Autor/a español/a·Narrativa

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza

Sin noticias de Gurb (Seix Barral, 2003), de Eduardo Mendoza.

Sin noticias de la tristeza.

Sin noticias de Gurb (Seix Barral, 2003), de Eduardo Mendoza, es un libro que conocí en el colegio. Sí, cuando tenía diez u once años lo vi en uno de mis libros de texto y me llamó la atención su título y su sinopsis, pues me pirran las novelas de extraterrestres (las buenas, claro). Asimismo, el nombre de Eduardo Mendoza ya se quedaría grabado en mi mente pueril para siempre.

Hace un tiempo me acordé del libro y decidí que no podía esperar más, así que me lo compré y lo deglutí con esmero. Tras leer este libro te das cuenta de que la tristeza hace tiempo que no da señales de vida, como Gurb, y te alegras por ello. Y digo esto porque este libro es, como bien sabrás, fundamentalmente de humor. Nunca he leído nada de Mendoza, y creo que he entrado por la puerta grande, porque me ha devuelto el júbilo. El humor de Mendoza, al menos a mí, no me hace tirarme al suelo de la risa. Pero sí tiene ciertos puntos irónicos e inclusos sarcásticos dignos de alabar.

En este libro, Mendoza nos cuenta la vida de dos extraterrestres que llegan a la Tierra en una misión espacial. Bueno, más que Mendoza, el narrador es uno de los extraterrestres (Gurb no, el otro). El libro está escrito en forma de diario, en el que leemos la rutina durante quince días de uno de esos extraterrestres que se ve obligado a ir tomando formas humanas (la de Marta Sánchez, el conde-duque de Olivares o Gary Cooper) para andar por Barcelona, la ciudad donde aterrizan.

Este extraterrestre se lo toma muy en serio, lo que pasa es que vemos la vida humana desde sus ojos foráneos de una manera de lo más divertida. Por ejemplo, el extraterrestre nos cuenta cómo respeta la hora del ángelus (!) o cómo reza el Jesusito de mi vida antes de irse a dormir. Así, seguimos sus andadas por una ciudad pre-olímpica en obras en la que Mendoza aprovecha para soltar críticas hacia los gestores de dicha ciudad.

Nuestro protagonista llegará a enamorarse de su vecina y querrá atraerla. Además de su vecina, el protagonista, antes de intentar marcharse de vuelta a su planeta, hace regalos extraordinarios a cada uno de sus vecinos y a la portera. Es el vecino que todos querrían tener, sin duda alguna.

Hacía tiempo que no me reía con un libro, y creo que este es el libro con el que más me he reído (después de La conjura de los necios, claro, que como todos sabrán es mi novela favorita). Tiene muchos toques de humor y sabe guiar la historia de manera que sea divertida y que parezca verosímil (dentro, claro está, de los márgenes de verosimilitud que hay en una historia de extraterrestres que además busca el humor).

Si quieres pasar un buen rato, te invito a leer este libro. Apenas se tarda en leerlo, y se entristece uno cuando lo termina porque se lo estaba pasando tan bien… Es un libro que no envejecerá, porque su eterno personaje Gurb (que me recuerda inevitablemente a Godot por su parecido fónico y argumental) le rejuvenece cada vez que un lector o lectora pone sus ojos sobre él y se ríe con sus locuras de extraterrestre en Barcelona.

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