Autor/a español/a·Narrativa

“La ofrenda”, de Gustavo Martín Garzo

Una ofrenda literaria.

La ofrenda (Galaxia Gutenberg, 2018), de Gustavo Martín Garzo, es un libro que compré con ganas porque su argumento me atrajo mucho. Además, los pocos libros que he leído de esta editorial siempre me han gustado, y este no ha sido una excepción.

Esta novela está protagonizada por Patricia Ayala, una joven enfermera española que, tras pasar por un delicado momento de su vida, decide aceptar una oferta de trabajo y viajar a una olvidada isla africana para cuidar a una anciana millonaria en su mansión. Un misterio tremendo rodea a esta mansión y a su dueña, y un narrador en tercera persona, que siempre parece dirigirse a Patricia al narrar y preguntarle si se acuerda de aquello de lo que habla, nos irá desgranando lo que ella vivió allí. Esta narración, en la que hay múltiples saltos en el tiempo, se alterna con dos diarios de Patricia, primero uno que escribe en 1963 (lo comienza el 14 de septiembre) y otro que escribe en 2005 (y que también comienza el 14 de septiembre casualmente) y con el que termina la novela.

Patricia acababa de dejar una relación con un tal Gonzalo y huyó a esa isla tras pensarlo mucho. Allí conoció a Rose Hansson, la anciana millonaria, al doctor, a las gemelas, a la cocinera de la mansión, al misterioso guardia de la casa, a Christophe, un pescador de la isla con el que hace el amor varias veces…

Poco a poco se nos van desvelando los misterios de la vida de Patricia, su necesidad de sentirse querida, que nace en su infancia, cuando su madre la desatendía y no la quería. A lo largo de la novela, la historia hace sentir al lector misterio, miedo a la curiosidad, y más aún cuando Patricia descubre que en el estanque de la mansión hay un ser extraño, algo que se mueve, que se comunica con Rose y que no es del todo animal, pero tampoco del todo humano.

Durante toda la novela no hay ni un solo diálogo en forma directa, pero no harán falta para ir descubriendo los secretos. Al final se nos desvelará que el ser extraño que habita en el estanque resulta ser una criatura mitad hombre mitad pez. Patricia se plantea marcharse varias veces cuando ve las verdaderas intenciones de Rose para con ella y cuando descubre la existencia de esa criatura. E, incluso, llega a intentar suicidarse ahogándose en la laguna, pero recupera la conciencia repentinamente en la orilla, salvada por aquel ser misterioso que anhela tanto amor como ella y que sufre su misma soledad.

Con multitud de referencias al agua, y alguna que otra a las supersticiones y la magia, esta novela mezcla la realidad de algunos nombres con la ficción de otros que incluye el autor, hasta llegar al punto de no saber qué islas que se nombran en la novela y qué historias son ciertas y cuáles no. Y, de fondo, suena la música de Carlo Gesualdo, un compositor de vida alborotada y estrambótica.

Al final, Patricia decidirá irse a Port Louis, una ciudad cercana a la isla donde cuida a Rose, para reflexionar si seguir allí o no. Tras esto nos encontraremos con el diario que escribiría en 2005, donde se insinúa que hubo amor entre aquel ser y ella. Para qué vivir, escribe Patricia en su diario, si al final todos nos moriremos algún día. Lo escribe mientras está ingresada en el hospital, pero hasta que fue ingresada allí había estado viviendo, desde su añorada juventud, en la casa con aquella criatura, siguiendo la estela de Rose y de otras mujeres a las que la criatura de la laguna cautivó. Para qué queremos las palabras, se pregunta también.

“La novela es el encuentro de dos soledades”, dice el autor en una entrevista en Biblioteca RNE. Cabe destacar que la historia transcurre en dos momentos históricos, primero en los años sesenta y luego en 2005. Sin embargo, la época de los sesenta parece tan actual como la de 2005, pues si hubiera prescindido de dar esa fecha, yo habría creído que se trata de una historia entablada en la época actual, porque se aleja de toda posible antigüedad. “Yo no escribo para responder los misterios de la vida, sino para hacer vivir esos misterios a los lectores”, asegura también el autor en esa misma entrevista, creyendo que todos los demás escritores hacen lo mismo.

Esta novela está inspirada, tal y como dice el autor (y la portada del libro es un fotograma de ella) en la película La mujer y el monstruo, dirigida por Jack Arnold en 1954. El autor también reconoce que se fijó en novelas de Franz Kafka, Pascal Quignard y otros autores para escribirla. Y a mí esta novela me recuerda inevitablemente a la relativamente reciente La forma del agua, dirigida por Guillermo del Toro en 2017. Y a otro libro llamado La piel fría (Alfaguara, 2015), de Albert Piñol, que también se llevó a la gran pantalla con el mismo título y dirigida por Xavier Gens en 2017. Por el título me resultó inevitable acordarme de uno de los éxitos literarios a nivel nacional del momento: Una ofrenda a la tormenta (Destino, 2014), de Dolores Redondo. No sé cómo lo consigo, pero a veces un libro, por su historia, su título o su portada, consigue recordarme a muchos otros títulos de libros o películas que puedo nombrar aquí por si al lector o lectora de este blog le interesa también conocerlos.

Cabe destacar que este es un libro escrito por un hombre y protagonizado por una mujer. Seguramente muchos creerán innecesario destacar esto, pero hace poco leí sobre la importancia de que los hombres también tengan protagonistas mujeres en sus novelas, porque parece que algunos autores se muestran reticentes a que una mujer protagonice alguna de sus novelas.

Si tuviera que ponerle alguna pega a esta novela, en la que tanto la edición como la historia son magníficas, sería lo plana que es. A mi entender, a veces es demasiado plana, porque no aguarda misterios más allá de saber qué se oculta en la laguna (y yo ya lo he desvelado unos párrafos más arriba, lo siento, ya me conocéis). Una vez que descubrimos lo que es (yo lo preveía, quizás por el libro y la película a los que me recordó su sinopsis), la historia se desarrolla alrededor de cómo Patricia y la criatura se van tratando mutuamente, sobre cómo se van conociendo mejor en la distancia, y eso es un tema muy bueno para desarrollar. Pero, ya digo, a mí me habría gustado un poco más de misterio, algún acontecimiento brusco con la criatura. Pero es demasiado mansa (tanto la criatura como la historia), qué le vamos a hacer. Aun así, más que recomendable. Además de entretener y mantener la tensión en algún momento de la trama, también invita a reflexionar sobre la vulnerabilidad del individuo que demanda amor para dejar atrás su soledad.

2 comentarios sobre ““La ofrenda”, de Gustavo Martín Garzo

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