Antología de artículos·Autor/a español/a

Surnormal profundo, de Manu Sánchez

Surnormal profundo (Aguilar, 2018), de Manu Sánchez.

Yo también soy un surnomal profundo. Y a mucha honra.

Surnormal profundo (Aguilar, 2018), de Manu Sánchez y prologado por Risto Mejide, es un libro en el que encontramos, no podía ser menos tratándose de Manu Sánchez, una defensa a ultranza de Andalucía y de lo andaluz. Y no es para menos después de los incesantes ataques que esa, mi comunidad autónoma y la de otros ocho millones de personas, viene sufriendo a lo largo del tiempo. Cada día vemos el rechazo de otras zonas de España hacia Andalucía, los tópicos y estereotipos que sufrimos, etcétera. Sí, estereotipos hay en todas partes, pero no es lo mismo que te llamen tacaño (normalmente a los catalanes) o bruto (normalmente a los vascos) que vago, flojo, fiestero, analfabeto y pobre que se dedica a dormir siestas y a vivir del dinero ajeno. Pues eso. Que ya está bien.

Esta es una compilación de muchas columnas que Manu Sánchez escribió entre 2015 y 2017, y en ellas toca muchos palos diferentes, siempre rondando en cierto modo a Andalucía. Habla, por ejemplo, del Estado Islámico, sobre su intención de reconquistarnos. O de Rosa López, la ganadora de aquella generación de Operación Triunfo que le cantó a toda Europa hace bastantes años ya.

Así, pasando de un tema a otro, Manu Sánchez va dando pinceladas al aspecto, a la forma de ser de los andaluces, a la denominada «surnormalidad». Risto Mejide no es santo de mi devoción, y por eso no hablo del prólogo, del que creo que apenas hay algo que destacar (no se sale de los márgenes del tradicional prólogo en mi opinión).

Manu echa mano al acento andaluz, una de las causas de tanta crítica, y se pregunta por qué la pronunciación de la zeta andaluza está peor vista que la de la ele catalana. No sé si fue porque la tipografía del libro fue atípica, pero el texto se me hizo más cercano, alejado de la común frialdad que transmiten la Times New Roman y otras tipografías similares vinculadas a textos más ‘solemnes’. Hice el texto como mío, parece que estaba escuchando a Manu Sánchez hablar en lugar de leer el libro.

Manu Sánchez también regresa al pasado para hablar sobre sus inicios, sobre su programa El último mono (que se emitía en LaSexta), su empresa 16escalones por la que tanto ha luchado e incluso sobre su escuela de monjas, o para defender la Semana Santa andaluza (que no es sinónimo de ser de derechas, dice Manu, y estoy de acuerdo con él por la multitud de ejemplos que hay, cuidado, que yo no soy uno de ellos, a mí no me gusta nada la Semana Santa) frente a los ataques de cierta cadena nacional. Saca a relucir Manu algunos personajes célebres de Andalucía como Jesús Quintero o el difunto Chiquito de la Calzada, y otros que no son andaluces pero sienten el flamenco como si fueran tal, como Miguel Poveda.

También echa mano Manu (vaya cuasi-homofonía más deslumbrante por mi parte) a la homofobia, a la que ataca ensalzando la bandera de la diversidad, y también ataca a los que critican a la juventud. Algunos, tiene razón, quieren ver que la juventud es el cáncer de la sociedad actual, y no cesan de achacarle problemas y coletillas del tipo «yo a tu edad…». Lo digo por experiencia, y Manu defiende a la juventud (tan imperfecta como cualquiera de las edades del hombre, pero que se cura con los años y que no merece menos que otra) en alguna de sus columnas de forma espléndida.

No se olvida de defender el feminismo y de atacar a la corrupción, por supuesto. Y todo esto y más lo hace combinando fantásticos juegos de palabras que me han dejado anonadado. Admiro la habilidad de Manu Sánchez para saber intercalar estos juegos de palabras, y su imaginación para que se les ocurran. Y admiro su oratoria, pues tuve la suerte de asistir hace unos meses a una charla sobre emprendimiento que dio en mi universidad. Y también fui a su espectáculo teatral El buen dictador, una obra de arte más que recomendable en la que me jarté de reír y a la salida de la cual me compré este libro sin pensarlo dos veces.

Leer este libro ha sido todo un privilegio, y en algún que otro pasaje del libro, con esa pluma campechana y cercana que tiene Manu, me ha parecido escuchar de fondo Duende del sur, esa maravillosa canción de Chambao que no puedo evitar que me ponga los pelos de punta y algunas lágrimas en los ojos cada vez que la escucho. Porque esa canción habla de Andalucía, de mi tierra, y es preciosa.

Ya está bien de recibir ataques constantemente por parte de los demás. Andalucía es única, y siempre ha sido muy maltratada. El final del libro es muy emotivo, porque en él Manu se desnuda y nos invita a salir a jugar al sol de Andalucía, a vivir cada una de sus ocho provincias y de sus municipios. A vivir su arte, su alegría, su gente hospitalaria. Y aquí estoy yo, como Manu y como otros tantos millones de andaluces y andaluzas, remando a contracorriente para sacar a flote a una Andalucía que muchos desde fuera intentan hundir con sus burdas burlas. No podréis con nosotros, porque tenemos el arma definitiva: aquí, en Andalucía, el sol está fuera, tal y como dice un fragmento del libro con el que quiero cerrar esta reseña:

Es fácil de resumir y sencillo de entender: está el sol fuera. No hay más. Como está el sol fuera, se vive en la calle. Como se vive en la calle, se habla y se vive más. Como se habla y se vive más, por pura evolución, por puro ensayo error, se habla y se vive mejor. […] Lo que implica más empatía, más habilidades sociales, o lo que es lo mismo: más y mejor humor.

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