Antología de artículos·Autor/a español/a

“Maneras de ser periodista”, de Julio Camba

Un libro útil para un periodista y para cualquier persona que desee reírse un rato.

Maneras de ser periodista (Libros del K.O., 2016), de Julio Camba, es un libro donde Francisco Fuster García, que es el encargado de la edición del mismo, agrupa una serie de artículos escritos por Camba durante su vida periodística en ABC, El Sol y La Tribuna. Lo leí en una pasada, debido a la brevedad de los artículos, a que son amenos y a que son bastante entretenidos.

Tal y como se dice al principio del libro, este es un anti-manual de periodismo, frente a aquello que pueda pensarse. Camba era un periodista atípico que iba a contracorriente y, por eso mismo, no recomienda que sea tomado como ejemplo por los periodistas o los futuros periodistas.

El libro está lleno de referencias a la época, como es normal. Los artículos se encuadran entre 1913 y 1959 sobre todo, y salen a relucir temas como la guerra, la comparación entre el periodismo en España y en Alemania (país donde Camba trabajaba para ABC), el oficio del periodista e, incluso, Camba reflexiona sobre cómo sería la mujer ideal de un escritor haciendo referencia a un libro que hablaba sobre ello. Cambia creía que, introduciéndome en este asunto, la mujer ideal de un escritor debía ser fea para que le recordara al escritor en todo momento la importancia de hacer una obra bella. Pero que, para tener una esposa así, mejor no tenerla, concluye Camba.

Camba también compara a los periodistas alemanes (malos periodistas) con los ingleses (periodistas y peluqueros, sí, peluqueros, correctos), los franceses y los americanos. Y, saliendo del mundo humano, Camba llega a comparar al periodista con un calamar y un peluquero. No me lo estoy inventando, le recomiendo que se lea el libro y lo descubra por usted mismo/a. Les aseguro que no se arrepentirá si el periodismo les atrae un mínimo.

La obra está llena de humor, y me he reído más de lo que creía que lo haría. Camba introduce el humor sin hacer ruido, y el lector como yo llega y se encuentra con algo sumamente gracioso por cómo Camba relata una anécdota determinada o a las conclusiones que llega tras reflexionar sobre un asunto. En definitiva, es una obra que debe leerse para reírse, aunque también se aprenden muchas cosas de periodismo y de la época. Yo creía que sería más sórdido y frío, pero agradezco a Camba que tuviera ese ingenio humorístico que impregnaba sin piedad sus artículos.

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