Momo o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres (Alfaguara, 1985), de Michael Ende y traducido por Susana Constante.
Abro este libro de 1985 y en su primera página me encuentro la firma de mi padre. Él lo leyó. Y hace un tiempo hablé de él con mi madre y resulta que ella también lo leyó. Así que me sumerjo en él como si me adentrara en mis padres.
Esta es una novela-cuento de hadas que incluye ocasionales ilustraciones del autor, quien dice que esta historia surgió a partir de que un curioso viajero de tren se la contara una vez. Dividida en tres partes, comienza con un prólogo y termina con un epílogo del autor. Publicada originalmente en 1973, Momo ganó en 1974 el premio Deutscher Jugendbuchpreis.
Narrado en tercera persona, Momo tiene un comienzo grandilocuente. Tratándose de una novela eminentemente fantástica, tiene muchas moralejas a lo largo de sus páginas. Momo es una niña que vive sola, que es feliz junto a sus amigos. Hasta que un día llegan los hombres grises, unos entes no físicos que se dedican a robarle el tiempo a los humanos convenciéndoles de que trabajen más, descansen y disfruten menos y así poder ahorrar tiempo. Pero ¿para qué, si no lo puedes disfrutar?
A partir de estos hombres grises y de sus falsas promesas, la gente se vuelve más estresada, no tiene tiempo para el ocio o para dedicarle a sus amigos o familiares, ni siquiera para observar unas flores que se cruzan de camino al trabajo, está más triste y cansada. Muchos padres llegan incluso a desatender a sus hijos para ahorrar tiempo y estos se sienten abandonados. Los hombres grises se proponen también ir contra los niños y robarles la capacidad de soñar e imaginar.
En la segunda mitad del libro se multiplica la fantasía. Una tortuga llamada Casiopea se comunicará con Momo y la salvará en cierto modo de los hombres grises con su lentitud, de lo que aprendemos que en la prisa no está la virtud precisamente. Escenas como la de la tortuga recuerdan irremediablemente a películas como El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro. Los hombres grises, por su parte, parecen de Matrix. Dentro de la novela hay un complejo entramado sobre el tiempo, donde los hombres grises roban a los hombres y lo gastan fumando cigarros.
A lo largo de la historia hay varios deus ex machina, es decir, escenas donde Momo parece salvarse por los pelos e inexplicablemente de sus perseguidores. Esta novela recoge una feroz crítica a la sociedad y a la avaricia. A partir de una gran carga visual —gracias a las ilustraciones, pero también a la capacidad inventiva del autor— y de los múltiples diálogos que aportan agilidad y frescura, la novela se mueve entre unas líneas amenas y entretenidas. Cualquier niño podría acercarse a ella sin problema, pero creo que es de adulto cuando más se admira el fondo de la historia, la enseñanza.
Además de Momo, Ende tiene multitud de obras consideradas «juveniles», pero que, como tantas otras, son más que aptas y recomendables para adultos. Quizás su novela más emblemática sea La historia interminable, llevada al cine, donde un niño —en un intento de Ende por empatizar con su público más directo— echa a volar su imaginación, de nuevo.
No se debe pensar en el futuro y a largo plazo, nos enseña Momo, no solo en los siguientes minutos, en lo que está por venir ahora mismo, en el presente. ¿Ella se pregunta: quién sabe lo que es cierto y lo que no? Y nos pone frente al espejo de la amistad, nos enseña su valor, y el de la imaginación. Carpe díem, en definitiva, aprovecha el momento y vive la vida, valora la vida y la fortuna del tiempo. Hay algo que debe cambiar en nuestro mundo, y eso se ve al leer Momo.
No he leído nada sobre que el mundo de Momo fuera considerado una distopía, y yo tiendo a considerarlo así. Realmente no estamos alejados del mundo de Momo, e incluso me arriesgaría a decir que estamos inmersos en él actualmente. Si miramos a derecha e izquierda, vemos que El mundo feliz, de Huxley, y 1984, de Orwell, son distopías posibles. Pero Momo podría ser real y estar pasando.
Abrid los ojos y echad a volar vuestra imaginación. Dedicad tiempo a aquello que os hace felices. No hagáis caso a los hombres grises, y si veis a alguna tortuga, seguidla hasta donde os lleve.

