Autor/a español/a·Narrativa

Firmamento, de Màxim Huerta

Firmamento (Espasa, 2018), de Màxim Huerta.

Màxim Huerta (Utiel, 1976) es alguien que siempre me ha agradado. Apenas lo he visto en televisión y nunca hasta ahora había leído nada suyo. Sin embargo, ya digo, me agradaba por sí solo. Tuve la suerte de conocerle personalmente en la Feria del Libro de Málaga de 2018. Me firmó este libro, le dije que me llamaba como el protagonista, que mi sueño era escribir algún día libros como él y me animó a ello con una de sus características sonrisas. Un mes después, Màxim Huerta fue nombrado ministro de Cultura. Una semana más tarde, dejó de serlo.

Esta novela, de cubierta y títulos soñadores, pero sencillos, me la compré para leer por fin algo de Huerta y, además, lo reconozco, porque el protagonista se llamaba Mario, como yo. Sin embargo, no se parece demasiado que digamos. El Mario de la novela es un tipo alto, fuerte, atractivo, de sonrisa enamoradiza y cuando habla sube el pan.

La historia es la siguiente: Mario Bellver, que es escritor, irá de vacaciones a un hotel de Mallorca, el famoso Formentor —hotel que relaciono con Mircea Cărtărescu por la entrevista que Página Dos le hizo allí hace un tiempo— para terminar una novela. Allí se encontrará con Ana, una chica que va a despejarse del mundanal ruido.

Cada capítulo de esta novela, dividida en tres partes, está narrado alternativamente entre Mario y Ana, que al principio nos van relatando en primera persona sus rutinas hasta que, a mediados de la novela, se conocen en dicho hotel. Así, Mario nos hablará brevemente de su infancia, de su asfixiante vida en un pequeño piso de Madrid, que compara varias veces con su amplio piso barcelonés que dejó para ir a la capital.

Con más bien poco humor, aunque algo hay, Huerta va dibujando a dos protagonistas en esta novela bicolor. Narra el presente y las cotidianidades anodinas antes de que ambos personajes se encuentren y conozcan y comience verdaderamente el mambo. Mario parece que acaba de salir de una relación, mientras que Ana, según le cuenta a Mario, está en una relación. Esto no le impedirá tener una relación sexual en la playa con él.

Además, al principio de la novela vemos cómo Ana busca a hombres en apps para ligar, solo por hablar con ellos, nada de citas. Así que, realmente, no se entiende bien la situación sentimental real de esta mujer. Relacionado con las apps, hay un elemento a destacar. Mario va a publicar la novela y, a mediados de la novela, la historia pasa a narrarse a partir de las cartas que ambos personajes, ya en sus respectivas casas tras su aventura en el hotel, se escriben.

Sí, cartas, eso es lo curioso. Al principio se nos presenta a una mujer, Ana, que busca a hombres en apps para ligar. Y luego, resulta que se comunica con Mario por ¡cartas! Creo que, en lugar de cartas, deberían haberse comunicado por WhatsApp o, como mucho, correos electrónicos. Desde mi punto de vista, es una incoherencia y una anacronismo hablar de apps para ligar en un lado y de cartas en otro, por muy romántico que se quiera dibujar y que pueda parecer.

Sea como fuere, esta novela contiene multitud de momentos románticos y cursis. Por ejemplo, ante la llegada de un fontanero, Mario le dice que tiene una avería en el corazón —por error—, pero es una declaración de intenciones de su situación emocional. Esta es una alegoría del amor contemporáneo donde las apps para ligar son clave en muchas relaciones actuales.

La narración puede resultar empalagosa y forzada en ciertos momentos. Sin embargo, creo que no es el caso de los diálogos que, al menos a mí, me parecen en su mayoría correctamente escritor. Este es un libro que se lee rápido y ágilmente, por suerte.

El problema puede llegar a ser leer las frases cursis típicas entre parejas que se están conociendo o llevan poco tiempo de relación. Huelen un poco a superficialidad y a falsedad. Son, muchas veces, no quisiera yo generalizar, clichés de parejas perfectas y enamoradas, arquetipos manidos que huelen a cerrado a estas alturas.

Por un lado, Ana se sentía experta en muchas cosas, excepto en el amor. Y Mario escribía finales felices en sus novelas, pero quería uno para él mismo. El lirismo en el que ambos personajes se basan para demostrarse amor no prospera cuando el lector se entera de que Ana tiene pareja —según dice ella—.

Parecen dos amantes desdichados girando en torno a un amor no correspondido en el romántico siglo XIX, comunicándose además a través de cartas. En un momento determinado, Ana, «desbordada por las emociones», reconoce que Mario es el dueño de su vida. Pero no va a más.

Al final de las cartas, comienza la tercera y última parte. En esta nos enteramos que novela de Mario se ha desbaratado, y es un narrador omnisciente el que pone tierra de por medio y actúa de árbitro entre ambos. Me parece un error, si es verdad que Ana tiene pareja, normalizar la infidelidad por muy enamorados que estén los dos. Ana argumenta que su pareja la desatiende y nunca comparte tiempo con ella, pero creo que, en el amor, la mejor opción siempre es cortar por lo sano y luego libre albedrío. Por eso, dice, valora la atención que le pone Mario.

No quisiera mostrar una imagen negativa del libro. Yo ya sabía que no es el tipo de libros que me gustan, pero quise probar suerte. Creo que Huerta tiene otros libros que quizás se ajusten más a lo que me gusta. No sé, quizás La parte escondida del iceberg o La noche soñada. Es un autor con muchos libros, y no sé si con diferentes maneras de narrar, para todos los gustos.

Este es un libro que no me ha decepcionado por la sencilla razón de que tampoco esperaba mucho de él. Huerta es un escritor con muchos seguidores. Yo por fin he leído algo con él y creo que probaré suerte con otro libro suyo en busca de una historia y una literatura que llame más mi atención.

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