Las maravillas (Anagrama, 2020), de Elena Medel.
«Incluso para protestar hay que tener dinero», porque si no te pilla trabajando y no puedes defender tus derechos. Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2020, Las maravillas (Anagrama, 2020) expone la problemática de la precariedad en el mundo laboral actual y de antaño. Esta es la primera novela de Elena Medel (Córdoba, 1985), directora de la editorial La Bella Varsovia.
La historia transcurre entre Madrid y Córdoba entre 1969 y 2018, alternando las etapas y pasando por otros años como 1984 o 1998. Hay dos protagonistas: María, que a finales de los años sesenta del siglo XX va de Córdoba a Madrid para trabajar, y Alicia, que hace el mismo camino en la actualidad. Ambas protagonistas ejercen un papel laboral donde la precariedad carcome sus esperanzas de progreso e independencia económica.
Narrada en tercera persona, la novela transcurre a través de la historia de España, desde la dictadura hasta la actualidad pasando por la transición. La precariedad se percibe en cada palabra de la novela. Hay pasajes en los que cada letra parece estar manchada de aceite usado o lejía. Las ataduras del matrimonio, que encorseta a veces la libertad de la mujer, también tiene presencia en una novela llena de temas y reivindicaciones varias.
Al principio de la novela, María ve una manifestación feminista, de la que ha escuchado hablar algo de pasada, pero sigue su camino. Los cambios en el tiempo y en las épocas se palpan en la personalidad de cada nuevo personaje y en diversos actos. La pertenencia a una asociación tiene una presencia destacable, ya que supone un cambio en la manera en que muchas mujeres se sienten escuchadas y comprendidas. «Pensad en el día en que se planteen que nosotras pensamos por nuestra cuenta».
En Las maravillas entran en juego las responsabilidades, los cuidados y la suerte de nacer en otros lugares y en familias con otro estatus económico. El cuidado de los hijos de los demás, el reconocimiento del hijo propio y la maternidad de otras mujeres en las manos propias son temas recurrentes cuando el dinero —la falta de este, claro está— no deja otro remedio.
El dinero separa y cambia. Medel retrata una época que va desde Franco hasta el 8-M pasando por Felipe González. Una España de trabajo precario, una madre que no sabe cómo es su hija y una hija que no sabe quién es su madre. Otro de los reclamos es el reconocimiento del lugar de donde se es, sin intentar ocultar acentos.
La narradora imprime su mirada atenta y su pulso suave para construir diferentes espacios que confluyen en un lugar común: la precariedad. Las maravillas de las que habla el título son las riquezas, los privilegios ajenos, que vistos con ojos de niño se hacen magnánimos, admirables. De nuevo la familia tiene una presencia importante como principio y fin y también como eje del misterio de la propia existencia. La narradora también habla sobre la transición de una familia en el ámbito económico: desde la pobreza hasta el boato, y vuelta a empezar. Progreso y ascensión de poder adquisitivo. Pero todo lo que sube baja.
Fingir, no exponer las emociones en exceso y equilibrar los sentimientos y las situaciones que los generan son reglas básicas para fortalecerse y sobrevivir. Personajes como Soledad, Chico, Pedro y Eva configuran un elenco que rodea a las dos protagonistas. La falta de dinero coloca a la gente en situaciones que no desean y que destruyen sus trayectos vitales durante los años que le restan de existencia. El dinero es el eje en torno al cual se mueven todas las vidas, como en la realidad. Un tiovivo que sube y baja llevando a galope a cada individuo, que debe agarrarse a los estribos para no caer ni salirse del circuito cerrado, sino circular al ritmo al que le condena la atracción.
La narradora construye con justicia y veracidad el relato en cada época en las que transcurre la novela. Habla sobre la convivencia y las relaciones complejas en una novela circular donde el feminismo es la piedra angular junto al dinero, la mentalidad de clase y el trabajo. Una historia contemporánea que denuncia que la precariedad se hereda, también.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): La familia y el dinero como eje en la novela me ha recordado a otra novela contemporánea (de 2019) de la misma editorial: El corazón de la fiesta, de Gonzalo Torné, con la diferencia de que la novela de Medel me gustó mucho y la de Torné, poquísimo.
Por cierto, vi a Elena Medel en persona en La Noche de los Libros de Málaga de 2018 o 2019. Ella estaba en un puesto de libros hablando con la mujer encargada del mismo, me imagino. Quizás el puesto fuera el de la editorial La Bella Varsovia, de la cual es directora. La reconocí, pero no me decidí a pedirle una foto —como hago habitualmente con escritores que he leído y como hice esa misma noche cuando me encontré por los pasillos de La Térmica a Rosa Montero— porque no había leído nada suyo. Ahora sí. Así que, si te vuelvo a ver, Elena, te pediré una foto.

