Autor/a extranjero/a·Narrativa

“El palacio de la luna”, de Paul Auster

La luna, siempre la luna.

El palacio de la luna (Booket, 2017), de Paul Auster y traducido por Maribel de Juan, es un libro que me compré sin apenas esperanzas. Tras ver la portada, con cierto encanto, pero sin más trascendencia, me desencanté. Sin embargo, su interior me ha sorprendido mucho, y me alegro de haberlo leído.

Nunca había leído nada de Auster, y ahora tengo el placer de decir que, al menos en esta novela, ha conseguido que me guste su forma de escribir y de contar historias. Esta en concreto está protagonizada por Marco Stanley Fogg, un chico cuya madre murió cuando él era pequeño y que nunca conoció a su padre. Creció junto a su tío Victor, un clarinetista de poco éxito que le regaló sus casis 1500 libros cuando se fue de gira por Estados Unidos. En plena gira, su tío muere y Fogg se encuentra solo ante la vida.

Marco empieza a vender los libros de su tío para subsistir, y llega un momento en el que, al acabar la carrera, empieza a vivir en Central Park y a comer lo que encuentra en la basura, sin interesarse por buscar trabajo y revertir esa situación. Un día, el que había sido su compañero de piso en la universidad (Zimmer) y una mujer a la que había conocido hacía poco de casualidad (Kitty Wu) lo rescatan de la calle y lo cuidan (de hecho, Kitty Wu está enamorada hasta las trancas de Marco).

Aun así, Fogg trata su pobreza con ironía y humor en ciertas ocasiones. Lo declaran “inútil” para ir al ejército y a la Guerra de Vietnam, y encuentra un trabajo como “amigo” de un anciano cascarrabias al que pasea y con el que conversa en su casa. A mí, lo digo con sinceridad, me gustaría tener un amigo como Zimmer (con el que realmente me identifico en ciertos aspectos) y una amada como Kitty Wu. Con el anciano Effing tienen lugar mañanas y tardes llenas de erudición, de historias que el viejo le cuenta, como aquella vez que conoció a Tesla o como aquella otra en la que sobrevivió en mitad del desierto de Utah cuando todos le daban por muertos (esta concretamente es una historia increíble, me ha encantado). Auster deja todos los cabos atados, admiro eso por su parte, y las historias que cuenta el anciano me han enganchado mucho, mucho. He aprendido con ellas historia, por cierto. Me encantaría desvelar algunas revelaciones trascendentales que tienen lugar a lo largo de la novela, quién es realmente el viejo al que Marco cuida o quién es realmente el tal Salomon Barber que luego conoce y que muere en un viaje a los orígenes de Marco. Pero me voy a resignar a contar los hechos por encima, aunque he de decir que hay muchos giros en la historia, ya digo, muchas coincidencias. La novela gira, como ya he dicho, en torno a las coincidencias, a todas las sincronizaciones que tienen lugar alrededor de la vida del protagonista, que no son pocas como el lector podrá deducir tras leerla.

Este es un libro que me recuerda, en cierto modo, a la película Intocable y al libro Martes con mi viejo profesor de Mitch Albom. También me recuerda en un aspecto clave al libro Expiación de Ian McEwan. Este aspecto es que, en ambas novelas, al menos una mujer se encierra en su habitación porque tiene migraña o porque se ha vuelto loca y tiene necesidad de sosiego. Y digo que es un aspecto clave porque tanto Marco como Solomon se han criado sin una presencia materna y mucho menos paterna. Es una historia increíble y sin parangón en el que se reúne el ambiente de Estados Unidos en los años cuarenta y cincuenta sobre todo, los estereotipos, dos breves referencias a los Black Panthers por ejemplo y el rechazo a las personas de raza negra o a los asiáticos por parte de uno de los personajes.

Al final, la felicidad suprema de la que Marco hacía gala se torcerá por varios frentes y acabará sus días en el Oeste, donde empieza el Pacífico y donde acaba su país, con la esperanza y la ilusión de empezar de nuevo su vida con veinticuatro años después de haber vivido los últimos seis con mucha intensidad y de haber conocido a personas que jamás creería que conocería.

Cabe destacar que el título hace referencia a un restaurante cuyo cartel de neón veía Marco mientras vivió independiente por primera vez en un piso. Hay numerosas referencias a la luna, y con la luna termina este maravilloso libro, cuando la oscuridad se cierne sobre Marco.

Me ha cautivado la historia de Marco y las historias de todos los personajes que lo rodean. Me lo volveré a leer alguna vez, porque quiero recordar todo lo que sucede que es tan espectacular.

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