Autor/a español/a·Ensayo

“La inteligencia fracasada”, de José Antonio Marina

El triunfo de la inteligencia personal es la felicidad. El triunfo de la inteligencia social es la justicia.

José Antonio Marina, La inteligencia fracasada

La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez (Anagrama, 2016), de José Antonio Marina, es un libro que parecía ser tedioso, pero ha terminado gustándome muchísimo. Es el primer libro que leo de este gran filósofo español, y su objetivo es reducir la vulnerabilidad humana, tal y como dice Marina.

En él habla, de forma amena y con numerosos ejemplos, de la investigación que hay que realizar acerca de la estupidez, porque es una amenaza. El autor, por supuesto, quiere que triunfe la inteligencia, cuyo objetivo es lograr la felicidad, aunque luego realmente se llene de desdicha. Él define la inteligencia como “capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada, aprendida, elaborada y producida por él mismo”, y divide sus fracasos en diferentes tipos, con sus correspondientes causas y consecuencias.

La vergüenza, la intolerancia, los prejuicios, las supersticiones, el fanatismo o la incapacidad de tomar decisiones son dos ejemplos de posibles causas del fracaso de la inteligencia. La razón es necesaria para la supervivencia, asegura Marina, y también para la felicidad. La inteligencia, además, está al servicio de las emociones, que nos pueden llevar al fracaso. Igual que tenemos que hacer alarde y un buen uso de una característica íntegramente de los humanos como es la razón, también tenemos que hacerlo con otra, el lenguaje. Pues una dificultad del habla (como consecuencia de una inteligencia fracasada) puede derivar en agresividad del emisor al ver frustrado su intento de hablar correctamente. Y, por otro lado, el silencio, dice el autor, “enferma al enfermo”.

No solo habla Marina de la razón, sino también del amor. Porque son diferentes los temas que el filósofo toca mientras rodea siempre el eje del ensayo, que es el fracaso de ciertas inteligencias. Pretende salvar estas inteligencias de la debacle y dirigirlas hacia dos objetivos principales: la felicidad y la justicia, tan difíciles de lograr como utópicas. De la felicidad ya hablé en otra reseña hace unos días (El arte de la vida, de Zygmunt Bauman). Parece ser un tema recurrente en los últimos tiempos, tanto en ensayos como en libros de autoayuda. Y lo es con razón, pues podría decirse que lo máximo a lo que una persona puede aspirar es a la felicidad.

Me voy a reprimir para no desvelar nada más de este libro y así dejar el gusanillo para leerlo, porque es esencial que mucha gente lo lea. Lo considero imprescindible y muy útil, así que ya estás tardando en comprarlo y devorarlo. No dejes que tu inteligencia fracase y aférrate a este libro como si de él dependiera tu felicidad.

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