Autor/a extranjero/a·Libro testimonial

“Si esto es un hombre”, de Primo Levi

Ne pas chercher à comprendre.

Primo Levi: Si esto es un hombre (p. 113)

Si esto es un hombre (Austral, 2018), de Primo Levi y traducido por Pilar Gómez Bedate, es un libro que inevitablemente te deja tocado, muy tocado, y bastante hundido, y ha dado la casualidad de que este año se cumplen 100 años del nacimiento de Primo Levi. Yo de este escritor italiano apenas sabía nada, y he aprendido que él realmente estudió para ser químico, pero que el haber sido deportado a Auschwitz en diciembre de 1943 por ser judío lo convirtió en escritor, en un narrador punzante y encarnizado del Holocausto. Ahora me doy cuenta de que un ciudadano cualquiera como él, a priori tan alejado del mundo de las letras, puede construir un libro tan asombrosamente impactante y conmovedor.

Este libro, por si alguien aún no lo sabe, cuenta la experiencia de Levi en Auschwitz. He de decir que Levi, tal y como él lo reconoce, tuvo muchísima suerte, y eso que mala suerte no le faltó. Fue deportado desde su Italia natal mientras luchaba contra el fascismo de Mussolini por un chivatazo. Lo peor del libro lo cuenta Levi, a mi parecer, al principio, en las cien primeras páginas más o menos. En esas páginas se compendia toda su experiencia en sí, su rutina, los horrores del campo, y he de admitir, no a mi pesar, que estos dos días que he tardado en deglutirlo me he sentido bastante mal del estómago y con ganas de vomitar tras leer alguno de sus párrafos. No son especialmente explícitos ni hediondos narrativamente hablando, pero deja clara muestra de lo que el ser humano es capaz de hacerle a otros de su misma especie.

Podría decir que Levi se desnuda ante los lectores y muestra la lista de abalorios de los campos de concentración que nos harían retirar la mirada para no obligar a los ojos a lagrimear. Aunque, en realidad, no creo que Levi se desnude, sino que muera, que se rompa en pedazos en este libro y los reconstruya como un puzzle lentamente para que no nos perdamos, para que veamos hasta el más mínimo detalle horrendo y pérfido de la realidad que él vivió y que él conoce como nadie.

No pienso, por tanto, contar nada de su experiencia allí. Tan solo me gustaría decir que ya es de mis libros favoritos, más que por su calidad literaria (esto ha de dejarse aparte en esta ocasión, por favor, aunque sea sobresaliente), por lo que me ha hecho sentir: me ha revuelto las tripas literalmente. Vaya usted mismo/a y compre este libro, por favor. Hay ediciones de bolsillo como esta muy baratas, son de fácil acceso y de amena lectura. Por favor, lea este libro y regálelo. Que nadie se quede sin conocer esta realidad. El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Honremos la memoria de Levi.

Un Levi que en todo momento se ha mostrado reacio a llamar verdugos a los alemanes, siempre haciendo matices, y que se mostró siempre crítico con Israel. Que un judío sea crítico con Israel (y más habiendo pasado por un campo de concentración) es raro de ver. A día de hoy, de hecho, solo recuerdo otro ejemplo, el relativamente reciente fallecido escritor Amos Oz. En una información que leí justamente cuando devoraba este libro (aunque la reseña se publica en agosto lo leí en enero), me enteré de que Levi se suicidó. No está del todo claro, pero así se cree. No quiero ni imaginarme lo que tendría que pasar por su cabeza durante el resto de su vida después de ser liberado por los rusos…

La frase de cabecera de esta reseña, según cuenta Levi, estaba escrita al fondo de la escudilla de uno de los presos de Auschwitz. No hace falta traducirla, y lo resume todo demasiado bien. Levi incluso tuvo tiempo de rememorar pasajes de Divina Comedia de Dante durante su estancia allí, y nunca pierde los papeles durante la narración de los hechos. De hecho, al final del libro se añade un Apéndice de 1976 donde el autor responde a ocho preguntas frecuentes que le hacen sus lectores estudiantes. Ahí, Levi dice que no perdona a los alemanes, pero no siente odio hacia ellos porque ese ellos no tenía rostro ni nombre, era un ser indefinido.

Reitero y reiteraré tantas veces como haga falta que vaya usted a comprar y a leer este libro si es que no lo ha hecho ya. Todos deben conocer esta historia. Para que no se repita y para que seamos conscientes de lo que tenemos y de lo que hacemos. Es increíble cómo ciertas lecturas son capaces de abrirnos las carnes y retorcernos las vísceras hasta decir basta.

En memoria de Levi y de todos los que salieron de aquellos campos o se quedaron allí, ¡que se mantenga siempre viva su memoria y este libro!

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