Autor/a extranjero/a·Narrativa

La sombra de la muerte, de José Tomás Pérez

La sombra de la muerte (Caligrama, 2019), de José Tomás Pérez.

Hay quienes se pasan la vida persiguiendo imposibles. Julio Rodríguez, el protagonista de esta novela, es uno de ellos. Esta es una historia brevísima en la que, en tan solo cinco capítulos, se nos expone una complicada trama de rencores, remordimientos y venganzas.

En el primer párrafo del libro ya se nos dice que el protagonista sentía la muerte cerca como una sombra, de ahí el título, que no es el más atractivo para una novela, pero que, gracias a es referencia inicial, resulta apto. El diseño de cubierta, por su parte, hace pensar que se trata más bien de un libro sobre el más allá o experiencias cercanas a la muerte por el colorido y el intento de mostrar lo que parece un túnel y una luz.

José Tomás Pérez, el autor, es dominicano. Y en República Dominicana está ubicada esta, la que parece ser su segunda novela. Narrado en tercera persona, un halo religioso rodea toda la novela y, sin embargo, está cercada por el conflicto del pecado moral que suponen elementos como la infidelidad o el asesinato.

La infidelidad es, precisamente, el tema principal en la primera mitad de la novela. Es esta la causa de un asesinato en un pueblo dominicano, que quizás exista en la realidad. Allí, Ramón asesina a Anastasio, porque este había estado manteniendo una relación a escondidas con la mujer de Ramón. Entonces, la viuda de Anastasio y el hijo de ambos, el anteriormente nombrado Julio, se van a vivir a Santo Domingo para alejarse de lo ocurrido y olvidar el pasado.

Los cabos se van atando conforme pasan las páginas. En las primeras, el narrador expone el pasado de la familia protagonista, cómo se conocieron Anastasio y su mujer, María, en unas de las tantas fiestas patronales que proliferaban antiguamente y que eran el único escenario posible donde jóvenes de ambos sexos podían conocerse.

La imposición religiosa, quizás marcada por la geografía, se une a la ambientación que hace el narrador de los lugares donde se conocieron y empezaron a tratarse María y Anastasio.

Esta infidelidad se cobrará consecuencias terribles que tendrán repercusión hasta la última página de la novela. El asesinato de Anastasio se nos presenta desde el principio, no es ningún misterio que resolver. Se trata de una novela al estilo de Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, a la que se asemeja por el tema, por el enfoque que le da y por la alternancia de lo que va pasando ese día —el asesinato, por ejemplo— con flashbacks al pasado de cada uno de los personajes y las relaciones que existen entre ellos.

Una vez en Santo Domingo, la vida de María y su hijo es un vagabundeo irregular y menesteroso. Se habían marchado de su lugar de origen y ahora vagaban. Sin embargo, no tardó en aparecer en sus vidas Rodrigo, un personaje con pocas apariciones, pero que es la piedra angular que resulta determinante para que Julio, un chico ya mayor, decida abandonar su casa en Santo Domingo para ir a una academia militar y, posteriormente, a su pueblo natal para cobrarse la venganza. Sí, la misión del joven Julio es matar a Ramón. Esa ha sido la misión desde la primera página e intentando cumplir su misión terminará la novela.

El crecimiento de Julio en un ambiente sin la figura paterna y con un hombre al que una vez pilló haciendo el amor con su madre le desarma y por eso decidirá cobrarse su venganza particular. Ve que el mundo le ha sido injusto, a él y a su familia, y quiere hacérselo pagar por su propia cuenta. La personalidad de María se nos muestra un poco desvalida, aunque lo suficientemente fuerte como para seguir adelante con pocos recursos. Julio, por su lado, tiene un carácter, aunque tranquilo, vengativo, rencoroso, terco y perseverante.

Tras su paso por burdeles y algunos escarceos amorosos, Julio llega al pueblo para vengarse. Se encuentra a un Ramón débil, víctima de un derrame cerebral y sesentón. Si embargo, cuando se decide a apuñalarlo, un final sorprendente y desolador anonadará al lector y le mostrará los diferentes caminos que pueden seguir la venganza, el odio y el rencor, que a veces derivan en la injusticia.

Esta novela, pese a su brevedad, tiene muchos detalles que podrían destacarse, pero prefiero quedarme con lo que aquí escribo, que no es ni más ni menos que lo más relevante que he visto en una novela, en general, muy justa para mantener el interés del lector. Quizás la brevedad es la culpable de la falta de acercamiento del lector hacia los personajes. El narrador nos presenta a todos los personajes, pero no profundiza en ellos, excepto en María y, sobre todo, en Julio.

En cierto sentido, esta novela también me recuerda a El fuego callado (Caligrama, 2019), de Félix Romero, por tratar un tema de infidelidad y venganza, solo que con muchos matices diferentes. El narrador utiliza en todo momento un registro formal, incluso en los diálogos, que son lacónicos, e introduce una crítica social, aunque no muy relevante ni incisiva.

La narración en tercera persona le otorga mayor objetividad (¿o debería decir ‘menor subjetividad’ porque la objetividad, al fin y al cabo, no existe?) a la historia. Sin embargo, si hubiera utilizado un narrador en primera persona, por ejemplo, desde el punto de vista del propio Julio, la historia habría resultado más cercana al lector, habría empatizado más con él y gustaría más.

Por momentos, parece que la novela va a tomar ciertos caminos que luego, sin embargo, no escoge. No considero que el autor se centre demasiado en el pasado de la pareja, pero teniendo en cuenta la extensión de la novela, creo que podría haber explotado más el crecimiento de Julio, haciéndolo de manera interesante. Aunque no aburre, la historia tampoco atrapa.

En esta historia encontramos algunos de los arquetipos argumentales más utilizados en la mayoría de las novelas: el drama (en todo momento), la rebelión (encarnada en Julio y su intención de no atender a razones y vengarse), la traición y venganza (aunque sin traición, se busca una venganza), búsqueda y viaje (María viaja físicamente hasta Santo Domingo, Julio viaja metafóricamente hasta su pasado y físicamente hasta su pueblo de origen), e incluso podríamos añadir el arquetipo del yo reflexivo en el personaje de Julio.

Considero que esta historia está abierta a un público de cualquier edad y con un mínimo de interés por el tema. Aunque protagonizada por un joven, puede interesar a personas de cualquier edad. Una novela suave, no empalagosa ni espesa, que sin embargo se excede en viajes y movimientos para terminar con un final rompedor que, al menos, da frescura a la historia.

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