Autor/a español/a·Narrativa

“El novio del mundo”, de Felipe Benítez Reyes

Una obra de arte.

El novio del mundo (Tusquets, 2008), de Felipe Benítez Reyes, es un libro magnífico que da muchas vueltas y que puede llegar a marearnos más aún que al protagonista las mujeres. Esta novela comienza en Melilla y termina en Melilla (es circular), y el protagonista es el alma de la fiesta: Walter Arias, de familia gijonesa, pero nacido en Bogotá porque su padre, un diplomático, se encontraba allí trabajando en el momento de su nacimiento.

Walter nos dice que en realidad se llama Guillermo, cosa que luego resulta ser también falsa, y que adoptó el nombre de Walter por el personaje literario Walter Peter. Así, Walter nos relatará a lo largo de 461 páginas toda su vida, con pelos y señales, lo que me recordará inexorablemente a dos obras de reciente lectura y reseña: El palacio de la luna de Paul Auster (los protagonistas de sendas novelas tienen cierto parecido, por sus aventuras y su desenfreno) y Mujeres de Charles Bukowski (por el desenfreno amoroso y sexual del protagonista). También hay una escena del libro, que realmente no tiene ninguna importancia, en la que Walter entra a trabajar a una oficina junto a tres o cuatro (no lo recuerdo bien) “monstruos”. Y esa escena me recordó en cierto sentido a mi novela favorita (La conjura de los necios de John Kennedy Toole), cuando el protagonista (mi apreciadísimo Ignatius Reilly) entra a trabajar en una oficina donde los trabajadores no son “monstruos”, pero sí especímenes extraños: un tal señor Gómez y una anciana con alzhéimer que se quiere marchar de su puesto de trabajo contra la voluntad del propietario de la empresa. En fin, un escenario también bastante curioso.

En esta novela hay mucho sexo por parte del protagonista, y también infidelidades (por eso no he podido evitar acordarme de Bukowski y su Mujeres). Parece increíble el giro que da la, aparentemente, acomodada vida de Walter Arias durante su niñez. Tras la muerte de su madre y su inicio en el trotskismo, Walter dará un giro de 180 grados, de modo que no opte por un camino fijo y asfaltado, prefiriendo asimismo uno con baches, aventuras, vaivenes y curvas (y Walter va sin frenos)… El naufragio emocional de Walter es importante cuando sus aventuras comienzan, porque incluso llega a ser encarcelado.

Finalmente, Walter se casa, sí, con una famosa llamada Wendy, a la que también traicionará, no pudiendo reprimir su instinto sexual. Así, al final acabará en Ámsterdam, donde firmarán su certificado de defunción y despertará repentinamente, como dije, en Melilla, donde su amigo del alma durante los últimos años, Mani, le dirá que camine delante de él antes de, supuestamente, pegarle un tiro por la espalda y dar fin a la filosófica (la novela es filosofía pura, filosofía de vida y filosofía de existencia, de mundo, de Walter) vida del protagonista.

Cabe destacar que hasta las primeras 70 páginas más o menos me estaba encantando el libro, pero mucho, mucho. Luego, las aventuras desenfrenadas y el ir y venir de mujeres ya lo encontré en otros libros como los anteriormente nombrados y no son aspectos que me llamen la atención de las novelas, pues pueden llegar a aburrirme. Sin embargo, no fue demasiado traumatizante leer el resto del libro, porque siempre se mantuvo la intriga, la filosofía de Walter, con humor a veces, y cuando lo terminé deseé volver a empezarlo de nuevo. Porque las últimas palabras son demoledoras. En ellas, Walter, presintiendo su muerte anunciada, se pregunta si ahora caerá en el olvido la vida de su abuelo, la nostálgica vida de padre, la vida de su madre, la de aquel Fede enganchado a la masturbación, la de aquella Cindy de las bragas manchadas, la de Vani, la de Lupe, la de su colega Sergi Rex… La de, incluso, Wendy. La suya propia.

Es una obra de arte, una maravilla que compré hace menos de un año y que me alegró que se cumplieran 20 años este 2018 de su publicación. Animo a todos y todas que se lancen a la aventura de este libro delirante y tan conmovedor por momentos. Hay que mirar más allá de Walter y de lo que dice. No nos fiemos demasiado de los protagonistas, hay que mirar en sus orígenes, en esas fuerzas que lo llevaron por caminos sinuosos que lo terminaron matando con cuarenta y dos años en una ciudad extranjera de sí misma, tal y como le pronosticaron un tiempo atrás a él mismo. Espero que no caiga este libro en el olvido igual que la vida del gran Walter Arias.

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