Autor/a español/a·Narrativa

“Las ratas”, de Miguel Delibes

—Ratero, si un pobre se mete en casa de un rico, ya se sabe, es un ladrón ¿no?

—Un ladrón —asintía el Ratero.

—Pero si un rico se mete en casa de un pobre, ¿qué es?

—¿Qué es? —repetía estúpidamente el tío Ratero.

—¡Una rata!

Miguel Delibes, Las ratas

Las ratas (Destino, 1979), de Miguel Delibes, es un libro que empecé con muchas ganas. Hace un tiempo leí Cinco horas con Mario y se convirtió en uno de mis libros favoritos, así que encumbré a Delibes. Esta obra sé que es más normalita que la susodicha y que no está bien compararlas, pero no he podido evitarlo. Además, en las próximas reseñas abordaré otros libros de Delibes que tengo en mente leer pronto, así que podré valorar con más fundamento el total de su literatura.

Esta historia se sitúa en un pueblo castellano durante la posguerra española (en el año 1956 aproximadamente). En este pueblo hay dos personajes fundamentales: el Nini y el tío Ratero. El Nini es, quizás, el protagonista, un adolescente que vive en una cueva en las inmediaciones del pueblo junto a su padre y tío a la vez: el tío Ratero, llamado así porque se dedica a cazar ratas para luego venderlas y ganar dinero que les permita subsistir. (Sí, porque la gente de ese pueblo come ratas.) Para que se entienda, he de decir que el tío Ratero y Marcela eran hermanos, y ambos tuvieron al Nini. Por eso el tío Ratero es su padre y su tío al mismo tiempo.

El Nini siempre va acompañado de su perra Fa y luego lo hará del cachorro que esta da a luz, Loy (la relación del niño con los perros me ha recordado a la relación que tenía el mítico personaje literario español Pascual Duarte con una perra a la que él mismo mató). Y es un gran conocedor de la vida en el campo, es capaz de prever el clima del día siguiente sin más recurso que su experiencia, las nubes y el viento. El problema de esta historia aparentemente tranquila es que el alcalde del pueblo quiere derruir las cuevas que hay allí, pero el tío Ratero se niega a dejar su cueva. Así que el conflicto de la novela será en todo momento el conflicto entre el alcalde y el tío Ratero.

En la metafórica neblina espesa que rodea al pueblo podemos encontrar multitud de refranes, palabrejas propias del mundo rural, espigas marchitas y pueblerinos de moral acrisolada, así como el conflicto perenne entre los poderosos y el pueblo llano. El concepto de rata aquí trasciende el de simple animal para trasladarse al de persona, y viceversa. Así, la decadencia del mundo rural español del siglo XX declina lentamente mientras un pueblo asolado por la sequía lo observa atónito. De hecho, el último capítulo comienza con los sembrados de los que dependía el pueblo pendiendo de un hilo por un posible granizo agresivo que se avecina.

 El final no es nada del otro mundo, aunque sí es movido, pero no se puede esperar más de este tipo de novelas donde el inmovilismo de los personajes es la ley. Pero bueno, en definitiva es un libro que hay que ir tragando con sorbos de agua para ir bajando el pesado bizcocho rural que cocina Delibes entre estas páginas. No es su novela cumbre, ni siquiera una de sus más famosas novelas, pero es un retrato sin parangón de la sociedad española de la época, donde, con más o menos ficción, acaba uno aclimatándose y comprendiendo que aquello tal vez ocurrió en realidad.

Admirable, como siempre, Delibes.

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