Autor/a español/a·Ensayo

“Lugares fuera de sitio”, de Sergio del Molino

Contra la visión de los nacionalismos de periferia —catalán, vasco, gallego, etcétera—, España no sería en esta historia una madrastrona empeñada en retener a sus hijos contra su voluntad, sin dejarles ser libres e independientes, sino una madre descuidada y desdeñosa que no presta atención a unos hijos que desean ser parte de la casa y encontrar un sitio en ella.

Sergio del Molino, Lugares fuera de sitio

Lugares fuera de sitio. Viaje a las fronteras insólitas de España (Espasa, 2018), de Sergio del Molino, es un libro que compré más por adoración a su autor que porque me atrajera el tema, he de reconocerlo, y ha sido ganador del Premio Espasa de Ensayo 2018 (el libro premiado en 2017 también lo reseñé en el blog).

Este es un ensayo que trata, efectivamente, sobre lugares repartidos por toda la península ibérica y el norte de África, la mayoría de ellos pertenecientes a España, que no están en el sitio que les correspondería por lógica. Por ejemplo, el Condado de Treviño está situado en la provincia de Álava, pero pertenece a Burgos. O Petilla de Aragón, que está en la provincia de Zaragoza, pero pertenece a Navarra. Así hay varios más, pero del Molino solo nos habla de unos pocos, además de otros puntos díscolos que conocemos más como Gibraltar, Ceuta, Melilla y Andorra.

Este podría considerarse un libro de viajes. Es un tema que a mí no me interesa demasiado —más bien poquísimo—, pero su autor es, en mi opinión, uno de los mejores escritores españoles vivos, sino el mejor. Del Molino desde el principio se postula como un feroz crítico de las fronteras, los nacionalismos y las razas —o, mejor dicho, del racismo—.

A través de las páginas, el autor nos va hablando de anécdotas curiosas sobre la historia de enclaves como Gibraltar, donde el tabaco es baratísimo y que se encuentra en una zona geográfica marcada por el narcotráfico, que azota las costas de aquella parte. Sin embargo, cuando del Molino habla sobre Melilla, ni nombra a Málaga, cuando hasta 1995 Melilla fue una comarca de mi provincia. No quiero parecer ofendido de mi nacionalismo local, pero creo que a la maravillosa pluma de del Molino le ha faltado un dato estratégico para conquistarme del todo.

Luego pasamos a leer sobre Andorra, un país que ha experimentado una gran evolución económica, hasta el punto de que, al parecer, su PIB casi duplica el de España. En algunos pasajes encontramos ecos de Guerra Civil que coincidieron con mi época adoradora del grupo Jarcha y de su canción Libertad sin ira. Quien no conozca esta canción, no sé a qué espera para hacerlo.

Tras este paréntesis, sí me gustaría destacar que la primera parte —Gibraltar, Melilla, Ceuta y Andorra— me ha gustado e interesado más que la segunda, donde habla de aldeas o villas más pequeñas, desconocidas y, a mi parecer, anodinas. Quizás porque las primeras me pillan más cerca o porque he estado en alguno de ellas como Gibraltar.

Sea como fuere, este es un libro ameno, no dirigido a expertos ni a gente especializada en el tema, ni mucho menos. Es un compendio interesantísimo de esquinas dobladas de nuestro mapa, algunas muy desconocidas. Que me haya gustado ha estado condicionado por mi atracción hacia los libros de del Molino —de él he reseñado La hora violeta, La mirada de los peces y Lo que a nadie le importa, y me han encantado y he leído más—. En definitiva, es un libro con una estructura sencilla y sabrosa que no se hace bola. Ya espero con ansias otro libro nuevo de Sergio. Mientras tanto…

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