Autor/a español/a·Narrativa

“Ocaso y aurora”, de Matilde Cherner

Ocaso y aurora (Seix Barral, 2020), de Matilde Cherner.

«Dicen que se muere el rey / yo digo que nos engañan / España es la que se muere / y la quiere heredar Francia». Eso canta un ciego en una taberna la noche del 2 de noviembre de 1700, cuando el rey Carlos II se encuentra agonizando de muerte y se va sin dejar un heredero al trono. El pueblo español, mientras tanto, no quiere reyes extranjeros y tiene miedo de lo que pueda venir después de su deceso.

En este ambiente de crispación social e incertidumbre monárquica se mueve Ocaso y aurora (Seix Barral, 2020). Su autora, la periodista y escritora salmantina Matilde Cherner (1833-1880), utilizó el seudónimo Rafael Luna para publicar esta novela en su época. Sin embargo, la editorial Seix Barral ha tachado el seudónimo de la cubierta del libro para reflejar en ella el nombre de la autora real sin los tabúes decimonónicos sobre el rol de género.

Esta historia transcurre en una sola noche, la del fallecimiento de Carlos II, en la ciudad de Madrid. Está dividida en tres partes y consta, además, de un prefacio, una introducción y una conclusión. Publicada originalmente en 1878, esta obra nos adentra al principio en la vida del conde de Frigiliana, para luego enlazar con un moribundo Carlos II que se marcha sin dejar descendencia y que no termina de decidirse entre un Austria o un Borbón que lo suceda. Esto provoca tensión política y social y el conde se ve obligado a buscar un sucesor digno. Ante la indecisión, el conde busca con rapidez una tercera vía que desatasque y aleje a las alimañas extranjeras de la Corona española. 

El narrador en tercera persona critica la cerrazón y obcecación de los españoles en su posición de escoger un rey compatriota, aunque no tenga habilidades suficientes, antes que a un rey extranjero que pueda gestionar mejor los asuntos de la Corona. Aunque el reinado de los Austrias, con Carlos II al frente, demostró que eso no era así precisamente. Al final, el elegido fue Felipe de Anjou, que pasaría a llamarse Felipe V y que se convertiría en el rey que más tiempo ha ocupado el trono de España en dos periodos diferentes. Sin embargo, Cherner no solo nos introduce por la intriga de la búsqueda de un monarca, sino también por los sinuosos recovecos de los personajes principales, tales como el susodicho conde, Javier o Margarita. Estos dos últimos tienen un papel importante en el desarrollo de la trama.

Tras descubrir América y reconquistar Granada, aquella España temible de 1492 era, a principios del siglo XVIII, la nación «más pobre, la más arruinada, la de menor poder y prestigio en Europa», según se dice en la narración. Desde el principio, el lector percibe la hostilidad y los actos de envidia urgidos por enemigos. Así, vemos a un conde dolorido y atacado cruelmente por la vida o, más concretamente, por las pasiones y avaricias humanas que impulsan a cometer barbaridades. Mientras tanto, la búsqueda contrarreloj de un monarca español que calme las iras del pueblo se hace más urgente.

Al principio, Cherner pone el énfasis sobre un personaje femenino. Sin embargo, al final el único personaje femenino importante queda retratado como una mujer bella y atractiva, pero frágil e inocente, y consta de una sensiblería exagerada quizá. El resto de los personajes están construidos sobre mimbres suficientemente verosímiles como para creer en la trama. Cherner mezcla en estas páginas realidad y ficción, desdibujando la Historia para hacer más jugoso el desenlace de la novela que plantea. La autora busca en estas páginas la estética en el lenguaje que emplea. Por eso, la narración y los diálogos, que están equilibrados, están escritos en el lenguaje ampuloso de la época que hoy resultaría artificial.

Cherner construye un retrato social y, por momentos, se regodea en las descripciones de personajes. Hace un repaso breve, asimismo, por los monarcas españoles, desde los Reyes Católicos hasta el moribundo Carlos II y dibuja también una parodia grotesca de la figura de un rey, sobre todo cuando este era entendido como un ente divino que todo lo puede. Un rey, sin embargo, es un mortal más. «Un rey es un hombre como todos», dice Sanchón, uno de los personajes. «Si un rey no es más que un hombre, ¿por qué todos los hombres no son reyes?», pregunta Javier.

Este desprestigio de la figura del rey en la narración debió de levantar ampollas en su día y quizá se deba al carácter progresista de la autora, una «republicana federal convencida», según la biografía de la solapa. Cherner hace una crítica a la avaricia, la ambición, la opulencia y el materialismo, enalteciendo aquello de «mejor pájaro en mano que ciento volando» y hace una oda a la vida modesta. El final es sorprendente, tiene un punto absurdo y cierra el círculo que comenzó en las primeras páginas. Así, Ocaso y aurora recoge una historia donde la monarquía y el patriotismo se entrelazan con el amor, el romance y con alguna analepsis al principio y al final para complementar la historia troncal.

Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Este libro recuerda a otros como Crónica del rey pasmado, de Gonzalo Torrente Ballester, no por la trama sino por esa ambientación monárquica de que está compuesta. También tiene cierto parecido con Calomarde, de Sergio del Molino por ese biografismo político-histórico que en Calomarde se hace de manera más explícita (y que se centra en la figura que da nombre al libro) y que en Ocaso y aurora se entremezcla con la trama de la novela y se dispersa algo más (aquí se centra, además, en la figura de Carlos II).Por cierto, al principio de la historia se dice que el Conde de Frigiliana (Rodrigo Manrique de Lara) en 1680 tenía treinta años, pero en Wikipedia (lo busqué para asegurarme, no me escondo, y mira por dónde) dice que nació en 1638, por lo que en 1680 no tendría treinta sino cuarenta y dos años. No encaja y ya no sé si es error de Wikipedia (me extraña, sinceramente) o de Cherner.

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