Fiesta al Noroeste (Austral, 2014), de Ana María Matute.
Joaquín Sabina cantaba en Peces de ciudad: «Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver». Podemos estar o no de acuerdo (yo no lo estoy), pero eso es indiferente aquí y ahora. Dingo, el protagonista de Fiesta al Noroeste (Austral, 2014) volvió al lugar donde fue feliz, donde nació y donde fue un niño, que viene a ser todo lo mismo, porque quién sabe si existe la felicidad, al menos de forma tan prolongada, más allá del territorio de la infancia. Cuando entra al pueblo, Dingo atropella por error a un niño, y lo mata. A partir de aquí, narra su infancia en aquel lugar y presenta a personajes singulares mientras introduce críticas y mensajes.
Esta novela de Ana María Matute (1925-2014) está protagonizada por Dingo, cuyo nombre real es Domingo y que nació en la Artámila Baja. Dingo quiere dedicar su vida a celebrar fiestas, y por ello va de pueblo en pueblo, intentando repartir risas por donde pasa, pero su llegada a su aldea natal no es la deseada. Dingo regresa física y mentalmente al pueblo, y se encargará de recordar, junto a Juan Medina, el amo del pueblo, su trágica infancia allí.
La novela comienza tres días antes del Miércoles de Ceniza. Es un día de lluvia que avecina la tormenta que se va a producir en la memoria del protagonista. Dingo lleva una carreta con varios perros y un mudo para sus espectáculos. Antes de llegar al pueblo, se produce el atropello, y dice una frase preciosa sobre el niño muerto: «Estaba ya muy quieto, como sorprendido de amapolas». El niño al que atropella es un reflejo de sí mismo, de su duelo al volver al lugar de donde huyó y que significa el cierre del círculo y por tanto también su muerte, aunque no física.
Dingo no ha sido del todo feliz en su pueblo, pues su infancia fue dolorosa, pero vuelve para intentar remediarlo. Tiene una visión pesimista, ya que hace reflexiones como: «Qué inútil resulta todo». Incluso experimenta en su mente con la posibilidad de que fuera él a quien atropellara un carro en su infancia. Cuando llega, ve que todo está igual. Sobre todo destaca cómo la pobreza se mantiene en la aldea. Cabe destacar que hay tres Artámilas: la Alta, la Central y la Baja. Esta última, la suya, es la más pobre de todas. Por lo que esta historia también crea una relación geográfica con el estatus.
Dingo, cuando era un niño, era un soñador. Anhelaba huir del pueblo hacia un futuro mejor o diferente. Hacia un futuro, sin adjetivos, porque ya era suficiente con eso. Esta característica de Dingo se mezcla con el idealismo de otro personaje, Pablo Zácaro. La historia ya había presentado temas de reflexión antes de la aparición de Zácaro, pero después de ello se habla aún más sobre el sentido de la vida y la muerte. Por ejemplo, cuando este dice: «Mientras yo viva, no existe la muerte». Él no cree en Dios y piensa que la vida sucede aquí y ahora, lo que contrasta con el pensamiento tradicional de la aldea.
Entre estas páginas, Matute trata temas como la huida (incluida la huida de uno mismo), la traición y el valor de las promesas, que determinaron el futuro de Dingo. La fe en Dios tiene una fuerte presencia como vía de escape, así como el catolicismo intrínseco y la obligación de creer en él que se describe cuando Dingo era un niño. Aunque es una historia localizada en un lugar aparentemente ficticio, es un claro reflejo de la España de posguerra.
Ana María Matute, miembro de la Real Academia Española y ganadora de premios como el Café Gijón, el Planeta, el Nacional de Literatura, el Nacional de las Letras y el Cervantes, es más conocida por obras como Olvidado Rey Gudú. Sin embargo, Fiesta al Noroeste es una pequeña (por lo breve, eh) y desconocida joya a tener en cuenta. En ella, la autora narra con mucho lirismo y belleza narrativa la tragedia y desgracias de una persona que recuerda su infancia, que una vez fue feliz, y eso le hiere hasta matarlo en vida. Por ejemplo, mediante frases como: «Estaba casi a oscuras, con el fuego muriéndosele en el hogar y las dos manos enredadas como raíces».
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): Matute describe el entierro del niño atropellado con mucha belleza. Debido a eso y al propio tema de entierro y duelo, me ha recordado a la narrativa de Juan Rulfo. Además, la madre de Dingo muere de la misma forma que la madre de Madame Tussaud en Little, de Edward Carey, por lo que también me recordó inevitablemente a este.

