Autor/a español/a · Narrativa

El Evangelio, de Elisa Victoria

El Evangelio (Blackie Books, 2021), de Elisa Victoria.

Entre cirios y cruces crece la fe de Lali. No es fe religiosa, sino una esperanza ingenua en que los niños a los que da clase nunca pierdan parte de su inocencia y que no se conviertan en adultos aburridos o egoístas. Lali es una joven estudiante de Magisterio que alterna sus prácticas en un colegio religioso que le ha tocado sin solicitarlo con su trabajo precario en el Telepizza, además de ser la protagonista de El Evangelio (Blackie Books, 2021).

Los capítulos de esta novela son días no sucesivos entre diciembre de 2006 y febrero de 2007, en los que la narradora y protagonista relata su trayectoria vital, su trabajo y su vida familiar. Lo hace aludiendo a su difícil situación de joven con trabajo precario y un hastío vital imposible de soportar. Elisa Victoria (Sevilla, 1985) ha creado a una protagonista de veinte años que lucha por mantener la inocencia, la frescura y la alegría en un mundo, el actual, donde la precariedad mina la moral y las esperanzas de un futuro estable de los jóvenes.

En el colegio religioso privado donde está haciendo las prácticas también quiere que sus alumnos conserven el entusiasmo por la vida y que eviten convertirse en adultos malhumorados por culpa de la acumulación de responsabilidades y problemas. Victoria vuelve en estas páginas a la primera persona que ya empleó con gran éxito en Vozdevieja. A la narradora, Lali, la ropa le queda grande, como la vida. Es una heroína moderna que, con el recuerdo reciente de su infancia, quiere evitar que los niños que la rodean padezcan la vida como lo ha hecho ella.

El Evangelio es un diario donde Lali recoge la rutina de esos días escogidos, una historia que podría ser la de cualquier joven de la generación Z o millenial. Cuando la narradora describe sus experiencias con su clase de niños de cinco años, lo hace con tal verosimilitud que el lector puede transportarse a una clase de infantil. Aunque ella no tiene fe religiosa (está de prácticas en un colegio religioso por un error suyo), sí la tiene en el ser humano, concretamente en esos niños.

Lali comparte sus miedos, sus obsesiones, sus preocupaciones y, sobre todo, su resignación ante un mundo que está mal hecho mientras alterna sus prácticas con su trabajo, su vida familiar y sus momentos de ocio. Piensa en personajes solubles como Fernando y añora a otros que, directamente, son fantasmas como Diana. Ella, al estar en contacto diario con niños, también suscita interés en cómo se les enseñan las materias básicas. Analiza las ideas que la sociedad les inocula, como puede ser el emparejamiento (heterosexual, por supuesto) desde una edad muy temprana. La narradora piensa en cómo esos niños, unos años más tarde, serán adultos con ideas, comportamientos, quizás complejos y seguro problemas.

Ser joven no está reñido con tener vitalidad y optimismo si las circunstancias no son las mejores. Critica al sistema en general y al educativo en particular, así como a la sociedad que trata con mala actitud a los empleados que están de cara al público. El lenguaje crítico de Elisa Victoria siempre es majestuosamente vasto. Los jóvenes como Lali miran el futuro con incertidumbre y pesadez vital pese a su corta edad. ¿Es Lali un miembro de honor de la generación de los ofendiditos? ¿O hay un problema mayor que nos negamos a ver para evitar arreglarlo? Victoria invita a plantearse muchos temas: ¿Por qué hacemos lo que hacemos diariamente? ¿Con qué objetivo salimos de fiesta y volvemos con resaca? ¿Por qué debemos madrugar desde que tenemos tres años para ir al colegio hasta que nos jubilamos? ¿Qué es todo esto y por qué está tan mal planteado?

El Evangelio deja demasiadas preguntas y un humor ocasional que puede derivar en desangelación. Suspiro tras suspiro, la fe del lector al terminar la novela es que Lali exista en la realidad, muchas Lalis en muchos colegios, para que enseñen a los niños a construirse como personas justas y dispuestas a buscar sus momentos de felicidad en la vida. Contraria a la teoría de que esto es un valle de lágrimas, Lali, todas las Lalis del mundo, crean un proyecto un Edén particular, aquí mismo, dentro de este libro, para quien lo quiera visitar.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Imposible no acordarse de Bendita tú eres, de Carlos Barea, cuando lees este libro. No por la trama, que no tiene nada que ver una con la otra, sino por otras razones: títulos religiosos, argumentos que precisamente rechazan la religión, autores jóvenes y que, además, son andaluces. También ocurre con Hágase mi voluntad, ese giro del Padrenuestro que Ángelo Néstore aplica al título de un poemario suyo (de nuevo, título religioso, autor joven y andaluz).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s