Autor/a extranjero/a·Narrativa

“La fiebre del heno”, de Stanislaw Lem

Y habría ocurrido porque actualmente vivimos en un mundo regido por la casualidad. En un gas molecular humano que es caótico y que con sus «improbabilidades» sólo asombra a los átomos aislados: los individuos. En un mundo en que hoy ya se antoja banal lo que ayer aún era extraordinario, y lo que hoy es extremo, mañana será la norma.

La fiebre del heno, de Stanislaw Lem

La fiebre del heno (Bruguera, 1978), de Stanislaw Lem y traducido por Pilar Giralt Gorina, es un libro considerado como una de las obras maestras de la ciencia-ficción. Y ahora que lo he leído, he de decir que me esperaba más de ciencia-ficción, porque esta es una novela esencialmente policíaca y de intriga.

Cuando me la presentaron como una de las mejores novelas de ciencia-ficción, me empecé a oler el futurismo que destilaría la obra. Sin embargo, se fundamenta en la novela policíaca embargada por la intriga y la tensión. Cabe destacar, por cierto, antes de continuar, que la fiebre del heno es una enfermedad real, también conocida como rinitis, algo común que yo mismo padezco, pero cuya denominación como «fiebre del heno» desconocía totalmente.

En esta novela, el protagonista es un astronauta estadounidense que ha vuelto a la Tierra después de estar por el espacio. Después de manipular unos objetos electrónicos que parece insertarse en la piel, se nos muestra preocupado, aunque no en exceso, y parece estar siendo perseguido por alguien. Durante la novela, recorre Italia y Francia, y asegura que el ser humano no está hecho para el cosmos y que precisamente por eso nunca renunciará a él.

Rodeado por muchas muertes sospechosas y con cierta relación entre sí que el protagonista presenta y desmenuza al lector en un buen puñado de páginas, este se dispone a descifrar las once muertes consideradas como crímenes. Para ello, él y su equipo investigan y buscan patrones en común que las víctimas tuvieran. Y entra en juego el valor de la realidad. Qué es la realidad, qué existe ahora, esto que estás leyendo o acaso el sueño es esto y la realidad es otra que ignoramos. Quién sabe. Y también se habla de las casualidades, que también darían para un buen rato de coloquio.

Entre estas páginas también discurren conversaciones sobre drogas, enfermedades y locuras, una enajenación mental que el propio protagonista, tan lúcido él, padece al final de la novela, cuando la niebla se disipa y vislumbramos la solución a todo gracias a un Deus ex machina que se aparece para echar el telón. Y con alucinaciones, visiones imposibles y algún que otro dejà vu termina la historia.

Con alguna que otra escena de acción y tensión, Lem hace que el lector empatice con el protagonista a través de una ágil narración en primera persona. En todo momento, el autor teje la historia y ata cabos de manera que todos los hilos quedan bien engarzados. Una novela que atrapa, absorbe y que, quizás, decepciona un poco al final, pero cuya trayectoria narrativa a lo largo de sus casi doscientas páginas compensa por su ritmo narrativo y la capacidad de captación del lector.

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