Autor/a extranjero/a·Narrativa

Memoria de chica, de Annie Ernaux

Memoria de chica (Cabaret Voltaire, 2016), de Annie Ernaux y traducido por Lydia Vázquez Jiménez.

Está fascinada por su libertad, por la amplitud de su libertad. Gana dinero por primera vez, compra lo que le apetece, pasteles, dentífrico Email Diamant rojo. Solo le pide eso a la vida. Bailar, reír, armar jaleo, cantar canciones verdes, ligar.

Annie Ernaux, Memoria de chica

Memoria de chica (Cabaret Voltaire, 2016), de Annie Ernaux y traducido por Lydia Vázquez Jiménez, es un libro que empieza con una frase de Logical song, una canción de Supertramp, quizás mi grupo de música no español favorito, y solo por eso me tiene ganado.

En este libro, Ernaux cuenta, a través de una protagonista que se entrelaza con la autora y se confunde en la trama, su verano de campamento en 1958, cuando era una chica diferente a las de su edad, más cultivada, que prefería escuchar a los clásicos antes que la música que se bailaba en la época, que rechazaba las revistas de moda en la Francia de la época y que desconfiaba de la existencia de Dios.

En dicho campamento al que fue como monitora, ya que tenía dieciocho años, la joven prudente que era Ernaux perdió la virginidad con un monitor al que llama por la letra inicial de su nombre, que es la H. Así, la protagonista nos va guiando por aquel verano en el que el sexo se convirtió su obsesión después de probarlo y de salir de su burbuja protectora para conocer con libertad lo que en aquel momento era tabú.

Llama la atención cómo Ernaux juega con la narración en tercera persona como si aquella que fue hace más de sesenta años fuera otra diferente, y en cierto modo lo era, incluso porque tenía el apellido de soltera y no de casada. Desde su experiencia sexual, la protagonista se verá atada al hombre con el que la pasó, se siente enlazada a él. Sin embargo, no está enamorada de él, lo admite, sino que lo desea.

Y esto no le impide que rechace y critique el machismo que vivió en su juventud en dicho campamento, y lo hace con una acidez y una ironía admirables. Con continuos viajes al pasado, la protagonista del presente intenta averiguar qué fue de aquellos con los que compartió un verano, y concretamente de aquel chico, H. Mientras lo hace, nos relata las películas de la época que veía y en cuyas escenas románticas se veía reflejada con aquel monitor, y también canciones y poemas de escritores franceses de los que cita versos de amor.

Pese a que años más tarde estuvo en Inglaterra y luego volvió a Francia, a la protagonista le seguirá quemando en su interior el recuerdo de H. «No soy cultural, solo una cosa me importa, aprehender la vida, el tiempo, entender y gozar», dice en un momento determinado la protagonista. ¿Es esa la mayor verdad de este relato? Posiblemente sí.

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