Autor/a extranjero/a·Narrativa

Mi planta de naranja lima, de José Mauro de Vasconcelos

Mi planta de naranja lima. Historia de un niño que un día descubrió el dolor (Libros del Asteroide, 2012), de José Mauro de Vasconcelos y traducido por Carlos Manzano.

-¿Estaría mal que me echara a llorar?

-Nunca está mal llorar, bobo. ¿Por qué?

-No sé, aún no me he acostumbrado. Parece que aquí dentro mi jaula se ha quedado muy vacía.

José Mauro de Vasconcelos, Mi planta de naranja lima

Mi planta de naranja lima (Libros del Asteroide, 2012), de José Mauro de Vasconcelos y traducido por Carlos Manzano, es un libro que se publicó por primera vez en 1968 en Brasil, tierra natal de su autor, José Mauro Vasconcelos, que nació en Bangu, un barrio más que humilde de Rio de Janeiro.

La novela es una obra de imaginería envidiable en la que Vasconcelos teje la infancia de Zezé, un niño de entre cinco y seis años que es el fiel reflejo del autor. Zezé vive en un ambiente duro donde no cesa de recibir palizas y donde encuentra como mejor amigo a un pequeño árbol de naranja lima al que llama Minguinho. Por eso el subtítulo del libro reza «Historia de un niño que un día descubrió el dolor».

La portada del libro es quizás uno de los actos más representativos de lo que es la niñez, que es el acto de ir a la playa con un flotador, y la traducción de Carlos Manzano es sobresaliente. En todo momento la novela parece estar escrita efectivamente por un niño que sortea obstáculos para ir saliendo adelante, para evitar las humillaciones por ser hijo de india (lo cual era un estigma en el Brasil de la época), para mantener su dignidad entre tantos golpes y que convive con su dura infancia sin ocultar su tristeza y sus ganas de acabar con todo y, así, poner fin a su sufrimiento (recordemos que el niño tiene solo cinco años).

Esta obra comparte matices como es de suponer con la literatura sudamericana de la época, y leyéndola se encuentran similitudes con el realismo mágico de García Márquez o Rulfo. La novela tiene mucho jugo y podría servir para hacer un análisis minucioso del Brasil de la época, de lo que supone la más temprana infancia y de la amistad, que es un tema recurrente entre el niño y el árbol y algún que otro humano.

Zezé plantea qué es la amistad y qué valor tiene en él la complicidad de su amigo Valadares o del árbol de naranja lima. Es una amistad nada semejante a la que se narra en libros como El último encuentro, de Sándor Márai, donde obtiene un cariz más dramático y solemne, sino más ingenua y no por ello menos valiosa, quizás al contrario.

Así, entre el amor a la naturaleza y el desconsuelo de una infancia febril, Zezé nos guía por su niñez a través de multitud de diálogos y de una agilidad narrativa que hacen de esta novela la más fácil de leer que yo recuerde.

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