La patria de los suicidas (Siruela, 2021), de Pascual Martínez.
Ernesto Pitana es un policía destinado en Iznájar (Córdoba) tras un suceso turbio en Madrid. Allí, entre olivares, calor y gente callada, debe resolver un ahorcamiento que no parece tal. Junto a la cabo Montero y una psicóloga, intentará desentrañar el misterio que se esconde tras una fotografía y deshacer así los nudos de silencio y secretos del municipio donde se triplica la tasa de suicidios del resto de España.
La patria de los suicidas (Siruela, 2021) es una novela policíaca de la que el recientemente fallecido Domingo Villar dijo que era “un gran debut”. Su autor, Pascual Martínez (Logroño, 1973), construye en esta, su primera novela negra, una historia de misterio, un viaje al pasado y al presente para encontrar respuestas a la abundancia de suicidios en la zona. En esta obra, cuando la viuda del ahorcado encuentra una fotografía donde aparecen cinco adolescentes, entre ellos el que era su marido, se empiezan a atar cabos y a hurgar en las heridas para expulsar la infección que asola al pueblo desde la desaparición de un muchacho varias décadas atrás.
Corre el rumor en el pueblo de que puede que la causa de los suicidios esté en el pantano, que es el más grande de Andalucía. Además, se dice que es un tema tabú y del que no se habla de puertas para afuera, como ocurre en la realidad y en los medios de comunicación. Para resolver los suicidios, Pitana contacta con una psicóloga que habla del tema. Ella dice que los suicidas potenciales no quieren suicidarse porque no quieran vivir, sino porque no les gusta la vida que llevan y han asimilado que un problema o varios no tienen solución. Mientras intenta resolver el caso, Pitana también deberá luchar contra el pueblo, contra aquellos que se niegan a exhumar cadáveres para que prosiga la investigación o por ejemplo que se muestran con miedo y recelosos de hablar. Además, muere más gente del pueblo en extrañas circunstancias, personas a veces cercanas a él.
Además de Pitana, entre los personajes destaca Palomeque, que representa la burla por su actitud infantil y bufonesca. Montero, por su parte, representa la racionalidad y el temple. Entre el resto de policías del municipio, hay quien sospecha de Pitana y de lo que pudiera haber hecho para merecer ese destino. Un suceso que se nombra cada ciertas páginas para asentarlo en la mente del lector en pequeñas dosis y crear el misterio que se descubrirá más adelante. Montero también está allí por una historia trágica de su pasado, para olvidar y empezar de cero. Es curioso cuántos personajes ajenos a Iznájar que hay en la obra: el propio Pitana no es del municipio, como tampoco la cabo Montero ni Tavares, otra compañera guardia civil, ni el cura del pueblo.
Martínez construye, por tanto, a personajes que anhelan huir de sus recuerdos, que desean una segunda oportunidad. En ellos predomina la desesperación y la impotencia de tener que cargar con una mochila llena de suicidios, venganzas, silencios e historias trágicas y ocultas durante años. Desde muy pronto se deduce quién es el asesino, o al menos el autor inteligente de los casos. Tanto el sargento como el que termina siendo el culpable tienen un pasado y hacen lo que hacen porque lo sufrieron en sus carnes o fueron testigos de ello. Al final, sentimos más aquello que es más cercano a nosotros por nuestra experiencia.
No me gustan algunos tópicos de las novelas policíacas que se usan en esta como por ejemplo el del policía tonto, en este caso Palomeque, o el del policía venido menos, en el caso de Pitana, o ciertos términos como “sabueso”. Tampoco me ha gustado el tópico de policía encargado de una investigación que liga o mantiene un idilio con otra persona relacionada con el caso, como un juez, o en este caso la psicóloga. El autor hace comparaciones que afean el texto como por ejemplo “con la alegría de un mexicano al que le han prohibido el tequila” o “con el entusiasmo de un futbolista que sale al terreno de juego en el tiempo de descuento”.
Esta novela habla sobre un tema importante como es el suicidio en un momento en el que la cifra es muy alta y se ha habilitado el número gratuito 024 en España. Como dice el narrador citando la película Cadena perpetua, como el personaje de Tim Robbins le dice al de Morgan Freeman, la jodida cuestión era empeñarse en morir o empeñarse en vivir, no había más.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): La trama está localizada en Iznájar (Córdoba), lo que me ha recordado a La forastera, de Olga Merino, un libro donde en un pueblo del interior andaluz se produce un suicidio que quizás no sea tal, es decir, argumento calcado al de este y al de Un amor, de Sara Mesa. De los tres, el libro de Merino me parece el mejor con diferencia. Mientras se desarrolla la historia, el sargento Pitana está leyendo El último encuentro, de Sándor Márai.

