La isla de los conejos (Literatura Random House, 2019), de Elvira Navarro.
Mi última oportunidad a un audiolibro se la otorgué a La isla de los conejos (Literatura Random House, 2019). Después de haber escuchado tres libros con cierta relevancia y que ninguno me llegara como me esperaba, aposté por este conjunto de once relatos de Elvira Navarro (Huelva, 1978) narrado por Carla Sianes, Laura Monedero, Carla López, Irene Miras y Carme Calvell.
He de decir que no soy lector de libros de relatos porque prefiero una única historia. Simple apetencia. Afronté la lectura de este libro con dos aspectos en contra: mi incapacidad para conectar con audiolibros y mi poca relación con los libros de relatos. Son historias con descripciones a veces telegráficas que hablan sobre el miedo a la transformación, la precariedad y la vida en las afueras de la ciudades. La obscuridad (sí, con be) que inunda las calles y nuestros propios interiores.
El primer relato presenta a una joven pareja que va de viaje a un albergue sucio. El lector no sabe adónde se dirigen hasta bien entrado el relato, ni qué relación hay entre el varón y la mujer protagonistas. La autora expone los sentimientos de ella hacia él y ante la situación. Navarro trabaja en todos estos relatos cómo los personajes se mueven en situaciones incómodas o peligrosas y cómo son los sentimientos que experimentan hacia los demás.
El relato central es el que da título al libro. En él, un hombre descubre una isleta en mitad del Guadalquivir. Hastiado de la vida, decide exiliarse allí, monta una tienda de campaña, cría conejos y se da cuenta de que nadie pisa su isla y de que, si deja allí sus pertenencias, nadie se las quita. No existe. Vive allí y nadie parece verle. En otro relato, la protagonista es una mujer que trabaja en la cocina de un hotel. Allí malvive y sobrevive, en la soledad y en la mediocridad. Tiene sueños y pesadillas, pero sueña los sueños de otros porque parece haber perdido los suyos.
La narración predomina sobre los diálogos en la narración. Son historias donde se lleva todo al límite de la suciedad y la sordidez. Una virtud de los relatos es la angustia que generan las acciones, entre otros motivos porque las descripciones y la narración son algo asépticas. Los relatos de Navarro, como si de un árbol frutal se tratara, están tan cargados del paso del tiempo y de los recuerdos de sus ramas que estas se doblan por el peso. La autora andaluza escribe sobre la soledad, la comprensión del mundo y la locura de la invención.
Todas las historias tienen algo de delirio que se mezcla con la rutina y lo onírico. No tienen apenas intriga, y eso es algo que, desde mi punto de vista, pasa factura a un libro de relatos, donde la contemplación está bien (el relato La isla de los conejos es maravilloso y redondo), pero quedan sosos. De nuevo, no sé si es por los audiolibros, pero no he conectado con este libro, apenas con algún relato.
Las comparaciones son odiosas o… si te gustó este te gustará aquel (siempre salvando las distancias): No soy lector de libros de relatos, así que este no me recuerda a ninguno en cuanto a aspectos técnicos o narrativos, ni siquiera por las historias diferenciadas que incluye.

