Reflejos en un ojo dorado (Seix Barral, 2017), de Carson McCullers y traducido por María Campuzano.

En una isla muy apartada del mundo, un grupo de personajes convive alrededor de una base militar. Entre ellos hay tensión, pero también deseo, y las chispas desatan un incendio que deriva en una muerte violenta. Según dice la contraportada de Reflejos en un ojo dorado (Seix Barral, 2017, con traducción al castellano de María Campuzano), la opinión pública estadounidense se escandalizó con su publicación, porque trata temas como la homosexualidad e incluye una crítica al ejército estadounidense.

Esta edición de la obra de Carson McCullers (1917-1967), prologada por Cristina Morales y con un epílogo de Tennesse Williams (y traducido por Íñigo F. Lomana) se publicó por el centenario del nacimiento de la autora. Esta es su segunda novela después de El corazón es un cazador solitario. Cuando se publicó, se dijo que era decepcionante, ya que la primera había sido espléndida, según la crítica.

En Reflejos en un ojo dorado, McCullers presenta un cuartel militar, con contraste, pues se dice que es un lugar aburrido en tiempos de paz y sin embargo ha habido un asesinato. Por eso, introduce a los personajes, desarrolla sus vidas y los móviles y reparte los papeles que tuvieron en el suceso. Uno de ellos es el soldado Williams, silencioso y diferente al resto de soldados porque pasa desapercibido, pero no por ello es menos fuerte. Williams hace un trabajo en casa del capitán Penderton, y luego se marcha. Sin embargo, el capitán queda impactado por la visión del soldado, y el soldado por la de la mujer del capitán.

El trabajo del soldado Williams se centra principalmente en los caballos de la casa, sobre todo en Firebird, que es el de la esposa de Penderton. Este intenta sobresalir contando chistes, pero son malos. Además, el resto de personajes carecen de sentido del humor, por lo que sus chascarrillos derivan en escenas absurdas. El capitán comienza a sentir algo que no sabe definir hacia el soldado Williams y al final se desata el desastre.

En esta novela se retrata la realidad, aquello más horrible y más depravado, porque eso también es real. Es una novela de parejas bizarras que luchan contra los fantasmas interiores de ellos mismos y de la sociedad en su conjunto, que se tapa los ojos para no verlos. La autora critica a las instituciones que se prevén intocables, como el ejército, una institución de disciplina para «hacerse hombre». Por eso, la presunta homosexualidad de un hombre casado y de alto rango en el ejército que no sabe realmente lo que siente despierta la polémica. Además, algún personaje ensalza el patriotismo como demostración de fortaleza de cuerpo y espíritu y hay trazas de racismo.

McCullers describe el deseo y la obsesión del ser humano, así como la represión y la carnalidad, la necesidad de amar y de sentirse amado, de canalizar las emociones y de desahogarse. Con algún toque de humor e ironía, la escritora estadounidense habla sobre el fin del amor, la huida y las relaciones humanas. A veces, no recordamos a quién tenemos a nuestro lado, como nuestra pareja, ni por qué, como si fuera un simple souvenir.

Cuando se es joven, se sueña con el futuro y con los éxitos que vendrán. Y cuando se roza la vejez, se piensa en el pasado y se devolverían todos los éxitos a cambio de volver a ser joven. Esa nostalgia del pasado y de los tiempos mejores de la juventud queda retratado en esta novela. En el epílogo, Williams asegura que a esta obra la superan otras de la autora, por lo que podría ser una elección poco acertada empezar por ella para entrar en el mundo literario de McCullers. Por otro lado, expone por qué se debe hablar de esas criaturas depravadas y de las escenas horribles que desarrolla escritora estadounidense y que tanto se criticaron en su momento. La realidad está ahí fuera, pero también dentro de cada uno de nosotros, aunque sea oscura.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): En esta novela, la relación entre los criados (Anacleto y Alison), que se tienen el uno al otro, me ha recordado a la que mantienen los de El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín. Asimismo, hay un momento en la historia en que ingresan a una mujer en un centro psiquiátrico por ver cosas que en realidad existen, y esto me recordó a El baile de las locas, de Victoria Mas.


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