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Algunos hombres buenos, de Octavio Ruiz-Manjón

Algunos hombres buenos. Historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil (Espasa, 2016), de Octavio Ruiz-Manjón.

Sí, existieron buenos hombres y buenas mujeres incluso en los momentos más crueles de nuestra Historia.

Algunos hombres buenos. Historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil (Espasa, 2016), de Octavio Ruiz-Manjón, es un libro que todos deberían leer. Ruiz-Manjón hace un repaso por estas páginas de diversos héroes y heroínas que, dejando de lado sus ideologías, se solidarizaron con el otro bando, con ‘la otra España’, porque la guerra fue cruel para todos por igual.

El autor comienza hablando, por ejemplo, de un tal Antonio Escobar, un general que, siendo sincero, no sé qué heroísmo tuvo más allá de que se dejó la vida por el Gobierno de la República pese a ser católico y a sabiendas de que sería fusilado (quizás porque defendió el catolicismo desde su posición republicana).

Me ha sorprendido encontrarme entre estas páginas con el nombre de Julián Besteiro, político célebre de aquella época que conocí cuando leí La Guerra Civil española, de Stanley G. Payne. «Lo que me asusta es el desprecio de la vida humana que veo por todas partes», dice Besteiro citado por Ruiz-Manjón. A la lealtad a los madrileños por parte de este político se suman la búsqueda de la reconciliación, la paz y el ansiado fin de la guerra.

Otro héroe fue, según las palabras que figuran en este libro, Melchor Rodríguez, quien ayudó a todas las personas perseguidas durante la cruenta guerra fueran del bando que fuesen. Sin embargo, a Melchor, por ayudar a todos sin diferencia de ideología lo tomaron por traidor y desleal por ambos bandos y colaborador con el enemigo. Por querer ayudar a todos se granjeó enemigos por ambas partes, aunque a él pareció importarle más la supervivencia de los españoles y españolas que sus detractores.

Otro héroe fue Juan Peset, un médico que fue condenado a muerte y fusilado pese a haber ayudado a gente sin hacer distinciones políticas y sin ser marxista, tal y como se decía que era. Manuel Irujo, un católico y nacionalista vasco que defendió a la par a la República y al catolicismo (que estaba reprimido por la República) y Julián Marías son otros héroes. De este último tengo un libro en casa llamado Los españoles, una edición de 1963 que compré en una librería de viejo y cuya lectura prorrogo a la espera de tener la madurez política y social suficiente para leerlo.

Pero no todos fueron hombres. Hubo una mujer llamada Mercedes, viuda del celebérrimo Onésimo Redondo (político de la JONS), que montó el Auxilio de Invierno para dar a comer a los niños afectados por la Guerra Civil.

Otros nombres que me ha resultado curioso encontrar en este repertorio son el de Antonio Machado, Miguel de Unamuno o Manuel de Falla. Sí, el famoso compositor gaditano, que estaba indignado con los continuos ataques a la religión católica, lo que lo empujó a unirse a la sublevación. Pero tampoco quería más derramamiento de sangre, como José María Pemán. Unamuno, ferviente republicano al principio, decepcionado republicano después, también quedó decepcionado con los sublevados tras el famoso enfrentamiento que tuvo con Millán-Astray en el que dijo aquello de «venceréis, pero no convenceréis».

Al fin y al cabo, en este libro, que me ha recordado en parte a Siempre tuvimos héroes (aunque de los héroes que se hablan en este libro no son de la Guerra Civil, sino de toda la Historia de España), de Javier Santamarta, todos los nombres que aparecen son de personas que, manteniendo sus lealtades ideológicas, no se dejaron arrastrar por el odio y la violencia. No sé si muchos de ellos deberían ser catalogados como ‘héroes’ o ‘heroínas’, pero sí creo que todos ellos fueron víctimas más que reseñables del odio y la crueldad de aquellos años.

Por tanto, creo que este es un libro imprescindible para todo amante (entiéndaseme) y estudioso de la Guerra Civil española y para conocer a quienes participaron en ella de una manera más o menos anónima o que pasaron desapercibidos a la par que ayudaban a los que más lo necesitaban en aquellos momentos. Por último, me gustaría concluir con una frase que Ruiz-Manjón cita en este libro de Miguel de Unamuno:

Sí, quiero confesarlo: he llorado. He llorado porque una tragedia ha caído sobre mi patria. España se enrojece y corre la sangre. ¿Sabe usted lo que eso significa? Significa que en cada hogar español hay dolor y angustia. Y yo, que creía trabajar para el bien de mi pueblo, yo también soy responsable de esta catástrofe. Fui uno de aquellos que deseaban salvar la humanidad sin conocer al hombre.

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