Leonard y Hungry Paul (Alpha Decay, 2025), de Rónán Hession y traducido por Clara Ministral.
Leonard y Hungry Paul (Alpha Decay, 2025, con traducción al castellano de Clara Ministral) es la primera novela de Rónán Hession (Irlanda, 1975), llevada al cine enseguida. Se presenta como una historia de ternura, aunque luego no será tan así. Está protagonizada por Leonard, un joven huérfano, y Hungry Paul, otro joven que vive con sus padres y que es solitario, aunque no huraño. Ambos son amigos con vidas anodinas, sin pasados oscuros ni secretos y con rutinas que se alejan del ritmo del mundo que les rodea. Son dos personas en busca de su lugar en el mundo, con sensibilidad y amabilidad de fábrica, que mejoran su entorno con su presencia y sus actos. Por eso esta novela parece no tener un nudo, sino mostrar una historia refrescante y optimista, sin rayar en lo artificial.
El primer capítulo presenta a Leonard, y la primera frase resume la ternura y la ironía que el lector encontrará en toda la novela: «A Leonard lo crio su madre sola, no sin ciertas dificultades disimuladas a base de buen humor, después de que su padre, tristemente, muriera en el parto». Leonard es hijo de dos hijos únicos y tan solitario que nunca se ha relacionado con mujeres. Siempre prefirió los juegos al deporte, y por tanto siempre tuvo pocos amigos y muchas ideas. Leonard y Hungry Paul juegan con frecuencia a juegos de mesa, aunque aprovechan esos momentos también para reflexionar. Leonard ha vivido con su madre viuda hasta el fallecimiento reciente de esta, y hay quien considera que era una relación nada ideal para alguien como él, que ya ha superado la treintena, o al menos una relación extraña.
Leonard trabaja en una gran oficina rodeado de gente, pero se siente como si lo hiciera solo y encerrado en sí mismo. Su trabajo es exitoso, pero no se ve recompensado por un mayor salario ni por reconocimiento, ya que escribe libros de no ficción para niños que firman otros. Lo hace porque tiene una visión de niño que aplica en ellos. De hecho, tras la muerte de su madre, la soledad de Leonard se agudiza y recurre a su único amigo, Hungry Paul. Incluso le propone jugar a algo «de esas cosas a las que se juegan en la cárcel», como si su estado de ánimo fuera similar al de un preso. La propia habitación de Hungry Paul tiene aires infantiles, lo que alaba el niño que todos llevamos dentro para que siempre permanezca algo de él en nosotros y nunca muera, pues esa niñez es la que aporta matices positivos a la dura vida adulta.
Leonard y Hungry Paul sienten curiosidad, no por los chismorreos, y no solo por la actualidad, sino por la Historia, la ciencia y los datos. Gracias a esa curiosidad, ambos amigos son conscientes de que el universo se expande y se contrae, quizás para alejarse de ellos, dejarlos más solos y hacer que sus mundos parezcan más pequeños, pero esto les hace ser humildes, bondadosos y sencillos. Leonard sabe que su vida parece insignificante, como si su propio universo se contrajera: «A mí, de pequeño, el mundo me parecía una cosa enorme, intimidante. El colegio me parecía grande. Los adultos me parecían grandes. El futuro me parecía grande. Pero, con los años, estoy empezando a tener la sensación de que me he ido replegando hasta acabar metido en un mundo más pequeño». La soledad de Leonard va tan lejos que afirma que no solo no va acompañado por nadie a ninguna parte, sino que «últimamente tenía la sensación de que ya no era la misma persona de siempre, así que ya casi no podía contar ni con la compañía de sí mismo».
Leonard no se encuentra cómodo en su trabajo porque le cortan la libertad cuando imagina la representación del conocimiento en libros para niños de una forma más creíble, fiel y atractiva. Por ejemplo, desea retratar en sus enciclopedias a gente normal y corriente que hace el trabajo anónimo aunque el mérito se lo lleven —o los personajes que pasen a la Historia sean— otros, como si en realidad estuviera hablando de Hungry Paul y de él. Hungry Paul trabaja como cartero eventual y a lo largo de la novela se habla tanto de ambos amigos como de la familia de este, es decir, de sus padres y su hermana, Grace, que está cercana a casarse. Un día, Leonard tiene una cita con una mujer de su trabajo, el primer encuentro a solas que dice haber tenido con una de ellas en mucho tiempo. Este suceso le hace sobrepensar, le distrae de su trabajo y lo desconcentra, lo que demuestra la poca interacción que ha tenido con mujeres a lo largo de su vida: «En cuestión de mujeres, no podía decirse que tuviera confianza en sí mismo, pero sí esperanza».
La prueba de Leonard con esta chica avanza paralela a la de Hungry Paul en un concurso al que se presenta y del que resulta, al menos, finalista. Este concurso consiste en buscar la fórmula para despedirse en los correos electrónicos de forma original y adaptada a las nuevas tecnologías y a los nuevos tiempos. En su cita, la chica le dice a Leonard lo que ha visto en él durante una página casi completa, mientras que él le dice que ella simplemente le parece increíble, a lo que ella reacciona diciéndole que se va a emocionar. Llama la atención que Leonard dijera solo seis palabras, a diferencia de la página casi completa de ella, y que eso bastara para conseguir emocionarla; la fuerza expresiva y la honestidad de Leonard desbordan a quienes hablan con él.
A Leonard se le alaba que no está desencantado ni asfixiado por el mundo ni por los aspectos prácticos de la vida; en definitiva, que tiene algo dentro que está vivo y nunca pierde la curiosidad. Todas esas son características que relucen solo para quien se para a conocerlo verdaderamente, pues no se traslucen en la piel ni se ven a simple vista. Hungry Paul, por su parte, es apocado y aquello que consigue en la vida parecen ser éxitos menores y casi por eliminación o rebote. Vive con sus padres y ve cómo su entorno, incluyendo a Leonard y a su hermana, empieza a crecer mientras él se estanca. Sus tareas en la casa de sus padres son pocas y concretas, entre ellas dar de comer a los pájaros en el jardín, como si se tratara de las mascotas de la familia y como si intentara alimentar su propia apatía.
Cuando ciertas personas desaparecen de nuestras vidas, como es el caso de la madre de Leonard, porque fallece, hay dos opciones: introducirse en el mundo con todas las consecuencias o replegarse más en uno mismo con los riesgos que implica. En el caso de escoger esto último, «esa burbuja se retroalimenta. La soledad y la quietud dejan de ser algo especial cuando ya no están en contraste con otra cosa. En una vida ajetreada (o, al menos, más ajetreada), la reflexión calmada proporciona resonancia a las vivencias. Pero vaciar la vida de vivencias a propósito y esconderse de sus realidades no era algo especial […] Resultaba que la gente no era tan terrible. Al menos algunos. Y quizá ese fuera el truco: encontrar a las personas adecuadas; ser capaz de reconocerlas y saber apreciarlas cuando las encuentras».
Esta novela es un grito ante la voluntad y el deseo de ciertas personas por ser escuchadas, vistas y queridas, así como incluidas en un grupo. De hecho, la cubierta muestra un pez luna porque Peter, el padre de Hungry Paul, piensa que su mujer, y por tanto madre de este, considera a su hijo como dicho pez, es decir, aquel animal que en un acuario lleno de otras especies fascinantes nadie escogería y nadie querría. Al principio de la historia, Hungry Paul parece estar en un momento bueno o estable de su vida, mientras que Leonard carga con el peso de su trabajo y el duelo por su madre. Sin embargo, conforme esta avanza, los papeles se intercambian, de manera que Leonard conoce a una chica y se ilusiona, pero Hungry Paul entiende que todos a su alrededor viven sus vidas. Él practica judo y queda dolorido físicamente, un dolor que representa también el emocional que siente a causa de su soledad. En general, el contenido de la novela es aparentemente banal o inane. Por ejemplo, buena parte de los capítulos comienzan con los personajes despertándose o en el trabajo, y detalles como el de poner los lazos en los extremos de los bancos de la iglesia donde la hermana de Hungry Paul se casará se repiten sin cesar.
Aunque Leonard y Hungry Paul se presenta como una historia tierna, optimista y reconfortante, pienso que tiene un poso trágico y que todos los personajes parecen estar tocados por la soledad. Ambos amigos deben sortear dificultades y, aunque consiguen algún momento de estabilidad, son dos hombres que viven sendas vidas en cierto modo dramáticas. El resto de personajes tampoco se libra: la madre de Hungry Paul sufrió dos abortos antes de que él naciera y la hermana atravesó una dura etapa por la ruptura con uno de sus exnovios. Hession aprovecha para lanzar una crítica al mundo contemporáneo, sobreestimulado, hablador y abrumador, sin espacio para la escucha. Hace una oda al silencio y una crítica a su decadencia a través del personaje de un mimo que aparece hacia el final. Me he reído con este libro más que con ningún otro en años, pero también me he emocionado, en concreto cuando la chica con la que Leonard queda le dice qué ha visto en él, pues es una retahíla honesta e inteligente, una de las mejores demostraciones de humanidad y de cariño y de las mejores declaraciones de amor que he leído.
Por el contrario, he encontrado un par de escenas que no he entendido. Hungry Paul es un gran aficionado a los juegos de mesa y pensaba que «había que ganar solamente gracias a las habilidades para el propio juego y que era trampa servirse de los conocimientos que uno había adquirido en otros ámbitos». Es decir, menosprecia juegos de preguntas como Trivial en favor de otros donde desarrollas tus habilidades. Sin embargo, la mayor parte de los juegos de mesa están determinados por el azar y la fortuna, y si esta última no te acompaña, por muchas habilidades que tengas, estas no te servirán de nada. En otro momento de la novela, se dice que el padre de Hungry Paul sabe encender interruptores de luz con la barbilla, pero yo me pregunto a qué altura están los interruptores en Irlanda, porque los de mi casa y la mayoría de edificios en los que he entrado en mi vida podrían encenderse, como muy arriba, con el codo. Y no veo al padre, un jubilado, agachándose para apagar los interruptores.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Por la simplicidad de la historia, el foco que pone sobre los pequeños detalles y las cosas bonitas de la vida sin frases de taza ni Mr. Wonderful y el pez luna de la cubierta, con esa reminiscencia oceánica, me ha recordado a Criaturas luminosas de Shelby van Pelt.

