Autor/a extranjero/a · Narrativa

La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

La casa de hojas (Pálido Fuego & Alpha Decay, 2013), de Mark Z. Danielewski y traducido por Javier Calvo.

Hay escombros que todavía cantan en la casa de hojas. Mark Z. Danielewski (Nueva York, 1956) ha escrito una novela soberbia en cuanto a originalidad en la estructura y la edición del texto. La casa de hojas (Pálido Fuego & Alpha Decay, 2013) es una novela experimental de terror donde se juega con la mente del lector. El autor rompe las reglas de la literatura convencional para crear una obra de arquitectura compleja y estilo confuso que irradia irreverencia.

Dos editoriales se han unido para dar a luz a la que es la novelas más original que he leído jamás. No hablo de originalidad en cuanto a su argumento, que algo también tiene de original, sino en su edición. En las páginas de esta novela de más de setecientas páginas —quien me conozca sabe que me cuesta abordar un libro que tenga más de cuatrocientas páginas— vemos cómo el autor combina una tipografía convencional con otra Courier New para diferenciar narradores. También incluye voces superpuestas, frases distribuidas en lugares insospechados de páginas casi vacías. Otras frases se solapan entre sí, hay algunas imágenes y la palabra «casa» siempre sale en azul.

La novela consta de prefacio, introducción, el Expediente Navidson —que consta de cuatro partes y es la trama central de la historia—, índice y créditos. La casa de hojas relata la mudanza de una familia común —Will Navidson y su mujer Karen con sus hijos Chad y Daisy— a una casa. Sin embargo, comenzarán a sospechar que la casa guarda algún secreto. Lo que la familia Navidson vive ha sido grabado por el padre de familia. Esta grabación, a su vez, ha sido analizada por un anciano —ya difunto— apellidado Zampanò. Y lo escrito por Zampanò ha sido encontrado y transcrito por Johnny Truant.

Truant se nos presenta desde el principio como el autor de la introducción y las notas de la novela, junto al nombre del traductor, que es Javier Calvo. Sin embargo, conforme pasan las páginas el lector va percibiendo que Truant es tan ficticio como el resto de personajes. Por tanto, en estas páginas se entrelaza lo grabado por Navidson con el análisis de Zampanò y, al mismo tiempo, el re-análisis que hace Truant, que a su vez incluye numerosos estudios inventados que supuestamente se hicieron en su momento acerca de la grabación de Navidson. Una marimorena de voces que enredan al lector hasta extenuarlo.

Este, además, se ve obligado a veces a girar el libro para leer frases que están al revés. La lectura de esta obra de thriller y miedo —la primera novela del autor, por cierto— es una empresa arriesgada. También tiene algún toque de humor, ya que pretende ser una obra de miedo que imite un ensayo o compendio de ensayos y, al mismo tiempo, suprimir la solemnidad.

Las narraciones son constantes bilocaciones. El texto original se mezcla con otras voces posteriores y notas a pie de página que a veces duran varias hojas. Lo extraño y el ocultismo se mezclan en esta novela que, me arriesgaría a decir, quizás si sea un ejemplo de la gran novela americana. La psicología de los personajes es, quizás, el eje de la trama y lo que da sentido a todo el misterio y la intriga posteriores que potencian la adrenalina del horror.

A veces da la sensación de que sobran páginas, aunque quizás estos textos sirvan para crear ambientación para la historia principal. Las vidas de otras personas se percibe en las paredes de nuestras casas, y eso angustia a los protagonistas, que ven cómo algo oscuro se cierne sobre ellos. Igual que angustia al lector la narración y las frases tachadas en rojo, los cuadrados con texto del revés y las notas de páginas, que llevan unas a otras.

La casa de hojas da para un análisis muy exhaustivo, incluso para varios ensayos y tesis. Hay multitud de elementos tipográficos atípicos, todo tipo de juegos con las letras y parece casi un documento encriptado que solo puede interpretarse con la piedra rosetta. Danielewski se adentra en las vidas de muchos personajes y desgrana sus mentes con cautela. Los conceptos matemáticos terminan mostrando la enajenación mental que padece algún personaje, así como la genialidad excesiva del autor al crear una obra sin parangón.

El lector se ve obligado a pasar de páginas a gran velocidad. Así discurre la historia, con altos y bajos, hasta llegar a unas cartas, unos poemas y un conjunto de citas de otras obras que, al final, también le dan un matiz lírico a una historia terrorífica. La arquitectura de esta obra es imposible de medir. La carga visual es fortísima, así como su espesura verbal, que consta a veces de tecnicismos que suprimen la frescura de la historia central. La narración se muestra sinuosa por momentos y este laberinto hace pensar que la novela es más de masticar que de morder. Lo macabro se une a una desbordante fantasía que muestra con esmero lo unheimlich aunque, por desgracia, cae en elucubraciones innecesarias.

El lector experimenta un torbellino de sensaciones, lo que demuestra por qué esta novela ha despertado tanta expectación. La historia central, como digo, es sublime, pero al querer hacerla sobresaliente se han salido algunos tejidos que la han defenestrado en algunos aspectos. Aun así, una obra para leer antes de morir, aunque sea solo por la experiencia.

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