Antología de cuentos o relatos · Autor/a extranjero/a

Sirenas en el campo de golf, de Patricia Highsmith

Sirenas en el campo de golf (Anagrama, 1985), de Patricia Highsmith y traducido por Jordi Beltrán.

Los libros de relatos suelen llamarse igual que aquel que es más redondo, que mejor le salió al autor o autora. En este caso, el relato que da nombre al libro es bueno, pero no el mejor en mi opinión.

Hay que aclarar que yo creía que esto era una novela. Una investigación previa demasiado exhaustiva no debí llevar a cabo cuando al leerlo me encontré con un libro de relatos, un género que no leo apenas porque prefiero las historias largas, engancharme a una durante muchas páginas y seguir así hasta la última página del libro.

Aun así, no era mala opción. En el instituto me obligaron a leer El talento de Mr. Ripley y me encantó. Así que, tratándose de la misma autora, ¿por qué no probar? Ahora que lo he terminado puedo decir que son buenos relatos, pero no llegan al nivel de Ripley, ni mucho menos.

En el primero de ellos, del cual recibe nombre el libro, el protagonista se llama Ken. Han intentado asesinar al presidente de Estados Unidos, pero la bala la ha recibido este hombre, que era su consejero económico y que ha quedado tocado mentalmente. Narrado en tercera persona, nos adentramos en la rutina de Ken el día de su cumpleaños, cuando un grupo de periodistas asistirá a entrevistarle a su casa.

El título procede de unas visiones que parece tener Ken, ya que ve sirenas en el campo de golf al que asiste ocasionalmente a jugar al golf. Desde el accidente ve todo más confuso o malinterpreta aquello que ve. Por ejemplo, ve en los ojos de una de las periodistas un intento de coqueteo y seducción por su parte. Sin embargo, este relato tiene poco más donde rascar y termina sin hacer ruido.

Quizás mi relato favorito fue el siguiente. Una pareja que vivía en armonía ha tenido un hijo, pero este ha nacido con síndrome de Down. Está narrado desde la visión de Roland, el padre, que ve cómo desde el nacimiento del niño su mujer no le presta atención a él y sus amigos se han distanciado de ellos a raíz del nacimiento de su hijo mongólico —así se le llama en el libro, no por maldad, sino porque hasta 1958 no se llamó síndrome de Down a esta enfermedad; hasta entonces se les llamaban niños mongólicos o enfermos de idiocia—.

Llegó un momento en que Roland pensó en matar al pequeño y se preguntó qué había hecho él para merecer un hijo así. Su actitud es aborrecible, aunque hay que tener en cuenta la época en la que se desarrolla el relato, cuando incluso se ocultaba a las personas de diferentes capacidades en las casas, sobre todo en los pueblos. Para desahogarse, sale una noche de paseo, encuentra a un hombre y lo asesina. Y fin. El relato es muy bueno al comienzo, pero al final pierde fuelle y termina sin pena ni gloria.

Con respecto al asesinado, se nos dice en el relato que puede tratarse de un hombre español. Cuando Roland lo asesina, nos lo describe como un hombre bajo y grueso. Luego, dirá que ha escuchado decir que hay españoles rubios, lo que parece toda una rareza y que me resulta un alarde de supremacía aria por parte de la autora. Y más aún teniendo en cuenta lo que decía la revista Jot Down sobre Patricia Highsmith en un artículo. Sea como fuere, este es en mi opinión el mejor relato, y aun así no brilla demasiado.

Unos días después de terminar este libro di con un reportaje del famoso cronista y escritor español Nacho Carretero —autor de Fariña— sobre su tía Chus, una mujer con síndrome de Down. Me encantó leerlo, me pareció muy enternecedor y creo que su lectura sería recomendable para el protagonista de la historia, Roland, aunque realmente creo que cualquier persona debería leerlo.

Luego, hay varios relatos: sobre ética periodística y los beneficios que puede reportar un contenido, aunque sea mentira, la homosexualidad masculina, el destino y el karma, la violencia callejera en México —al que Highsmith retrata como un país atrasado con un calor abrasador y un cuerpo policial rígido e inflexible—, la caridad de mano de una mujer adinerada de París…

Hay personajes muy bien construidos pese a la brevedad de los cuentos, algo que ya demostró Highsmith que sabía hacer muy bien con Ripley y compañía. Y todas las historias son, a priori, buenas, pero terminan con finales planos que las desmerecen. También me ha llamado la atención la presencia del suicidio en todos los relatos. De los once relatos del libro, en cinco de ellos aparece el suicidio, en alguno como simple pensamiento o, en su mayoría, llevados a cabo por alguno de los personajes principales o secundarios.

Todo suele girar en torno a las relaciones sentimentales o familiares, con algún toque de muerte, depresión, envidia, infidelidad y mucho para reflexionar. Incluso aparece un relato fantástico sobre una mujer que de un día para otro ve un monstruo pequeño que se ofrece a hacer tareas del hogar (!).

Hay que admitir que Highsmith escribe muy bien. Sus obras más notables son la saga de Ripley, Extraños en un tren y Carol. Por esa razón es interesante inmiscuirse de vez en cuando en libros no tan célebres o que recojan relatos cortos, porque ahí se concentra muchas veces la verdadera personalidad literaria del autor o autora.

2 respuestas a “Sirenas en el campo de golf, de Patricia Highsmith

  1. De estos relatos me quedo con Sustancia de locura. Siempre me ha llamado la atención que los personajes de Highsmith suelen estar al límite. Tiene relatos mejores. Prueba con Crímenes bestiales y Once.

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