Músika (Tusquets, 2022), de Javier Azpeitia.
La muerte de un ser querido, aunque esté lejano, se siente en el cuerpo y en aquello que estemos haciendo. Mora, la protagonista de Músika (Tusquets, 2022), siente en sus carnes el fallecimiento en extrañas circunstancias de su amo, Eurípides. La noche en la que él muere, Mora escucha los aullidos lastimeros del perro y el ruido de las cornejas. En cierto modo, dice, los pájaros auguran el destino. Esa noche, Eurípides había estado en la fiesta de Arquelao, rey de Macedonia, bebiendo. Su muerte levanta las sospechas de Mora, que se introduce en una investigación que amenaza con acabar también con ella.
Esta novela de Javier Azpeitia (Madrid, 1962) narra en tres partes la actividad de Atenas a finales del siglo V a.C. y los últimos años de vida de Eurípides desde el punto de vista de Mora, una sacerdotisa escapada de Tartessos a la que hicieron esclava. En el primer capítulo narra la muerte de Eurípides y la búsqueda de Mora y en el resto retrocede y avanza en el tiempo y en el espacio (de Pela a Atenas o Tartessos) en busca de la historia de Eurípides y explicaciones a su muerte.
Por un lado, la historia trata sobre el misterio de la muerte de un dramaturgo revolucionario, y esto se alterna con la narración de intrigas y envidias de Macedonia, así como el relato de supervivencia de Mora a lo largo del Mediterráneo. Ella es una mujer hosca, irreverente y respondona que no se amolda a los convencionalismos y que critica el modo griego de ver la vida, el amor y a las mujeres. Por eso le gusta la obra Medea de su amo. Mora aprende que para sobrevivir tiene que adaptarse al ambiente o bien escurrirse en un escondite y encajar en él. Es importante pasar desapercibida, y el sigilo no solo se logra con el silencio físico, sino también con la serenidad mental.
Al principio, Mora no acepta su estado de esclavitud y se escapa en la primera oportunidad que tiene, pero se da cuenta de que Eurípides en un amo bueno y justo y que fuera corre peligro, así que se queda junto a él. Por eso, tras la muerte de este, se decide a arriesgar su vida emprendiendo la búsqueda de las causas y los sospechosos, entre los que se encuentran figuras de la Grecia clásica como Sófocles, Aristófanes o Arquelao.
Se dice que Eurípides se burlaba en sus obras de todo: desde Atenas y los dioses hasta el público, también de sí mismo, incluso de la vida en general. Por eso el teatro, como la poesía, la literatura o el arte pueden abrazar la burla, pero a veces sufren la censura. Algunos personajes de esta novela critican a Eurípides porque da voz en sus obras a las minorías y se olvida de la gente de bien. Azpeitia retrata a algunos dramaturgos de la época con un carácter soberbio mientras que Eurípides aparece reflejado como alguien humilde, terrenal y empático.
En la cita inicial, Estrabón habla de la músika, con k; esta daba placer y belleza y acercaba a la divinidad. Asimismo, los músikos eran aquellos que conocían las artes de la musa, de ahí la palabra músika. Se trata de una oda a la tradición de contar y al boca oreja, así como a la escritura de poemas. También un canto a la pasión por los libros y al diálogo y al debate de las ideas frente al estatismo, la apatía y la resignación.
Músika es como una telenovela llevada a la Antigua Grecia por los gestos cotidianos tanto de humor como de erotismo y de envidia o tensión. En esta novela se plantean dilemas como la existencia de los dioses. En aquella época, debates como este, que animaban a abrir la mente, levantaban ampollas. También temas como la avaricia, la esperanza, los intereses, las bajas pasiones, la persecución, la competencia en las artes y la supervivencia mediante adaptación, improvisación y habilidades. Azpeitia emplea un estilo de narración muy cercano a los mitos antiguos, por lo que casi puede confundirse con una historia contada por los propios griegos. Además, en las solapas hay mapas con leyendas que facilitan que el lector se sitúe en la historia.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Esta novela me ha recordado a varias. En primer lugar, a la Ilíada, de Homero, porque ambas comparten una narración similar, desarrollada por una mujer que cuenta la historia a otras y se dirige a ellas como «hermanas». También me ha recordado a El infinito no cabe en un junco, de Carlos Clavería Laguarda, porque en esta novela se dice: «El afán de destruir lo escrito es tan ancestral como el de escribir». El personaje de Fanusa me ha recordado al personaje de la mujer rusa y tuerta de la película Sordo (Alfonso Cortés-Cavanillas, 2019). Por último, en la escena de un sacrificio la narradora dice que se une con lazo fuerte al muerto, uno de los personajes, lo que me recordó a la canción de El novio de la muerte.

