Bendita tú eres (Egales Editorial, 2020), de Carlos Barea.
Escuchar la llamada del señor debe ser sobrecogedor y, al mismo tiempo, reconfortante. La protagonista de Bendita tú eres (Egales Editorial, 2020) se llama Ángela, tiene cincuenta años y escuchó su llamada hace treinta años, que son los que ha pasado en un convento antes de que la expulsaran por un escándalo. Ahora vive en un piso de Lavapiés gracias a la caridad y la beneficencia, pero el tiempo corre y su pasado amenaza con arrastrarla al profundo pozo de donde procede.
Esta novela de Carlos Barea (Granada, 1987) está narrada en primera persona por Ángela, así que todo lo que conoce el lector es a través de su óptica subjetiva. A Ángela, desde el piso en que ahora vive, todo le parece extraño, como de mentira, porque ella se siente ajena a todo lo que ocurre a su alrededor en ese Madrid desordenado y bullicioso.
Cuando entró en el convento renunció a su pasado y a sus recuerdos, aunque fuera a cambio de un poco de soledad y, sobre todo, de construirse a sí misma. A través de Ángela, el lector empatiza con ella ante el desamparo social que sufre. Mientras la gente pasa y pasa, siempre tan igual, y camina por la calle como si jugaran a no tocarse, el desdén ante los problemas y las realidades ajenas a las nuestras se hacen grande a sus ojos.
Ángela se refugia en Santa Teresa de Jesús, que es su escritora de cabecera. Juan Bonilla, en el prólogo a Últimas tardes con Teresa de Jesús, de Cristina Morales, dice: «No cabe duda de que Teresa tuvo que lidiar con enemigos visibles y menos visibles». Los enemigos de Ángela y los de Santa Teresa, a la que lee y adora, son parecidos. Ángela es como esa mariposa blanca que era la reina de todas las mariposas del alba a la que le cantaba Lole. Cuando la cantante llegaba a ese «del alba», se hacía un silencio aterrador al que sucedía de nuevo su voz quebrada por el triste destino del lepidóptero.
Ángela es un Job doliente ante las pruebas que le pone la vida. Un pájaro que, ante una jaula abierta, no escapa, sino que se encoge y se hace invisible. Es una protagonista anodina en una novela que tiene algunas escenas que la desmerecen, pero que empujan al lector a empatizar y a entender a la protagonista.
Bendita tú eres hace el intento de tener cierta belleza poética, aunque quizás es insuficiente. Se lee como la seda, eso sí, e invita al lector a no parar hasta terminarla pese a lo inverosímil de algunas escenas y de algunas decisiones de la protagonista. El final no es demasiado abierto, pero el lector no llega a vislumbrar bien qué se le pasa por la cabeza a Ángela. Entre la narración en primera persona y la abundancia de diálogos, la historia se desarrolla con agilidad a ojos del lector.
Me da la sensación de que la idea de Barea era otra, pero que no ha podido plasmarla como quería, porque la novela, de muy buen parecer a primera vista, queda algo insulsa cuando se prueba. La protagonista, sin embargo, deja poso por sus reflexiones y el devenir de su vida, que la lleva adonde nunca había imaginado. Cuando buscamos nuestro lugar en el mundo y no encontramos guía ni ayuda, solo nos queda echar a caminar rumbo a algún lugar donde existir duela menos.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): No me ha recordado a ningún libro, pero sí a una película. Cada página de este libro me ha recordado a una película, y no porque se parezca en cuanto a trama, ni mucho menos. Si no porque, a través de la religión, exploran otros temas más profundos que no voy a desvelar para no hacer spoiler ni del libro ni de la película. Se trata de La llamada (Los Javis, 2017). Ese «Lo hacemos y ya vemos» que resonó con fuerza durante tanto tiempo ha vuelto a vibrar en esta novela como un canto a la libertad. También me ha recordado a El Evangelio, de Elisa Victoria. De nuevo, no por la trama, sino porque parece casualidad que en el mismo año dos escritores de edad similar (son de 1985 y 1987) hayan escrito dos novelas con un título y una cubierta religiosas y, sin embargo, el argumento vaya por otros derroteros e, incluso, rechace la religión. También he de decir que, al tener el tema que tiene (que no puedo desvelar) y estar ubicada en Madrid, me ha recordado a las películas de Almodóvar.

