Autor/a español/a · Ensayo

Contra la izquierda, de Jordi Gracia

Contra la izquierda. Para seguir siendo de izquierdas en el siglo XXI (Anagrama, 2018), de Jordi Gracia.

La izquierda es numerosa en muchas calles y casas de España, pero ella misma se echa paladas de tierra encima cada vez que proclama mentiras. Jordi Gracia (Barcelona, 1965) ha escrito este opúsculo porque aboga por seguir siendo de izquierdas.

Esta breve obra gira en torno a la izquierda y su movimiento confuso en los últimos años en España, un periodo político convulso donde la izquierda ha experimentado cambios. Gracia también aporta algunas de las razones que explican que la izquierda no tenga más votos o mayores apoyos, todo ello a partir de los distintos capítulos en los que está dividido el libro: El único fantasma que hoy recorre Europa, Lo que no es de izquierdas, Por una izquierda irónica, Por una izquierda pesimista, Por una izquierda recelosa y Por una izquierda del siglo XXI.

Gracia escribió este libro como respuesta al gobierno de derechas que hubo en España entre 2011 —cuando Rajoy ganó las elecciones generales con mayoría absoluta— y 2018 —cuando se produjo la primera moción de censura exitosa en la democracia, que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno—.

Hay que recordar que en 2015 se celebraron elecciones generales. El PSOE había sido hasta entonces el partido hegemónico de la izquierda española y se temía que se produjera el sorpasso por parte del recién ascendido Podemos. Dicho sorpasso no se produjo. Más cerca estuvo de hacerse realidad en las elecciones generales de 2016 —cuando estuvieron apenas a catorce escaños de diferencia— porque, en efecto, se repitieron las elecciones al no llegar a acuerdos.

Para no repetir los comicios por tercera vez, el PSOE, en ese momento liderado por Pedro Sánchez, se planteó dejar gobernar a Rajoy. Sin embargo, Sánchez estaba convencido de que su partido no debía seguir esa línea y facilitar un gobierno de derechas. Por ello, dimitió como secretario general del partido. El PSOE, con el camino libre, tendió la mano a Rajoy para que hubiera un gobierno estable. No en mi nombre, dijo Sánchez, y entonces resonó en toda la España socialista el «no es no» que, tras las elecciones generales de 2019, sería reemplazado por el «con Rivera no». España es un país de eslóganes cortos y si conllevan negación, mejor.

El PSOE es el actual partido del Gobierno —escribo esta reseña el 1 de junio de 2020—, ese al que los más progresistas quitan la O de obrero y los más conservadores, la E de español. Según algunos, el PSOE es de izquierdas. Según otros, de centro-izquierda. Y hay quien dice que ni eso.

El surgimiento de Podemos en 2014 hizo que el PSOE perdiera la hegemonía total de la izquierda en España para hacer hueco a ese partido que se fue agrandando a gran velocidad. Sin embargo, pronto se desinfló. Entonces, con el PSOE rendido al PP y Podemos desinflado, con las mentiras creciendo como enanos y las utopías prometidas destapándose, la izquierda corre el riesgo de caer en una crisis que no aboque a un gobierno no deseado por ningún progresista que se precie. «O la izquierda es pragmática, irónica, recelosa y pesimista o seguirá siendo el auxiliar de campo de la derecha real, estable, imperturbable y optimista», dice Gracia.

En septiembre de 2019, Pedro Sánchez afirmó que «no dormiría tranquilo» si tuviera a ministros de Podemos en el Gobierno. En la actualidad, esa es la realidad. Una mentira, clara y a plena luz del día. La primera de muchas que deben evitarse, aunque en política eso es casi imposible. Lo malo de ser tan moralistas y prometer cosas tan buenas para todos es que, si no las puedes cumplir, el pueblo se desencanta. Y si detectan la doble vara de medir que tienes como partido, entonces apaga y vámonos.

Por eso Gracia busca en estas páginas la renovación de la izquierda española. Aquí escribe numerosas premisas que cree que la izquierda no debe hacer y que, sin embargo, ha estado haciendo o aún hace. Por ejemplo, criticar el «Régimen del 78», «sabotear las leyes que no gustan», «el fundamentalismo de la corrección política» o llamar facha a todo aquel que discrepe de cualquier punto de tu argumentario o ideología —con esto último se corre el riesgo de desvirtualizar el término y olvidar lo que fue verdaderamente el fascismo—.

Ser independentista y apoyar ese «relato ajeno y tácitamente supremacista» tampoco es de izquierdas, dice el autor, y no puedo estar más de acuerdo. Parte de la izquierda española actual está falta de coraje y le compra el discurso al independentismo sin tener en cuenta —o sin querer tenerlo— que es un movimiento básicamente «insolidario y antiguo». La izquierda no ha sabido dar respuestas a temas como este. Y si lo da, es a favor de ese movimiento que no es precisamente de izquierdas.

La hipocresía está presente en la política, pero a la izquierda se le culpa por ella más de lo común, y en realidad debería evitarla siempre. Por ejemplo, la pasión por el anticapitalismo es normal en una parte de la izquierda española. Sin embargo, esto no encaja con sus niveles de vida o el consumo que hacen de productos capitalistas y la adoración por las marcas. «Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga», en definitiva.

El desgaste de la socialdemocracia —PSOE— por la crisis, el surgimiento de Podemos, los cambios sociales y la visión de la política de los más jóvenes ha de mostrar que se necesita un cambio de esquema, una visión diferente que atraiga con argumentos en lugar de repeler con mentiras o persuadir con utopías.

Por eso, considero que este libro es muy interesante. Por el título pueden confundirse sus objetivos. Sin embargo, es un opúsculo esencial para cualquiera que se defina como progresista y que se sienta descontento con la actual izquierda española. Hay que replantearse muchas cosas, revisarlas y dejar de poner paños calientes, por ejemplo, a aquellos movimientos que se definen como pacíficos o mártires de la libertad pero que muestran un egoísmo y una insolidaridad casposa. Porque eso no «está guay»: es incompatible con la izquierda.

La izquierda debe saber buscar la forma de poner en marcha sus ideas. Pero unas ideas que puedan llevarse a cabo, que beneficien a los más necesitados. Pero también debe saber tender la mano en los momentos que así lo requieran. Por eso dice el autor: «Ser de izquierdas es preferir el mal acuerdo a una batalla destructiva; ser de izquierdas es dar la batalla para conseguir un mal acuerdo».

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