mi opinión, una de las mejores y más sinceras y puras historias de amor de la literatura contemporánea junto a Los bohemios menores, de Eimear McBride. Como canta Neil Young, mejor arder que desvanecerse. Y en la línea de este libro, como canta Rocío Jurado: se nos rompió el amor… de tanto usarlo, en efecto, de tanto usarlo.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Por la forma en que está escrito, en forma de monólogo, aunque sea un monólogo epistolar, me ha recordado a Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.

