Autor/a español/a·Narrativa

"Crematorio", de Rafael Chirbes

Crematorio (Anagrama, 2015), de Rafael Chirbes.

En el 1, 2, 3… regalaban un apartamento en Torrevieja. Era la época del boom turístico y de las ansiadas vacaciones en el mar, o al menos cerca, que demostrarían al resto el poder adquisitivo de esa familia española que, como casi toda la población nacional, no estaba sobrada precisamente pero que había dado el pelotazo.

De pelotazos y de pisos —aunque no en Torrevieja, sino en un pueblo de Valencia llamado — va esta novela coral ganadora del Premio de la Crítica, Premio de la Crítica Valenciana, Premio Cálamo y Premio Dulce Chacón, casi na. Aquí encontramos un entramado complicado de resolver donde muchos personajes van y vienen en una narración —ojo, que esto es lo más importante— que no está separada por puntos y aparte. No hay ni uno.

Que no haya ni un solo punto y aparte le da ritmo a la novela, el ritmo deseado por el autor. Bien. Pero si además el libro cuenta con cuatrocientas páginas y la trama no es nada fácil, este libro se convierte en una novela solo apta para lectores que estén dispuestos a esforzarse mucho. Yo lo he estado, y por eso hoy estoy escribiendo esto.

A través de estos párrafos densos e interminables, la narración por momentos omnisciente y por momentos en primera persona nos presenta a Matías, un hombre que acaba de fallecer. En torno a su funeral —por eso el título, bien escogido, sugerente— transcurre toda la novela.

Van a cremar a Matías, y mientras esto ocurre se nos habla de los recuerdos, del pasado, del presente incluso, a veces desde la persona de Bertomeu, hermano de Matías, de los tejemanejes urbanísticos, de las relaciones familiares, de las preocupaciones, pensamientos y sentimientos de los personajes. Esta novela habla de la libertad, de la vida, del amor, del dinero, de las ambiciones, de la avaricia. Y, por supuesto, hace una crítica social, a la moda, a la telebasura, incluso a las cremas revitalizantes: no deja títere con cabeza.

Estamos en España, alrededor del año 2000. Bertomeu es constructor en la costa valenciana que ve ante sus ojos la oportunidad de la turistificación, la intromisión de las mafias y el despliegue de una corrupción galopante.

Chirbes parece poseer, y esta obra lo demuestra, una sabiduría vital tremenda. Toda ella está concentrada en esta obra, que alberga numerosas referencias literarias, musicales y artísticas y que alterna la historia de Bertomeu y sus acólitos con enseñanzas de la vida, consejos, expresiones, citas literarias en boca del narrador y de los personajes.

Crematorio tiene forma de vida, de cuerpo humano, de edificio turístico o, quizás, de las tres cosas. Es una novela donde se palpa la vasta cultura del autor, expuesta de una manera ni pedante ni espesa, aunque la construcción de los párrafos sí es un punto negativo porque, aunque está bien escogido para darle ritmo, resulta bastante denso.

Se nos dibuja así un marco narrativo extenso que supone un ejercicio de fuerza mental —y de voluntad— que, al final, podemos decir que vale la pena. Cada capítulo, un escenario y personajes diferentes. Sin embargo, todas ellas son, a veces, acciones paralelas en el mismo espacio de tiempo, que es el verano. Hay un personaje, además, que es un escritor borracho. Me gustaría saber si Chirbes se basó en alguien real para ese personaje.

Si esta novela no hubiera resultado tan pesada le habría dado las cinco estrellas en Goodreads. Sin embargo, me veo obligado a darle cuatro. Es una historia buena, y la narración es mil veces mejor, es deslumbrante. Chirbes pone toda la carne en el asador en esta novela y consigue una grandísima obra que, sin embargo, en mi opinión queda deslucida por esa espesura verbal que cuesta digerir.

La historia no me parece sublime, pero está bien. No es excelente, pero la forma en la que la cuenta me hace olvidar los aspectos negativos excepto el ya citado de la espesura.
¿Cómo sabemos si una persona ha sido más feliz que otra? De la infelicidad también habla este libro, porque hay disputas por la herencia y negocios turbios, amenazas e incluso chantajes, todo ello expuesto con mucho detalle, tanto que a veces recuerda a la forma triste y melancólica de narrar de Manuel Vilas.

Una novela, en definitiva, quizás infravalorada, que está en lo alto, pero que me es imposible elevar hasta el cielo.

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