Autor/a extranjero/a·Ensayo

“Confesiones de un joven novelista”, de Umberto Eco

Confesiones de un anciano novelista, mejor dicho.

Confesiones de un joven novelista (DeBolsillo, 2016), de Umberto Eco y traducido por Guillem Sans Mora, es un libro que por fin he añadido a mi lista de libros leídos de Umberto Eco. Y de listas precisamente habla Eco hasta el aburrimiento en las páginas finales del libro. Dicen ser estas las confesiones de un joven novelista, pero el propio Eco admite que escribe esas páginas cuando va a cumplir setenta años. La razón de que ponga joven es que él siempre ha sido un académico que publicaba ensayos y, por tanto, como escritor de novelas sí es realmente un novato, un joven con poca experiencia (qué más experiencia querrá después de tener tal éxito con El nombre de la rosa).

Eco habla en este libro de diferentes temas. Empieza preguntándonos dónde reside la creatividad del escritor y si es un novelista más creativo que un filósofo (he interpretado que él piensa que no necesariamente, claro). A partir de aquí cuenta su experiencia con su primera novela publicada y la más exitosa (El nombre de la rosa), también habla sobre cómo le surgen las ideas, rechazando aquello de la “inspiración” y admitiendo que necesita estar en los escenarios sobre los que va escribir para poder describirlos lo más verídicamente posible.

Eco también se introduce en el campo de la interpretación de los textos, y de las conjeturas que los lectores pueden sacar de ellos, además de la relación que los lectores pueden establecer entre el libro (o alguno de sus detalles) y otros libros o acontecimientos de la vida real. El escritor italiano se desnuda en este libro, aunque a veces cuesta entender algún palabro de esos de erudito estudioso del tema, y desvela muchos detalles sobre sus novelas con total afabilidad y algún que otro toque de sutil humor.

También habla Eco sobre las relaciones que pueden establecerse entre los personajes de un libro y el lector, que puede llegar a formar una estrecha relación que empuje al lector a las lágrimas cuando el personaje en cuestión fallezca en el libro. Son mundos ficticios, sí, pero Eco explica con palabras técnicas (y con muchos ejemplos) cómo estás relaciones se pueden producir. Así, expone el ejemplo de personajes como Madame Bovary, o el suicidio de Anna Karenina (vaya spoiler me hizo ahí para echar por tierra mi misión de leer el libro de Tolstoi próximamente).

Sin embargo, no deja atrás su verdadera especialidad: la semiótica, y desarrolla teorías de la interpretación y algún que otro párrafo complejo, dejando de lado lo que yo creía que trataría más en el libro: la rutina de escritura de sus novelas. Sí se adentra, como dije anteriormente, en el mundo de las listas, porque Eco es un escritor obsesionado con ellas, y presenta numerosos casos de otros escritores que también introdujeron listas, algunas más incongruentes que otras, en sus libros, sobre todo en las descripciones de lugares. Sin embargo, dice Eco, todas las enumeraciones tienen algo de congruentes y no son todas totalmente caóticas (esto es algo así como cuando yo digo que de todos los libros se puede aprender algo y que ninguno es suficientemente malo como para tirarlo a la basura, aunque cada vez creo menos en eso por experiencia lectora).

Yo mismo tengo mis propias listas. Soy un poco maniático, perfeccionista y metódico, lo admito, y eso me ha llevado a, desde pequeño, hacer listas. Tengo una lista exorbitante de palabras cuyo significado desconozco y que, cuando tengo tiempo, voy vaciando para ponerlas, ya con su significado al lado, en otra lista. Tengo también una lista con el nombre de todas las películas que conozco, las haya visto o no, para, precisamente, ver en el futuro aquellas que tenga sin ver. Y otra, pero de escritores, por cuyas obras me interesaré cuando tenga tiempo en unos años. Por supuesto, tengo otras listas como mi infinita lista de libros que quiero comprarme (más de setecientos y subiendo) y la de libros que he leído a estas alturas del año.

En definitiva, me esperaba de este libro un recorrido de Eco por sus novelas, por su rutina, por los escritores o las obras que le influyeron. Pero no, ha sido un ensayo complejo, solo unas pocas veces enrevesado, sobre la escritura y alguno de sus aspectos más intrínsecos. Sea como fuere, tengo más ensayos de Eco que abordaré cuando tenga más tiempo (no paro de repetir eso de tener más tiempo, lo siento), y este libro, aunque me lo esperaba diferente, me ha ayudado, al menos, a aprender mucho y a conocer más a fondo la obra de este espléndido escritor al que admiro tanto.

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