Autor/a español/a·Ensayo

El último que apague la luz, de Lluís Bassets

El último que apague la luz. Sobre la extinción del periodismo (Taurus, 2013), de Lluís Bassets.

Paren las rotativas, fin del periodismo.

El último que apague la luz. Sobre la extinción del periodismo (Taurus, 2013), de Lluís Bassets, es un libro que sobrecoge por el pesimismo del que hace gala. Más que pesimista, es realista, hay que admitirlo, pero a un estudiante de Periodismo como yo no deja de resultarle alarmante que un periodista tan avezado como Bassets (exdirector adjunto de El País) hable del fin del periódico impreso como algo tan próximo. Porque con su fin llegarán cambios en el periodismo tal y como hasta ahora lo hemos venido conociendo, y esos cambios se están sucediendo de manera tan vertiginosa que apenas llegamos a vislumbrar un precipicio al final del túnel en lugar de una luz. Y si existe dicha luz, que el último en salir la apague, vayamos a gastar más luz de la necesaria, que no están el horno para bollos.

Es un hecho que cada vez se compren menos periódicos en papel y se prefieran las ediciones online de los periódicos, yo me incluyo entre ellos por la comodidad y la gratuidad. Si embargo, esto tiene consecuencias desastrosas, pues sin ediciones en papel se van gran parte de los ingresos (al irse las ventas y la publicidad). Con menos ingresos, hay que reducir gastos. ¿Cómo? Pues reduciendo la plantilla, por ejemplo. Y esto hace que haya menos periodistas. Consecuentemente, habrá menos contenido o contenidos de menor calidad que antes. Si el contenido tiene menor calidad, los lectores desecharán la idea de leer a ese periódico y preferirán a otros o incluso a la radio o a la televisión, y esto se convertirá en un círculo vicioso que terminará con el fin de la prensa.

Una de las causas de esto es la grave crisis económica (Bassets dice que realmente es un cambio de época) que nos afecta desde hace ya once años. Pero también se pueden atribuir otras causas, como la aparición de las redes sociales o el desarrollo de internet, el cual, según Bassets, a partir de la crisis «se ha convertido en fuente de todas la crisis y de todos los males». Bassets, obviamente, defiende el buen periodismo, aquel que prioriza la independencia de la autoridad, el pluralismo, la autorregulación, el secreto de las fuentes y por supuesto la libertad, porque no puede haber una democracia sin periodismo ni viceversa (siempre y cuando ese periodismo sea libre y sus informaciones, contrastadas y fiables), y critica su gratuidad actual. Bassets prefiere menos noticias, pero mejor trabajadas y contextualizadas. Y tiene razón en decir que actualmente encontramos muchas noticias que realmente no son noticias, pero que nos presentan como hechos noticiables y nosotros lo terminamos creyendo de tanto verlas en los medios.

Igualmente, Bassets pide un periodismo que vaya hacia la verdad (es tan obvio como necesario repetirlo), hacia los ciudadanos, y que verifique siempre aquello que va a publicar antes de hacerlo. Porque, prosigue, la institución ya ha muerto y el oficio se acaba, e incluso duda de que el periodismo siga llamándose «periodismo» dentro de unos años (ya no habrá «periódicos» que salgan de forma «periódica», por tanto: ¿por qué seguir llamándolo «periodismo»?). Bassets también habla sobre su experiencia en el mundo del periodismo, de cómo era este durante el franquismo (ceñido a las pautas de la censura) y durante la Transición. En definitiva, del periodismo en la reciente historia de España. Y también toca temas como el auge de WikiLeaks de mano de Julian Assange, de sus famosas filtraciones, ventajas e inconvenientes de la primera y de la megalomanía del segundo, asegurando que WikiLeaks fue, al final, un chasco. Sin duda, el futuro del periodismo debe ser distinto a como lo querrían personas como Assange.

«Allí donde no hay buen periodismo empieza el estercolero donde crecen las peores flores de la corrupción, la delincuencia, el terrorismo y los Estados fallidos», asesta Bassets. Otro de los problemas que afronta el periodismo es la discusión de si el «periodismo ciudadano» debería o no ser considerado como periodismo. Y con un solemne «el último que apague la luz» termina el libro. Me gustaría saber qué opina Bassets hoy sobre esto, porque este libro ya tiene unos cuantos años. Sin duda, pensará lo mismo, o incluso adelantará aún más el fin del periódico impreso.

Sea como fuere, estoy seguro de que el periodismo tal y como lo conocemos está cambiando a ritmos muy acelerados, pero sobrevivirá (al menos eso espero) durante mucho más tiempo. Creo que algunos periódicos necesitan un cambio, porque por momentos huelen a «amiguismo político» que echa para atrás. Hay que defender la libertad y el buen periodismo, cueste lo que cueste. Mientras unos vamos encendiendo luces, otros las irán apagando para dejarnos a oscuras y pillarnos las cosquillas. Solo queda confiar y seguir trabajando por el oficio del periodismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s