Antología de textos·Autor/a español/a

“Los mares náufragos”, de Isabel Soler

La gran tragedia del hombre en el mar es el naufragio, y su relato, es decir, el hecho de que exista alguien que pueda relatarlo, es la prueba de la lucha desmedida contra algo insuperable e ingobernable, es la confirmación del esfuerzo sobrehumano por vivir y muestra la necesidad de dejar constancia de un desastre transcendente.

Los mares náufragos, de Isabel Soler

Los mares náufragos (Acantilado, 2004), de Isabel Soler, es un libro que es un gran desconocido de la literatura de naufragios (por desgracia). Si bien no es ninguna obra de arte, sí creo que es interesante para aquellos a los que nos apasiona el tema de los naufragios marítimos, y más si se produjeron hace bastantes siglos, cuando los medios y la tecnología marítima no era la actual y los padecimientos eran peores.

Con un prólogo amplio y repleto de terminología marítima y sobre navegación que por momentos se hace bola, Isabel Soler, autora de la que solo había leído libros traducidos pero no escritos por ella, introduce luego cuatro crónicas (traducidas por ella desde el portugués si no creo mal) de naufragios que sufrieron barcos portugueses entre los siglos XVI y XVII, escritas con la sintaxis de la época, que estaba llena de tecnicismos marítimos y con conceptos de aquel tiempo. Crónicas, al fin y al cabo, donde no cesan los ruegos y plegarias a Dios que realizan los marineros en todo momento, ya sea para evitar naufragar, como para evitar ser matados por los habitantes de la isla donde han varado o para evitar ser comidos por las bestias de aquellos lares o para no morir de hambre.

Como decía antes, este libro lo compré a partir de mi gusto por el tema. Pero antes ya había leído el que sí considero una obra maestra de la literatura de naufragios: una crónica real contada por Nathaniel Philbrick y llamada En el corazón del mar. Me gusta conocer cómo otras personas, antes de que existieran tantas comodidades, en situaciones físicas y psicológicas extremas, no solo habían conseguido salir adelante, sobrevivir y mantenerse con vida, sino también seguían teniendo ganas de vivir y luchaban por ello pese a que parecía imposible salir indemne de aquellas tragedias.

Miguel Sánchez-Ostiz es el encargado de escribir el epílogo del libro, y en él afirma que Soler escribe el libro con viveza y “sin pesadez académica”. Si bien es cierto que no tiene pesadez académica, sí tiene la pesadez habitual de los textos de la época que tienen esa sintaxis abrupta y pantanosa, pues las cuatro crónicas descritas en el libro son traducidas del portugués de la época de manera que resulta anacrónico y pesado, a diferencia del libro anteriormente nombrado, que cuenta una sola experiencia y en una 300 o 400 páginas sin perder, al menos en mi opinión, el interés en ningún momento y que me gustó mucho más que este.

En definitiva, un libro imprescindible para los amantes del tema, pero no recomendable para cualquier que no sienta interés por este, ya que puede resultar incomestible.

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