Los inmortales: Historias del mundo que se avecina (Temas de Hoy, 2021), de Alberto Giuliani y traducido por Carlos Gumpert.
A finales del siglo XX, una mujer en el lago Baikal y un brahmán de India vaticinaron una muerte temprana y violenta al fotoperiodista Alberto Giuliani (Italia, 1975). A partir de estos augurios, decidió viajar por el mundo para conocer a gente excéntrica con miedo a la muerte o la desaparición y que deseara protegerse o proteger a la humanidad de ella. Conoció a multimillonarios con búnkeres, a astronautas y a científicos dedicados a evitar nuestro fin.
En Los inmortales. Historias del mundo que se avecina (Temas de Hoy, 2021, con traducción al castellano de Carlos Gumpert), Giuliani presenta un trabajo fotoperiodístico, cronístico, filosófico y reflexivo sobre qué es la muerte, tanto de la humanidad como la del propio autor, el miedo a esta y qué podría haber más allá, además de cómo podríamos aprovechar más el presente y qué futuro podemos dejar.
Esta obra comienza con un preámbulo sobre las profecías y después introduce cada una de las crónicas periodísticas de aquellos personajes a los que conoció, y al final del libro incluye fotografías relacionadas con sus métodos, técnicas o ideas. Giuliani come alimentos transgénicos y habla con personas que creen que la solución está en encerrar la biodiversidad en campanas de cristal o congelar a las personas con la esperanza de que vuelvan a nacer en un futuro donde la inmortalidad sea una realidad. Visita a un grupo de astronautas encerrados en un módulo espacial en Hawái que simula que están en Marte. La convivencia, los sentimientos y los recuerdos no son iguales aquí que en el planeta rojo, y estamos condenados a ser nómadas espaciales.
Cada crónica le lleva a la siguiente, y en cada una de ellas, Giuliani se centra en una persona, y desarrolla su pasado, su rutina y sus ideas en relación al trabajo que desempeña en favor de la vida o de su prolongación. Analiza las vidas de los personajes que entrevista para invitar a la reflexión sobre el sentido de la vida. Por ejemplo, en la crónica de los astronautas, relaciona la infancia y las carencias de Damien con la voluntad de explorar e ir más allá: de huir o sencillamente de buscar su lugar fuera de la Tierra. O Maryon, del Polo Norte, una mujer que busca alejarse del bullicio del mundo pero a la vez teme que el silencio la atrape con su vida familiar resquebrajada. Personas que, como tú o como yo, intentan sobrevivir a algo.
No hay mejor lugar para crioconservar personas y hacerlas renacer que Phoenix, y hasta allí acude, para luego marchar al Polo Norte, Inglaterra, Japón, Corea y China. El autor se pregunta si la única forma de vivir una vida digna es asimilando su finitud, la muerte y, como le dan a entender los astronautas, que no nos queda mucho tiempo en la Tierra. La inmortalidad implica llevar el presente con más tranquilidad porque sabes que no va a terminar pronto, pero también debes pensar en la soledad que encontrarás en el futuro. Por otro lado, si pudiéramos clonar, deberíamos preguntarnos qué le enseñaríamos a ese nuevo “yo” para que no sufriera ni se equivocara igual que nosotros. Ahí también entraría la ética.
Al final, los caminos que elegimos están en parte determinados por nuestras circunstancias y aquello que nos ocurre, nos acompaña y vive con nosotros hasta que morimos. Las profecías hicieron de Giuliani alguien menos escéptico. A veces cuando pensamos en los vaticinios, parece que se han hecho realidad. Sin embargo, como él dice, no dejamos de mirar a los lados cuando cruzamos la calle.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): En el capítulo de los astronautas, devastador, por eso abre el libro, Damien planta una semilla de girasol a la que llama Miss Marte, como el libro de Manuel Jabois. Por otro lado, en un capítulo sobre clonación, la forma en la que el científico japonés Ishiguro reproduce a humanos famosos y a su propia hija con yeso para hacer de ellos humanoides me recuerda al libro Little de Edward Carey.

